Balance del desempleo en España

Una reciente encuesta del CIS concluye que el 60% de la población española ve la situación económica y política mala o muy mala. Y es que a pesar de lo mucho que Rajoy ha repetido antes, durante y después de la campaña electoral que la situación en España ha mejorado ostensiblemente, el repetido mensaje no cala.

El 2015 ha finalizado con 4.093.508 parados registrados, 354.203 menos que en 201 4, lo que supone el mayor descenso anual desde 1996, según los datos recién publicados por el Ministerio de Empleo. Pero como dice el refrán, no es oro todo lo que reluce, pues muchas otras estadísticas muestran que en esta bajada en el desempleo lo que verdaderamente brilla es la temporalidad y la precariedad. En 2015 se firmaron 18.576.280 contrataciones (1.849.1 91 más que en 201 4). Sin embargo, 17.067.115 fueron contratos temporales por sólo los 1.509.1 65 contratos que fueron indefinidos, lo que representa ¡el 91,8% de los contratos firmados!

Por el contrario, y a pesar de esos 4 millones de parados, las prestaciones por desempleo bajan; por ejemplo, este último noviembre -último mes con datos disponibles- las prestaciones fueron de un 13% menos respecto al mismo mes de 2014. La cobertura por desempleo fue así la más baja desde 2007.

Con estos datos de empleo y de desempleo el panorama que tenemos presente no es nada halagüeño, ni para los que trabajan –que lo hacen en condiciones cada vez peores, ni para los desempleados –con poca perspectiva de futuro, ni para jóvenes –que con suerte encontrarán un trabajo temporal y precario, ni para los pensionistas –que ven las pensiones peligrar. Para nadie.

A pesar de todos los intentos de Rajoy y su equipo gubernamental, la preocupación en gran parte de la población es profunda. Hay que ser ciego para no ver la evidencia: el mercado de trabajo en España lleva años destruyendo empleo, más o menos de calidad, por empleo precario. Desde la última reforma laboral de Rajoy, en 2012, aunque también antes con los gobiernos socialistas, más del 95% de las contrataciones que se realizan en España son temporales; y cuándo se dice temporales a menudo no se habla de meses, sino de contratos muchas veces por horas, y por supuesto, mal pagados.

¿Alguien en su sano juicio piensa que un país puede sostener, por ejemplo, su sistema de pensiones con tal tasa de temporalidad y precariedad? Desde que Rajoy llegó al gobierno las cuentas de la Seguridad Social están a la mitad; de cerca de 62.000 millones en 2011 en la actualidad hay tan sólo 28.000 millones, y todo gracias a su solución para salir de la crisis: el modelo de creación de empleo de baja calidad.

La sangría de despidos no cesa: Iberia, Vodafone, Telefónica, Coca Cola, Renfe, Tragsa, Martinsa, Indra, Cataluña Caixa, Ericson… En este sentido Rajoy sí ha hecho bien su trabajo, porque aún en tiempos de crisis las grandes empresas no han renunciado a sus grandes beneficios. Se siguen enriqueciendo porque empobrecen el mundo del trabajo, con el desempleo y la precariedad galopante que traen como contrapartida el aumento de la explotación, las largas jornadas laborales, las horas que no se pagan y un largo etcétera.

Para que en 2016 cambie este estado de cosas, no será suficiente haber acudido a las urnas; suceda lo que suceda en los próximos días, sea cual sea el equipo que finalmente ocupe la Moncloa, los trabajadores tienen que tomar las riendas en sus manos, retomar las luchas en las calles, sostenerlas hasta conseguir imponer una ley que prohíba los despidos, porque el primer desahucio es la pérdida del trabajo.

En definitiva, los trabajadores y la población en general deben imponer un verdadero cambio de rumbo, deben mostrar que no se resignan y levantar cabeza más temprano que tarde. ¡Hay mucho en juego!

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