La renovación e innovación tecnológica, explotación obrera en el capitalismo

La pandemia ha acelerado el uso de nuevas tecnologías, la digitalización, el teletrabajo… Aunque los Estados de la UE ya llevaban años desarrollando informes sobre lo que llaman “economía 4.0”, la pandemia ha sido la excusa perfecta para intervenir con fondos millonarios para la “reconstrucción” económica pospandemia. La CEOE ya ha pedido dos tercios del dinero de estos fondos para los proyectos de innovación, digitalización y renovación energética de las empresas. A su vez una ola de despidos colectivos recorre el mundo capitalista en una marcha desaforada por deshacerse de las plantillas de trabajadores con más edad y mejores salarios para precarizar el mundo laboral.
El capital quiere prepararnos un futuro de precarización de extensas capas de la clase obrera y de las nuevas generaciones. Ya tenemos el avance en la explotación de las y los trabajadores en las empresas como Amazon. A su vez aparecen los oráculos del “poscapitalismo”, y de la desaparición de la clase trabajadora. Sin embargo, nada más lejos de la realidad: el capitalismo necesita, como los vampiros la sangre, el trabajo vivo para sobrevivir. La ciencia y la tecnología en el capitalismo son armas para la explotación; en manos de la clase trabajadora serían un progreso social para toda la humanidad.

 

