La subida electoral del Frente Nacional en Francia: expresión de la sociedad capitalista en crisis

La progresión del numero de votantes del Frente Nacional es importante, más que sus resultados en porcentaje. De 2.223.808 votos en las elecciones regionales de 201 0, el numero de votos ha pasado a 4.672.932 votos en las europeas de 2014. En las regionales del 6 de diciembre pasado, ha alcanzado los 6.004.482 votos.

Es el aumento seguido desde hace varios años del numero de electores lo que pesa sobre la vida social y política. Este crecimiento combina dos evoluciones de naturaleza distinta. Resulta de la recomposición del electorado de derecha, la pequeña burguesía, numerosa en Francia, de comerciantes, pequeños patronos, artesanos, propietarios de todo tipo y ejecutivos más o menos bien posicionados en las empresas. Estos electores que votaban antes a los grandes partidos de derecha, decepcionados por el periodo de poder de estos partidos, disgustado por la guerra de jefes, se han vuelto hacia el FN.

Hace mucho tiempo que existe un sistema de vasos comunicantes entre el electorado de derecha y el de extrema derecha. Sarkozy pretendía en 2007 haber logrado desviar el electorado de extrema derecha para ser elegido. Desde varios comicios, es el FN el que desvía el electorado de la ex-UMP de Sarkozy, llamado ahora “Les Républicains”.

Esto demuestra que no hay ninguna muralla china entre la derecha y la derecha extrema, ni por lo que concierne a sus jefes, tampoco por sus electores. Son aun mas lamentables las declaraciones de los dirigentes del Partido Socialista que eligieron la misma noche del resultado del 6/1 2 dejar su sitio a las listas de derecha presentándoles, sin ninguna vergüenza, como baluartes contra el FN…

Esta evolución del electorado de derecha hacia la extrema derecha es uno de los aspectos de la evolución reaccionaria de la sociedad francesa. No es el más importante.

La otra evolución es la que más va a pesar en el porvenir: parte del electorado obrero, después de haber sido decepcionada y traicionada por los grandes partidos reformistas por los que solía votar, se ha vuelto del lado del FN.

El disgusto del electorado obrero respecto a los partidos que pretendían representarlo en el pasado se ha manifestado más a través de la abstención que del voto FN, en estas elecciones regionales como en las anteriores. En los barrios obreros, el voto FN bordea una fuerte tasa de abstención. Detrás de la estabilidad de la abstención global, se esconden diferencias importantes. De 47,70% de abstención en Neuilly, esa tasa es de 71,71 % en Aubervillier, 72,89% en Bobigny, 75% en Vaulx-en-Velin. Y estos porcentajes no toman en cuenta los que ni siquiera están inscritos en las listas electorales, sin hablar aún de los, muchos en los trabajadores, que no tienen derecho de voto.

Pero la política, como la naturaleza, tienen horror al vacío. En ausencia de una fuerza capaz de llevar la perspectiva política propia de la clase obrera y en ausencia de conciencia de clase, el FN aparece como el que lleva esperanza con la ilusión que “como nunca lo hemos intentado” no pueda ser peor que los demás.

Los que explican el éxito del FN por razones circunstanciales tales como los atentados o la “crisis de los inmigrantes” se equivocan. Estos acontecimientos han hecho de catalizador pero la creciente influencia electoral del FN es continúa desde hace mucho tiempo. Recordemos que en 2002, este electorado había propulsado al padre Le Pen hasta la segunda vuelta de la elecciones presidenciales, eliminando el primer ministro socialista Jospin en primera vuelta. Ya en aquella época, los bienhechores de “izquierda” justificaron el apoyo al hombre de derecha Chirac (siendo Presidente desde 1995) como un voto “republicano” para evitar que pase el FN… Hemos visto lo que otorga diez años después, en las elecciones presidenciales de 2012, en las que 6 millones de electores se pronunciaron a favor de Marine Le Pen, o sea ¡1,6 millones más que a su padre!

Sustituyendo a lo largo del tiempo la bandera roja de la clase obrera por la bandera tricolor sucia de la burguesía, la Internacional por la Marsellesa, defendiendo la identidad de intereses de los trabajadores con los de su burguesía nacional en vez de con los trabajadores de los demás países, y haciendo comunes las ideas más sucias de la burguesía entre los trabajadores tales como el chovinismo o hasta el racismo, los partidos reformistas (PC en primera fila) tienen una responsabilidad importante en el debilitamiento de las referencias de la clase obrera y en haber minado su conciencia de clase. Los periodos de gobiernos PS con participación del PC, con los gobiernos Mitterand y Jospin, completaron la nefasta obra. Este servilismo hacia la gran patronal era la política socialista aprobada por un partido supuestamente comunista.

El FN no solo se aprovechó del hartazgo provocado en la clase obrera por la política de la izquierda en el poder, solo hubo de retomar a su cuenta y llevar a cabo algunas de las ideas reaccionarias reintroducidas en la clase obrera por los partidos reformistas, el PC el primero. Y la crisis de la economía capitalista, la explosión del paro, la desesperación de las masas populares, dieron una base sobre la que la colección de prejuicios del FN y su vacío de ideas se pudieron volver en ilusión de cambio a los ojos de una fracción de las clases populares.

En manera de vida política, el sistema capitalista no tiene más que proponer en un país como Francia, una de las potencias imperialistas más ricas del planeta con su pasado y su civilización, una formación política que ha encontrado todas sus ideas en las basuras de la historia: racismo, misoginia, repliege sobre un comunitarismo identitario, odio a los demás, ahogamiento de las libertades democráticas.

Pretender oponer a esta crisis irrisorias combinaciones políticas, lamentos o aspavientos por parte de los jefes de partidos que han perdido todo crédito pero que aún así pretenden representar la resistencia al Frente Nacional, es estúpido. Toda esta gente, en todo caso su armada de segundones, se doblarán frente al FN si sigue progresando y acaba por acercarse del poder. Lo hacen ya en la esfera de las ideas y de su lenguaje.

Entonces, hay que repeler su juego, no solo por sus responsabilidades en la situación actual, sino sobre todo por su incapacidad para ofrecer una perspectiva de futuro. Esta perspectiva no puede ser ofrecida en el marco del sistema capitalista profundamente en crisis. Solo puede ser ofrecida por la clase obrera, única clase que tiene el interés fundamental y la fuerza de combatir eficazmente el sistema capitalista en su conjunto, y la única sobre todo que puede derrocarlo.

La duración de la crisis, hundiendo millones de explotados en la pobreza y la desesperación, llevó hacia delante de la escena política lo que la sociedad burguesa tenía de más reaccionario, de más abyecto. Pero, alterando las reglas del juego político y sus certezas, hace plantearse la cuestión del porvenir de la sociedad más claramente que en la época del runruneo pacífico del parlamentarismo burgués.

Aún así, recordemos que este suave runruneo en países imperialistas nunca dejó de basarse en la explotación en estos mismos países y en el pillaje de tres cuartos del planeta bajo protección de dictaduras y, cuando era necesario, por intervenciones armadas.

La sociedad no tiene porvenir en las bases capitalistas. El futuro de la sociedad está en manos de la clase obrera y enteramente pendiente de la velocidad con la que volverá a encontrar su conciencia de clase.