Las primarias en Estados Unidos

A pesar de las esperanzas de la clase obrera cuando Barack Obama llegó por primera vez al gobierno en 2009, la situación de la clase trabajadora no ha mejorado. El nivel de vida sigue bajando, mientras que la proporción de trabajadores que tiene un empleo es inferior, en un 3,5%, a lo que era antes de la “gran recesión”, en 2008. Los empleos que se han creado han sido más que nada empleos precarios y mal pagados, la mayoría de las veces peores que los que se habían perdido.

El descontento de las clases populares se ha reflejado a lo largo de la campaña electoral de 2016 con el rechazo de un número importante de electores a los candidatos tradicionales de cada uno de los partidos, buscando otros candidatos que puedan expresar su descontento, aunque sea de forma distorsionada.

Donald Trump, candidato republicano, ha llamado la atención, incluso antes de las primarias, por su lenguaje vulgar y su desprecio descarado hacia los inmigrantes, las mujeres, los musulmanes e incluso los demás países. Llamó a los inmigrantes mexicanos delincuentes y cosas peores y prometió que México pagaría por el muro que haría construir en la frontera. Trump consiguió llegar a importantes sectores de los trabajadores blancos, probablemente porque ya existen tendencias racistas profundas e ideas reaccionarias entre una parte de la población blanca.

Pero no son únicamente sus opiniones violentamente derechistas las que le han creado un público. También habla de la situación de los trabajadores, de sus dificultades. Denunció a los demás republicanos por querer recortar la seguridad social. Dice que los bancos nos chupan la sangre, acusó a las compañías de seguros de convertir la sanidad en inasequible. Pero sobre todo, utilizó el miedo al paro, cargando las pérdidas de empleos a cuenta de los acuerdos de libre cambio, de los inmigrantes, y de las importaciones por empresas, como Ford, que trasladan una parte de su producción a otros país, más específicamente a México.

Del lado del Partido Demócrata, Bernie Sanders ha empezado a sacar buenos resultados en las primarias. Sanders habló del desfase creciente entre los ricos y los demás, llamó a una “revolución política”, y atacó a los grandes bancos, prometiendo someterlos. Aún así, no es ni mucho menos el “insurgente”, ni siquiera el “independiente” que venden los medios de comunicación. Desde que está en el Congreso, Sanders ha votado con la dirección del Partido Demócrata 98 de cada 100 veces, incluidas todas las medidas para financiar las guerras. Igualmente votó a favor de medidas que criminalizaban a los jóvenes negros. Votó a favor del documento de apoyo del Senado a Israel en 2014 tras la masacre de los palestinos de Gaza. De hecho, es miembro de la dirección del grupo parlamentario del Partido Demócrata, y un miembro importante de su secretaría política en el Congreso.

Hasta hace poco, el primer apoyo de Sanders venía de los estudiantes y de los intelectuales de izquierda, mayoritariamente blancos. En Michigan, enfocando su campaña en los acuerdos de libre cambio, que según él se llevaron muchos empleos, consiguió llegar a una parte de la clase obrera, incluso, por primera vez, una pequeña parte de la clase obrera negra.

Al fin y al cabo, cuando se dirigen a la clase obrera, él y Trump tocan la misma música. Focalizando la atención de los trabajadores hacia los acuerdos de libre cambio, igual que Trump, no solo oculta las causas reales de las pérdidas de empleos en los Estados Unidos sino que refuerza la palabrería nacionalista de Trump. Y la posición de Sanders respecto al libre cambio, demonizando a los trabajadores mexicanos, refleja lo que hizo en el Congreso respecto a los sin papeles, cuando votó a favor de leyes tales como la llamada ley “antitúnel”, que criminalizó cualquier persona sin papeles que atravesase la frontera mexicana por un túnel. A raíz de esta ley, cualquiera que pase la frontera sin papeles puede ser considerado como un criminal.

Quizás la candidatura de Sanders haya dado algo de crédito a la palabra “socialista”, pero en cualquier caso ha resucitado la vieja esperanza desgastada del “mal menor”; sin embargo nada tiene que ver con lo que en realidad es el socialismo.

En medio de una crisis económica que, año tras año, empeora la situación de las clases populares, la clase obrera no reacciona. Un aspecto fundamental del problema es la falta de organización de la clase obrera. Los trabajadores no tienen expresión política, no tienen una organización que, aunque fuese pequeña, fuese capaz de dirigirse a un sector importante de la clase obrera desde los intereses de clase de los trabajadores. Actuar para que nazca este partido tiene que ser el objetivo fundamental de todos los que militamos para que la clase obrera tenga las herramientas necesarias a su emancipación.

Traducción de un artículo del grupo trotskista The Spark (EEUU)