LA DIGITALIZACIÓN DE LA ECONOMÍA Y LA EXPLOTACIÓN SOCIAL DEL TRABAJO

Es innegable que estos procesos están llegando a implementarse de forma masiva en la sociedad. El cambio radical que supone la digitalización de la información abarata la comercialización de las mercancías, su transporte y almacenamiento. El comercio electrónico o comercio por Internet, por ejemplo, ha transformado la logística empresarial y la cadena de suministros y almacenamiento. El ejemplo actual es Amazon. Por otra parte, las plataformas empresariales tipo Uber, permiten servicios rápidos y “baratos” en una economía que llaman “colaborativa” pero que en realidad esconden formas de sobreexplotación del trabajo. El teletrabajo puesto al orden del día en esta pandemia, muestra también estas transformaciones y que a menudo significan la vuelta a formas de explotación propias de los albores de la revolución industrial con el trabajo a domicilio.
En la industria, la impresión 3D con un ordenador y escáner conectados a las máquinas o robot puede producir piezas y componentes sin tener que cambiar de máquina. El periódico “Expansión” ya en 2015 escribía que “Boeing y Airbus se dieron cuenta pronto de que crear piezas para sus aeronaves a través de este sistema suponía reducir costes (entre un 25% y un 50%) y disminuir el tiempo empleado en su fabricación. Además, las que se hacen ‘a mano’ pesan entre un 10% y un 30% más”. Con la digitalización se pueden reubicar las plantas industriales a distancia. Se pueden producir tiradas muy cortas de piezas sin tener que hacer stock. Es posible producir a medida, bajo pedido y atendiendo los requerimientos del cliente. Pudiendo o no recurrir a plantas de fabricación en otros países porque los medios digitales proporcionan la inmediatez necesaria y el transporte de igual manera. En la industria naval, la aeronáutica y del automóvil ya están presentes estas innovaciones, para fabricar determinados componentes muy específicos que serían más caros de fabricar de forma convencional.
Las consecuencias en el mundo del trabajo van a ser evidentes y ya están marcando la estrategia empresarial y del capital en la actualidad. La precarización del trabajo en los sectores de los servicios y en las empresas que ponen en marcha estas innovaciones nos indican por donde van a ir los ataques a la clase obrera y nos indica también la respuesta de clase necesaria. El trabajo en Amazon y las plataformas “colaborativas” tipo Uber expresan esta dinámica. Como todos sabemos estas empresas utilizan mano de obra temporal, individualizan y flexibilizan al máximo la relación laboral, en muchos casos a través de ETT. En la práctica obligan a trabajar más horas y en peores condiciones. Puedes tener una ubicación con las nuevas tecnologías inmediatamente, pero tienes que coger tu propio transporte para llevarle al cliente la mercancía por unos euros a la hora, o estar pendiente de la aplicación en la madrugada para poder escoger el “paquete” horario para entregar y escoger las mercancías.
En la industria, la robotización y automatización, así como la digitalización, la pandemia o la crisis, son la excusa perfecta para despedir con el llamado eufemísticamente “exceso” de plantillas y los “ajustes” o “flexibilización” de éstas. Los ERE y despidos que ya están produciéndose provocará el mismo panorama que ocurre en el sector de los servicios. Ejemplo de esto ha sido la Universidad Europea (UE), centro privado universitario, que ha preparado un ERE, el primero que incluye a profesores universitarios, para despedir a 275 trabajadores de los tres campus (Madrid, Valencia y Tenerife). Aprovechando la pandemia y reestructurando el currículo con las nuevas tecnologías, el propietario, un fondo de inversión, quiere hacer beneficios extraordinarios a costa de la precarización y despido del profesorado.
Hace unos días el gobierno de Pedro Sánchez se ha comprometido a ayudar con 100 millones de euros para proveedores y 600 millones para toda la industria en un futuro Plan Tecnológico Aeronáutico, sin, además, exigir la paralización inmediata de los despidos en el sector. Amancio Ortega el multimillonario de Inditex ya ha pedido 100 millones a cuenta de los fondos europeos poscovid. Otro ejemplo: la concentración bancaria y la extensión de la digitalización está produciendo la desaparición de muchas funciones y puestos de trabajo. La banca lleva destruyendo empleo desde hace años. El diario económico “Cinco Días” titulaba: “La banca destruye 120.000 empleos en España desde la crisis financiera”. Solo para 2021 ha presentado planes para eliminar 15.000 puestos de trabajo.
Los estudios promocionados por la burguesía y financiados por la banca y grandes empresas coinciden en que muchos de los puestos de trabajo actualmente existentes serán eliminados debido a la robotización y en general la digitalización: el BBVA estima en un 36%, en un 43% La Caixa, en el caso de España. Esto puede llevar a predicciones catastrofistas o distópicas de ciencia ficción de un nuevo capitalismo, el poscapitalismo que, como veremos más adelante no se ajustan a la realidad del capital.
El diario conservador “ABC” en 2019 publicaba un artículo sobre el tema que titulaba: “La digitalización cerca a seis millones de trabajadores de 50 años” y expresaba que “según estimaciones del Foro Económico Mundial, para 2025 más de la mitad de todas las tareas actuales en el lugar de trabajo serán realizadas por máquinas, en comparación con el 29% actual. Tal transformación tendrá un profundo efecto en la fuerza de trabajo global; sin embargo, en términos de cifras generales de nuevos empleos, las perspectivas son positivas: se espera que se creen 133 millones de nuevos puestos de trabajo para 2022, en contraste con los 75 millones que serán desplazados”.
Las consecuencias para la clase obrera son ya evidentes. En diciembre de 2017 apareció en los medios la noticia del robot “Juanfran” que Airbus había introducido en la factoría de Puerto Real. Todo fueron parabienes a la innovación y destacaba la Cadena SER que “Aunque pareciera que los robots pueden ser una amenaza para las plantillas humanas, en este caso, su llegada ha servido para que en Puerto Real se garantice trabajo por diez años como proveedora exclusiva y abra nuevas posibilidades de obtener nuevos encargos.” Dos años más tarde Airbus quiere eliminar puestos de trabajo en la factoría gaditana y subcontratar la carga de trabajo. Los compañeros de la factoría están en lucha porque, estando en ERTE, están destruyendo empleo con las prejubilaciones. En un comunicado conjunto los sindicatos UGT y CGT explican que “la empresa, lejos de traer cargas de trabajo, se ha dedicado a desmantelar la planta, cerrando dos de sus cuatro naves”. El plan de la empresa es la reducción de su plantilla mundial en 15.000 trabajadores de un total de 134.000 en la actualidad. La realidad es que preparan un plan de eliminar a sectores de la plantilla de más edad sabiendo que en el futuro la mano de obra será temporal y precaria como ya la patronal Alestis y Aernnova intentan hacer con bolsas de empleo con Empresas de Empleo Temporal.

