Pensiones para vivir dignamente

Las cuantías de las pensiones disminuyen, en algunos medios ya se alertaba de una caída constante de las pensiones públicas durante los próximos años. En 2050 repercutirá en una pérdida del 30% de su valor, afectando por igual a la pensión máxima y a la mínima. Así estas habrán descendido un 6,3% sólo en cinco años, en todos los tramos de cuantías y hasta un 8,9% en 2025; intensificándose la pérdida a medida que pasan los años.

Para efectuar los cálculos se han manejado tres factores: la inflación media anual, el crecimiento medio anual y la evolución demográfica, que en España tiende a una reducción poblacional además del envejecimiento. Las cuotas a la seguridad social, principal fuente de financiación de las pensiones, han ido disminuyendo, por la caída de las cotizaciones: el paro lleva estancado tiempo en torno a los cuatro millones y la situación laboral de los trabajadores en general cada vez es más precaria.

La creación de empleo precario y mal pagado genera riqueza solo para los empresarios, exprimiendo al máximo al trabajador. Aunque se eleve la cifra de afiliados a la Seguridad Social, con sueldos bajo mínimos, las cotizaciones también lo son. Además de la destrucción de empleo estable, el empleo a tiempo parcial ha aumentado un 11% en los últimos cinco años. De nada le vale al gobierno presumir de crear medio millón de puestos de trabajo en los nueve primeros meses del año. Aumentar los topes mínimos y máximos de cotización es otra vuelta de tuerca a los trabajadores, que ya barajan empresarios y gobierno para salvar —dicen— la hucha de las pensiones.

Hay que destacar que el número de empleados no aumenta en la proporción que debería, mientras el número de pensionistas y el gasto en pensiones no dejan de crecer. Este año pasado teníamos una cifra de afiliados similar a la del año 2009, pero deben soportar un millón de pensiones más que ese mismo año. Con respecto al año 2015, las cotizaciones deberían haber aumentado a un ritmo del 16%, para cubrir sus objetivos, pero lo están haciendo a un escaso 3%. Con ello los cotizantes aportan 5 mil millones de euros menos a la Seguridad Social. La principal fuente de sostenimiento del sistema fiscal proviene de los trabajadores, que con sus impuestos y rentas del trabajo aportan más del 80%, el resto lo aportan las grandes empresas y grandes fortunas. El peso de la carga se agrava a medida que la crisis se alarga. La clase trabajadora pierde poder adquisitivo, mientras sus salarios están siendo recortados y se carga contra ella el mayor peso impositivo y del gasto.

Sin embargo los gobiernos rescatan a la banca, favorecen a las grandes empresas y consienten el empeoramiento de las condiciones laborales. Si hay desigualdad, y la clase trabajadora se lleva la peor parte, es porque la élite empresarial tiene en los gobiernos su gran aliado, presto a satisfacerla. Un ejemplo claro de ello es el robo efectuado a través de las eléctricas, que causa muertes directas e indirectas entre quienes no pueden abonar las elevadas facturas. Gobierno y patronos fingen un escenario de acusaciones mutuas, pero nos consta que la vida de las personas les vale los dividendos que se reparten los accionistas, entre ellos cargos políticos con plaza. Luego todo queda en nada. ¡Es inaguantable!

Para marear la perdiz y de paso volver a favorecer a las empresas privadas, el gobierno recomienda la autofinanciación y los planes de pensiones privados; empuja a la clase trabajadora al mar de las pensiones privadas, donde sólo podrán sostenerse aquellos de mayor poder adquisitivo. El gobierno, como siempre más afín a los intereses patronales y a los lazos que le une, se decanta por la privatización. En lugar de imponer el reparto de la riqueza a los ricos, a las grandes empresas, en definitiva a los que pueden permitírselo, ahoga cada vez más trabajadores y pensionistas, empobreciendo a las familias.

El trabajo, las pensiones, los servicios públicos, no deberían ser usados para otros fines que no sean los intereses de la clase trabajadora en su conjunto, porque constituyen la mayoría de la población. ¡Basta ya de abusos y explotación! ¡Exigir no la caridad, sino trabajos dignos, vida digna, vivienda digna! ¡Por el pan, el trabajo y el techo!