La crisis del capitalismo se mantiene y se agrava, ¿qué futuro para el mundo del trabajo y las clases populares?

     Cada viernes el gobierno anuncia medidas brutales que aceleran el empobrecimiento de las familias populares, de los trabajadores, de los pensionistas. Su cinismo es tal que dice que son reformas para luchar contra el desempleo. Sin embargo, son medidas que hunden toda la sociedad. Desde hace 5 años, los gobiernos pretenden que estas medidas van a acabar con el paro y salvar la economía evitando la ruina.

     Pero lo único que hacen es robar el dinero de los bolsillos de los pobres para sostener a los bancos con miles de millones. El rescate de Bankia ha costado 30.000 millones de euros, es decir, los recortes sufridos en Sanidad y en Educación. Los 100.000 millones que van a los bancos o el rescate de 300.000 millones de euros que van a pedir ahora lo pagaremos todos los trabajadores y en especial los más débiles.

Y ¿cuál es el resultado de esta política?, ¿se ha acabado el paro?, ¿se han renovado los servicios públicos?, ¿la sociedad progresa? No, todo lo contrario. El paro alcanza los 6 millones y, tanto en los servicios públicos como en las empresas, nunca la situación fue tan mala como ahora. Pero ellos quieren seguir, y seguirán al servicio de los poderosos, hasta que los paremos diciendo ¡basta ya!

Se debe y se puede parar estos ataques del gobierno y de la patronal.

Frente a los despidos y al paro, debemos luchar para prohibir los despidos y repartir el trabajo entre todos, sin bajar los salarios. Hay que rechazar también los recortes y bajadas de salarios y exigir la apertura de las cuentas de los bancos, administraciones y empresas para que veamos que hay dinero, mucho dinero, que se podría utilizar para crear empleo y para mantener nuestro poder adquisitivo. Toda la riqueza que existe en la sociedad la hemos creado los trabajadores y las clases populares y proviene del trabajo. Y pueden permitir que todos vivan bien, sin que unos trabajen hasta la extenuación a base de hacer horas y horas y que otros se queden sin trabajo y sin ningún recurso.

El futuro de la sociedad no puede ser el que nos prepara el gobierno y el capital financiero. Es otro futuro el que debemos preparar los trabajadores y para ello hay que empezar con nuestras luchas cotidianas, con nuestros esfuerzos para organizarnos en todas las empresas, todos los barrios y discutir de lo que podemos hacer ahora y luego. Desde hace dos años los numerosos movimientos de todo tipo, las manifestaciones, las huelgas y las luchas demuestran que somos una multitud los que pensamos que no podemos aceptar pagar una crisis que no es la nuestra. Ahora debemos tomar conciencia de que somos una fuerza que no se puede parar si se mueve junta, si se une. Esta fuerza puede cambiar todo y preparar otro tipo de sociedad.