 

LAS INNOVACIONES TECNOLÓGICAS EN EL CAPITALISMO CONLLEVAN MÁS EXPLOTACIÓN Y PRECARIEDAD

El capitalismo tiene intrínsecamente la tendencia a abaratar costes introduciendo innovaciones. Buscan aumentar sus beneficios a través de una mayor explotación de la clase trabajadora y para ello necesita de un paro estructural, de “un ejército industrial de reserva” que permita una doble consecuencia: precarizar los salarios y condiciones de trabajo, presionando a los que trabajan y tener mano de obra disponible para, iniciado el crecimiento económico poder contratar y obtener así ganancias extraordinarias. Estas ganancias se producen en una rama de producción o por un capitalista o grupo de ellos porque se disminuye el precio de coste de las mercancías producidas a causa mayormente de “el aumento de la capacidad productiva del trabajo (cooperación, división del trabajo, etc.)”, o a que “se empleen mejores métodos de trabajo, nuevos inventos, máquinas perfeccionadas, secretos químicos de fabricación, etc., en una palabra, nuevos y más perfectos medios y métodos de producción superiores al nivel normal” y esto supone una disminución proporcional en la inversión en los salarios – el capital variable-. Con los mismos trabajadores se produce más que la competencia. Esto llevará irremediablemente a una crisis al saturarse los mercados y estos no poder absorber de forma solvente todo lo producido y finalmente a la crisis con la paralización de la producción. El ciclo de acumulación de capital se interrumpe y aparecerán los años de crisis y baja producción. Lentamente volverá a reiniciarse el ciclo de crecimiento. El paro y la precariedad presionará a la clase trabajadora sometiéndola a los dictados del capital y la patronal.
Marx explicó este proceso hace 154 años en “El Capital”: “La paralización de la producción dejará ociosa a una parte de la clase obrera y con ello, la parte que trabaja se verá colocada en condiciones en que no tendrá más remedio que acceder a una bajada de salarios, incluso por debajo del nivel medio”. “…La baja de los precios y la lucha de la competencia sirven, además, de estímulo a cada capitalista para aumentar el valor individual de su producto total por encima de su valor general mediante el empleo de nuevas máquinas, de nuevos métodos de trabajo perfeccionado… es decir, haciendo que disminuya la proporción del capital variable (inversión en salarios) con respecto al constante y dejando con ello sobrante a una parte de los obreros, en una palabra, creando una superpoblación artificial (en desempleo y precaria).”
Así pues, mientras que la precariedad aumenta entre los trabajadores, los beneficios empresariales y de los más ricos, no han dejado de aumentar, aunque la productividad tenga un crecimiento bajo respecto a otras décadas. El informe Oxfam de 2015 no dejaba dudas: “La riqueza total a nivel mundial ha alcanzado la asombrosa cifra de 255 billones de dólares. Desde 2015, más de la mitad de esta riqueza está en manos del 1% más rico de la población. Entre los más acaudalados, los datos de este año revelan que las ocho personas más ricas del mundo acumulan conjuntamente una riqueza neta que asciende a 426.000 millones de dólares, una cantidad que equivale a la riqueza neta de la mitad más pobre de la humanidad (3.600 millones de personas).” Y en el mismo informe destaca que “en 2015, las diez mayores empresas del mundo obtuvieron una facturación superior a los ingresos públicos de 180 países juntos”.
En enero de 2020 Oxfam publicaba un informe que destacaba que “los 2153 milmillonarios que hay en el mundo poseen más riqueza que 4600 millones de personas (un 60% de la población mundial)” y en el último informe de enero de 2021 informaba que “Durante los primeros meses de la pandemia, el hundimiento de los mercados bursátiles de todo el mundo provocó que los milmillonarios, que son algunos de sus principales accionistas, sufriesen pérdidas considerables. No obstante, este revés fue transitorio. En tan solo nueve meses, las mil personas más ricas del mundo, principalmente hombres milmillonarios blancos, han recuperado toda la riqueza perdida. (pag. 24)”
Son los ciclos de crecimiento, recesión o depresión económica – en el caso actual agravados por la COVID19- que son internOs al propio sistema y la innovación e introducción de nuevas tecnologías propias de este para poder crecer, pero siempre a costa de la explotación de los trabajadores. Ello explica la necesidad de una mano de obra empleada y otra en paro y precaria para así poder presionar el mundo del trabajo y aumentar las ganancias. No hay que olvidar que en el capitalismo una sociedad robotizada y automatizada es imposible por la simple razón del consumo solvente. Ernest Mandel reproducía como ejemplo en un artículo de 1986 un supuesto diálogo entre el patrón y el sindicalista “¿Qué será de la fuerza de su sindicato cuando todos los trabajadores sean reemplazados por robots? – ¿Qué será de sus ganancias en ese caso? – Se hacen vendiendo tus productos, y desafortunadamente para ti, los robots no compran nada”.
Objetivamente la clase trabajadora, no sólo no ha desaparecido, sino que no ha dejado de aumentar. Desde 2007 que había más de 2.908 millones asalariadas en el mundo se ha pasado en 2019 a 3.352 millones. Y los parados fluctuaron desde 188,5 millones de asalariados a 190,3 millones en 2020. Sin embargo, la precariedad laboral, expresada por los contratos temporales y a tiempo parcial no ha dejado de aumentar. La OIT en un informe de febrero advertía en 2019 que “La prevalencia de contratos temporales de corta duración puede exacerbar la sensación de inseguridad de los trabajadores, aumentando la volatilidad de sus ingresos y frustrando sus carreras profesionales. La evidencia sugiere que la tasa de pobreza crece cuanto menor sea la duración del contrato”, (EL País, 14/02/2019).

