La escalada militar en Oriente Medio y la respuesta internacional a la catástrofe en el Himalaya evidencian las prioridades de unas potencias capaces de financiar guerras multimillonarias pero incapaces de proteger lo más básico.
La política imperialista ha vuelto a mostrar su cara más cínica: en cuestión de horas hemos conocido el horrible Tsunami de piedras y lodo Nepal (parece que debido a la rotura de un glaciar) y la reanudación desde julio de los ataques en Irán, por parte de EEUU.
Las imágenes de Nepal son horripilantes, es una catástrofe sin precedentes: personas corriendo para salvar su vida mientras una avalancha de lodo cubría edificios de varias plantas. Miles de personas han quedado atrapadas por días y las labores de rescate se dificultan por el terreno montañoso. La cifra oficial de muertos supera los 800, aunque hay muchos más desaparecidos y la cifra irá subiendo.
Todavía es pronto para dictaminar la causa principal, pero es indudable que está relacionada con el cambio climático: el planeta se está calentando y más glaciares van a fundirse; catástrofes como estas van a ocurrir más a menudo (sobre todo en países pobres, con climas más extremos y que tienen menos recursos para hacerle frente, contaminando mucho menos que las grandes potencias).
Mientras tanto, EEUU e Irán han vuelto a intercambiar ataques directos. La tensión ha crecido después de que Washington bombardeara dos lanzaderas militares en la isla de Larak, en aguas del Golfo Pérsico, provocando una respuesta por parte de Irán.
Donald Trump, por su parte, ha avivado la confrontación en redes sociales subiendo un vídeo manipulado hecho con IA que simula el bombardeo y la destrucción total de instalaciones iraníes («blown to smithereens» o volado en pedazos).
Este despliegue de fuerza se basa en una base financiera colosal, ya que el presupuesto militar de los Estados Unidos supera holgadamente el billón de dólares anuales, una cifra astronómica a la que se suma el coste de mantener una campaña de hostigamiento a Teherán, todo para mantener los intereses energéticos occidentales en la región.
Por comparar, Unicef ha estimado que se necesitan de forma urgente 17,2 millones de dólares para poder desplegar ayuda humanitaria básica, comida y refugio para los menores afectados de Nepal. Lo que representa un 0,00172% de lo que Estados Unidos gasta anualmente en su maquinaria de guerra.
La ayuda prometida por las potencias occidentales, sin embargo, está muy lejos: la Unión Europea ha prometido una ayuda de 2 millones de euros, mientras que los Estados Unidos han asignado la ridícula cantidad de 500.000 dólares.
Una vez más, en el capitalismo, la vida humana no vale nada, los beneficios empresariales, TODO.

