La Europa de Schengen: más policía, más fronteras

El lunes 25 de febrero en Ámsterdam, los ministros europeos de Interior afirmaron todos su voluntad de “salvar Schengen”. El espacio de Schengen comenzó a funcionar en 1995, para suprimir las fronteras comunes entre los países integrantes y establecer controles comunes en las fronteras exteriores de esos países. Pero todas las medidas mencionadas o puestas en marcha en el nombre de la lucha contra el terrorismo o para oponerse a la entrada de los inmigrantes tienen por consecuencias debilitar la libertad de circulación y restablecer las fronteras internas a la Unión europea.

“Si no queremos que Schengen se derrumbe, tenemos que actuar rápido y que no nos tiemble el pulso”, declaró el ministro del Interior francés Bernard Cazeneuve, que exigió el reforzamiento del control sobre las personas que transiten por el territorio europeo, especialmente sobre los nacionales europeos. La consecuencia de esa multiplicación de las medidas policíacas es vaciar de todo contenido aquella “libertad de circulación” que los dirigentes europeos venden como uno de los “valores fundamentales” de la UE.

Las primeras víctimas de esta política de una Europa fortaleza y cada vez más policíaca son los inmigrantes. En muchos países las condiciones de entrada se endurecen. Traspasando los límites de la inhumanidad, el gobierno danés así como ciertas regiones de Alemania quitan una parte de sus bienes a los refugiados que llegan.

Sin embargo, aunque siendo más hipócritas, todos los dirigentes europeos muestran la misma inhumanidad cuando exigen de Turquía que sea más “eficiente” a la hora de controlar sus fronteras con Europa. Saben perfectamente que aquello implica violencia y brutalidad contra los inmigrantes y encerrarlos en campos con condiciones precarias. Aún más precarias teniendo en cuenta que los dirigentes de la UE se niegan por ahora a pagar los 3 mil millones de euros prometidos al gobierno turco por la financiación de tal política.

Cuando exigen de Grecia que sea capaz de bloquear el flujo de inmigrantes, es el mismo cinismo. Frente a las críticas formuladas contra su país, el ministro del Interior griego declaró, con razón, “¿Acaso quieren que les dejemos ahogarse?”

Pero ese tipo de consideraciones no conmocionaron a sus homólogos europeos, que estudian la manera de reforzar la frontera entre Grecia y Macedonia, aunque este último país no pertenezca a la UE. Siempre en el nombre de la lucha contra la inmigración, los ministros pusieron en marcha un proceso que podría llevar al restablecimiento de los controles en las fronteras internas del espacio Schengen durante un periodo de 2 años por lo menos.

Mientras los ministros refuerzan el arsenal policíaco, levantan muros y restablecen fronteras, decenas de miles de mujeres, hombres y niños siguen llegando a las puertas de Europa, condenados a arriesgar su vida ahogándose o a pudrirse en campos cada día más numerosos.