 

 

Cifra de personas con trabajo a nivel mundial 2007-2018. Publicado por Rosa Fernández, 1 may. 2020
La estadística muestra la evolución del número de personas con trabajo a nivel mundial desde 2007 hasta 2019, así como una serie de previsiones hasta 2021. La cifra de empleados en el mundo ascendió de forma constante y paulatina durante todo el periodo observado, situándose por encima de los 3.300 millones en 2019. Las previsones a corto plazo apuntan a una continuación de esa tendencia al crecimiento hasta 2021.

 

 

 

 

De hecho, hay estudios que indican que la productividad no aumenta al ritmo de los años 50 y 60. Un estudio de la Fundación Alternativas (vinculada al PSOE) indicaba que “como nos dice Dani Rodrik, de la Universidad de Harvard, la tecnología digital está teniendo menos impacto en el mercado de trabajo que otras tecnologías introducidas en el pasado, como la electricidad, el automóvil, el avión, etc., siendo los sectores relacionados con las áreas sociales y con la economía verde los que en EEUU están demandando más empleo. Estos mismos sectores que están subdesarrollados en España por las políticas de austeridad fiscal y recorte del gasto público, por la falta de una política industrial inteligente y por el enorme poder político que tiene el oligopolio eléctrico en nuestro país.”

 

 

1960-2007 Evolución del incremento anual de la Productividad del Trabajo (Alemania, Francia, Italia, Holanda, EEUU). Tomado de La digitalización de la economía española y sus repercusiones en el empleo. op. Cit. Fundación Alternativas.

 

 

 

 

Los datos demuestran que sí, es verdad que hay una tendencia hacia la robotización y a la introducción de nuevas tecnologías, pero esta introducción tiene el límite de la creación de beneficios. La dinámica de acumulación de capital necesita aumentar la productividad introduciendo procesos de trabajo y maquinaria que aumenten la productividad a un bajo coste, pero necesita aumentar la plusvalía que le saca a la clase trabajadora porque la gran inversión de capital reduce los beneficios. Por ello esta contradicción le impele a precarizar el trabajo, bajar los salarios y crear un desempleo estructural. Siempre que el capitalismo ha introducido innovaciones después de un ciclo de crisis para preparar su expansión, ha necesitado aumentar los ataques a la clase trabajadora.
La polémica y debate actual sobre las consecuencias de la introducción de innovaciones tecnológicas ha sido una constante histórica en el capitalismo. Es la lucha de clases entre el mundo del trabajo y el capital y viene ocurriendo desde los inicios del capitalismo. Periódicamente se vuelve a reproducir porque esencialmente el capitalismo reproduce la misma dinámica de explotación. La introducción de innovaciones tecnológicas y nuevos métodos de producción llevan a su lado la precarización y empobrecimiento de la clase obrera. Y esto es así porque es un sistema económico y social que se sostiene con la obtención de ganancias a través de la explotación del trabajo humano.
La introducción de nuevas tecnologías en los procesos productivos en la sociedad capitalista se ha producido siempre en consonancia con la expansión y crecimiento de la acumulación de capital. Previo a la expansión capitalista después de profundas crisis en las cuales se destruía capital – es el caso de las guerras-, los capitalistas siempre han introducido innovaciones para abaratar los costes y esto ha significado siempre la precarización – pauperización la llamaba Marx- de sectores de la clase trabajadora de una forma masiva. A su vez la clase trabajadora ha respondido defendiéndose luchando en contra de la explotación. En consecuencia, esta dinámica hoy no es nueva, es una característica propia del capital y su proceso de explotación del mundo del trabajo. En realidad, no puede haber poscapitalismo o mutaciones en su evolución social que cambie el fundamento del capitalismo: “El capital es trabajo muerto que no sabe alimentarse, como los vampiros, más que chupando trabajo vivo, y tanto más vive cuanto más trabajo chupa”.
El capitalismo necesita el trabajo de la clase obrera como el vampiro la sangre humana. Por ello las innovaciones han sido una forma de acelerar la explotación del trabajo disminuyendo el tiempo del proceso de producción con máquinas y tecnología, pero aumentando la parte del horario de la clase trabajadora para usufructo del capitalista.

UNA MIRADA A LAS INNOVACIONES TECNOLÓGICAS EN EL CAPITALISMO Y LAS LUCHAS OBRERAS

La patronal CEOE, el gobierno y en general en todos los medios de comunicación, hablan de la etapa de reconstrucción posCovid como la oportunidad de modernizar la economía española con las ayudas de la UE para la reconstrucción. Desde el gobierno se llama Plan Nacional de Recuperación, Transformación y Resiliencia y entre las “Diez Políticas Tractoras”, la quinta trata de “… la modernización y digitalización del ecosistema de nuestras empresas, a lo que se destinarán el 17% de los fondos ante la necesidad urgente de apoyar el tejido empresarial y garantizar nuestra competitividad industrial.”
A su vez han aparecido en los medios de comunicación extensos artículos sobre la introducción de la llamada “Economía 4.0”. Es un término que hace referencia a que estaríamos entrando en la denominada cuarta revolución industrial. La primera trajo consigo la máquina de vapor y la mecanización, la segunda la producción en masa y la electricidad, la tercera los ordenadores y la automatización, y finalmente la cuarta los sistemas ciberfísicos o de fabricación inteligente que incluyen el uso de la Inteligencia Artificial, Minería de Datos y la interconexión masiva de dispositivos y sistemas con la digitalización. Es decir, la extensión de las redes a través de internet y la robotización y automatización de los procesos industriales. Sin embargo, lo que hoy parece novedoso ha sido más que una constante histórica en la acumulación de capital.
En las primeras décadas del siglo XIX surgió un movimiento obrero que luchaba en contra de los despidos y el paro, el ludismo, que se organizaba contra la introducción de los telares mecánicos en la industria textil, destruyendo máquinas e incendiando las fábricas. El nombre procede del mítico Ned Ludd, joven que en el imaginario popular procedió a romper máquinas en 1779. La destrucción de máquinas fue la primera reacción de los trabajadores ante el paro masivo provocado por la introducción de nuevas tecnologías que producían desempleo y precariedad laboral.
En España los sucesos de Alcoy en 1821 fueron la primera manifestación obrera en contra del desempleo y el empobrecimiento de la clase trabajadora que adquirió la forma ludista. Algunos centenares de campesinos y jornaleros que cardaban e hilaban lana en sus casas, en la industria a domicilio de la época, asaltaron Alcoy y destruyeron máquinas. Más tarde, en 1854 en Barcelona, la introducción de nuevas máquinas automáticas textiles las llamadas “selfactinas” provocó la reacción de trabajadores incendiando varias fábricas que utilizaron esas máquinas. El historiador Tuñón de Lara describe esta lucha entre los defensores del capitalismo y la comisión obrera que negociaba la prohibición de las selfactinas. Entre los defensores del capitalismo estaba “Laureano Figuerola, quien escribía lo siguiente aquel mismo verano de 1854, en el Diario de Barcelona: “El derecho de éstos (los trabajadores) es, sin duda obtener el mayor salario posible. El derecho de los fabricantes es el de reducir los gastos de producción; ley eterna a que está sujeta la producción humana; y en el debate que se establece para la contratación de servicios de los operarios, sólo la libertad de admitir o rechazar las condiciones por una u otra parte es la regla única a que los hombres pueden someterse.”
Dentro del Partido Demócrata de la época donde había defensores de los trabajadores en una reunión política del partido el “ciudadano Montaldo” se expresó de la siguiente manera: “La sociedad en masa -que no puede desconocer el derecho a la existencia- ha de garantizar el derecho al trabajo, asegurando trabajo, ha de garantizar el derecho al salario, asegurando un salario justo… principalmente con los bienes de la propiedad nacional y subsidiariamente con el producto de la propiedad particular, respetable sólo en cuanto no perjudique a los demás. La sociedad fijará el mínimo de salario.”
Posteriormente con la introducción de nuevas formas de energía, el vapor, etc., hicieron que la lucha por la disminución de la jornada de trabajo fuera la reacción primera del movimiento obrero organizado, junto con la lucha para erradicar el trabajo infantil. En 1864 se funda AIT o primera internacional. Sus luchas e historia dan fe de ello.
Después de la I Guerra Mundial, EEUU se convirtió en la gran potencia imperialista superando a Gran Bretaña. La unificación en un gran mercado estadounidense después de la guerra civil había promovido inversiones intensivas en capital en el siglo XIX, con innovaciones de relevancia en las infraestructuras de transportes y comunicaciones: canales, ferrocarriles, telégrafo y teléfono. Su crecimiento económico y militar le llevó a ser la primera potencia imperialista. Anteriormente, en los años posteriores a la guerra civil americana, con la introducción de maquinarias automáticas en el textil, se habían creado las condiciones para la lucha obrera. Recordemos que el 1º de Mayo corresponde a la lucha obrera por las 8 horas ante la explotación empresarial.
Mama Jones, cuenta en su biografía cómo ocurrieron los hechos, la tragedia de Haymarket y los mártires de Chicago. Narra, también, su lucha en contra de la explotación infantil legal en la época y que tiene relación con la simplificación de las máquinas automáticas. La revolución rusa de 1917 marcó el camino a la clase obrera durante décadas y asustó al capital y sus gobiernos promoviendo dictaduras, reprimiendo revoluciones y masacres de la clase obrera.
Durante los años previos a la Gran Depresión se incrementaron en aquel país la producción y la demanda de mercancías, con una profunda transformación de los procesos productivos dominada por la innovación tecnológica. La electricidad como energía, el automóvil o las ventas a crédito fueron innovaciones que junto a la introducción de maquinaria y procesos de producción – el trabajo en cadena- introdujeron la sobreexplotación obrera. Las huelgas de los obreros de la Ford o de los transportes -la Rebelión Teamster- en los años 30 fueron consecuencia no sólo de la depresión del 29 sino también de las condiciones de trabajo introducidas por los capitalistas en estos años. La gran crisis de 1929 condujo a los capitalistas a escoger el Fascismo en Europa y a la masacre de la II Guerra Mundial de 1945.
En las décadas posteriores a la II Guerra Mundial, el crecimiento capitalista mundial y en concreto EEUU y los países ricos de Europa, junto a Japón en Asia, configuraron los parámetros del capitalismo moderno imperialista. Los pactos de las potencias imperialistas vencedoras con Stalin – Yalta y Postdan- le había asegurado la paz social en occidente durante unos años decisivos; la seguridad para controlar el movimiento obrero y los procesos revolucionarios del final de la guerra. En estos años la lucha obrera no cejó, incluso cuando los dirigentes de los partidos comunistas estalinistas de la época, como Thorez en Francia, boicoteaban huelgas porque participaban en gobiernos con la derecha.
Así pues, sobre las zonas destruidas por la guerra, los países imperialistas tuvieron vía libre para controlar las materias primas y proceder a su expansión con una mano de obra barata, promover los movimientos migratorios e introducir nuevos métodos de producción, medios de comunicación y transporte. La explosión del automóvil, el avión de pasajeros, la televisión etc., fueron innovaciones que el capital supo explotar.
La mano de obra barata, los mercados amplios necesitados de mercancías, impulsaron la introducción de innovaciones y tecnología: fabricación de fibras sintéticas, aleaciones de metales, nuevas maquinarias e instrumentos, los avances en la extracción de recursos naturales y las mejoras en los transportes y comunicaciones fue fundamental para la producción en masa, la automatización y la industrialización de la ciencia. La introducción de mecanismos automáticos y semiautomáticos, facilitó la expansión del automóvil, los electrodomésticos, la industria química, etc. La introducción y la difusión de los procesos automáticos generalizaron el trabajo en cadena, el fordismo etc. Esta expansión fue posible por la guerra, el aplastamiento de los movimientos revolucionarios en Europa, los procesos migratorios europeos y latinoamericanos y el mantenimiento del colonialismo. El periodo de expansión terminó en los años 60 y con la crisis de 1973.
Los índices de crecimiento y productividad de la posguerra no se lograron aumentar en las décadas posteriores a los años 70.

Por ejemplo, las tasas de incremento de la productividad del trabajo de los principales países desarrollados (Alemania, Francia, Italia, Holanda, EEUU), donde los procesos de digitalización de la actividad económica han sido más acusados, fueron mucho mayores en los años sesenta y setenta, entre un 3 y un 6% anual, que en la actualidad, cuando los incrementos de productividad son iguales o inferiores al 2% anual.
Durante los años 80 después del pico de la crisis de 1973 hubo intelectuales, entre ellos André Gorz – “Adiós al proletariado: Más allá del socialismo”-, que pusieron en duda el papel de la clase obrera como sujeto revolucionario. Para ellos la clase trabajadora había dejado de ser el eje central de las luchas porque el capitalismo avanzaba hacia la automatización y robotización en la década. El contexto de la década, con una URSS degenerada desde los años treinta y su desaparición, influyó en la desmoralización general ante un capitalismo triunfante.

              Fuente: Stiglitz, Economía, p. 1066. Historia económica. Curso 2009/2010. UAM.

Sin embargo, según las cifras de la OIT el empleo asalariado no ha dejado de subir. En el año 2000 eran 2777,6 millones de personas la fuerza de trabajo y en 2020 3515,0 millones (OIT, perspectivas sociales y del empleo en el mundo. Tendencias 2020. ilo.org.)

 

LAS CONSECUENCIAS DE LA ESTRATEGIA DE LA PATRONAL Y DEL CAPITALISMO

Concluyendo podemos decir que la pandemia es una oportunidad para la patronal de crear las condiciones para volver a obtener ganancias extraordinarias. Esta oportunidad está cifrada en las decenas de millones que reciben y recibirán para sus proyectos de renovación tecnológica e inversión. Para ello tienen que reconvertir y ajustar las plantillas despidiendo a los trabajadores de mayor edad y sustituyendo a estos en el futuro por otros con condiciones “flexibles” de trabajo, horarios y salarios y a través de las ETT u otra modalidad. Esto va a suponer el mantenimiento de la precarización de más de la mitad de la clase trabajadora en nuestro país – que va a estar en paro o en trabajos precarios-. Esta transformación y reconversión tecnológica más la precarización que se está desarrollando es un proceso europeo y mundial. No podemos olvidar que el capitalismo es global, mundial, con sus centros imperialistas que dominan el planeta.
Y como cómplices de esta política está el Estado que muestra su faz capitalista de una manera descarnada. Miles de millones de euros van a ir a proyectos empresariales. Son millones de euros que tendrá que pagar el erario público y deuda con los mercados financieros, es decir, toda la sociedad para beneficio de los grandes capitales. Sin embargo, no es algo nuevo.
El Estado ha ayudado a la gran patronal manteniendo e invirtiendo dinero en sectores que el capital privado necesitaba para obtener sus ganancias. Por todo el país hay centros de investigación subvencionados de forma millonaria por las distintas administraciones: El Centro Avanzado de Tecnologías Espaciales (CATEC) en Aerópolis, Sevilla, de la Fundación Andaluza para el Desarrollo Aeroespacial (FADA). En ella participa el Estado que dona subvenciones millonarias y así todos los centros de investigación de la patronal son subvencionados por las distintas administraciones. El último acuerdo del gobierno con la patronal del sector aeronáutico, firmado el 4 de febrero, concede ayudas por valor de 700 millones -más otras ayudas que no cuantifican- para la reconversión tecnológica y sin embargo no hay una mención expresa a los despidos que están sucediendo. Sólo la promesa de mantenimiento del empleo.
Otro ejemplo clarificador lo tenemos con las industrias estatales españolas de la energía, astilleros o las telecomunicaciones. Cuando nacen estas industrias el riesgo inversor lo sostiene el Estado creando las empresas, para pasado los años privatizarlas o liquidarlas a buen precio. Son los casos de Telefónica, Endesa, Repsol etc. Pero además toda la infraestructura de carreteras y comunicaciones ha beneficiado al capital que ha hecho sus negocios con estas infraestructuras ya realizadas. No digamos de la educación y formación profesional al servicio de las necesidades productivas de los capitalistas. El Estado ha sido la muleta constante del capital, a veces nacionalizando y socializando las pérdidas; otras privatizando los beneficios. Las ayudas y subvenciones que van a recibir ahora de la UE no son más que dinero público para salvar y beneficiar a los capitalistas. A este aspecto se le añade el apoyo legislativo, con reformas laborales, que protegen los beneficios y la propiedad privada capitalista para perpetuar la explotación de la clase trabajadora.
Una vez más el Estado y la patronal actúan al unísono con la misma estrategia. La muestra de este proceso lo tenemos en la lucha contra los despidos de la empresa aeronáutica Aernnova. Los más de 180 trabajadores están luchando en contra del ERE que va a suponer 73 despedidos y están viendo como la empresa se niega a pactar un ERTE, que supondría sólo un despido temporal. En el mismo caso están cerca del millón de trabajadores y trabajadoras en procesos de despidos colectivos que la patronal no quiere acogerse a los ERTE. Estos no supondrían coste para la empresa, puesto que es dinero público, y supone menos que el montante del despido. ¿Entonces por qué la patronal quiere despidos sí o sí? ¿Qué lógica irracional les lleva a ello? Como hemos explicado no es una cuestión de mala fe, de moral o maldad intrínseca de estas patronales. Es simplemente la lógica del capitalismo, un sistema en crisis que, en su irracionalidad, necesita sobrevivir manteniendo una clase obrera explotada.
La burguesía, la gran patronal y sus políticos, están preparando sus ganancias poscovid con la introducción de las nuevas tecnologías y la reconversión industrial. La estrategia es, a través de los ERE y despidos, preparar los futuros beneficios creando un “mercado” laboral “flexible” y precario. Esto puede significar a medio plazo beneficios extraordinarios, pero a costa de la disminución de las condiciones de vida de la clase trabajadora y en especial los más jóvenes. El “progreso” que nos venden está construido sobre la base de los despidos de hoy. El ciclo de crecimiento capitalista no tendrá las características expansivas de la posguerra. Es más, el largo ciclo de crisis se mantendrá porque la “pauperización” de la clase trabajadora y la incapacidad del mercado mundial solvente, para absorber las mercancías producidas, se hará cada vez más patente y con el riesgo añadido de una quiebra financiera. Solo la destrucción que han provocado las guerras anteriores ha conseguido reiniciar la acumulación expansiva del capitalismo después de una gran crisis.
Vivimos una época donde el sistema capitalista muestra otra vez, como en los años 30 del siglo pasado, su agotamiento y, en momentos como los actuales de pandemia, su colapso. La burguesía y la gran patronal no tienen otra manera de mantenerse en el poder que con la competencia feroz por obtener mercados y abaratar costes y aumentar sus beneficios con especulaciones bursátiles. Y estos, sólo puede salir de la clase trabajadora y la precariedad laboral.
El potencial liberador de las nuevas tecnologías, la automatización y la robótica, su capacidad de aumentar masivamente el tiempo libre del ser humano, de reducir el precio y coste de las mercancías y liberar de la pobreza a las masas depauperadas del mundo, se convierten en manos del capital en formas de explotación propias del siglo XIX. Este potencial que permitiría el florecimiento de toda la personalidad humana, de la creación, de la cultura y el arte se convierte en trabajo forzado en las nuevas factorías de Amazon, plataformas como Uber, las telecomunicaciones como Telemarketing o en las subcontrataciones en la industria. O simplemente llevará a sectores del mundo del trabajo a un desempleo permanente, con momentos temporales de empleo precario, subsistiendo con los subsidios del Estado u ONG.
Una vez más se nos va a mostrar la disyuntiva de socialismo o barbarie. Las nuevas tecnologías pueden ser un progreso enorme en manos de la sociedad y de la clase trabajadora. Y ésta, es la única clase que podrá resolver y transformar la sociedad derrocando el capitalismo. Tendrá que dotarse de un programa de lucha y de reivindicaciones que prohíban los despidos, los ERE, reparta el trabajo entre todos y todas sin bajar los salarios, controlen los trabajadores la contabilidad y la producción y asuma el Estado los sectores fundamentales de la economía como la banca y la energía, expropiándolos sin indemnización a los grandes capitalistas y que permita unir a los trabajadores en su lucha por la emancipación de la humanidad.

 

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