Después de Francia, España es el segundo país con más inversiones en el país magrebí, hay más de 360 empresas españolas con producción deslocalizada o filiales estables en Marruecos, de las cuales un porcentaje significativo pertenece de forma directa o indirecta al sector agrícola y agroalimentario. Entre ellas, cabría citar EBRO Food (Arroces El Brillante y SOS, entre otros); Grupo Borges; Agroatlas – Nature Growers (hortalizas en particular judías verdes); Alicomar, de capital hispano-marroquí, dedicada a la elaboración y envasado de salsas, encurtidos y conservas vegetales bajo marcas como Bangor; Friopuerto Tánger / Frigodar, soluciones logísticas, almacenes de frío y transporte por carretera…
Destaquemos Inditex en el sector textil marroquí con unos 200 proveedores y 90.000 empleados. Inditex agrupa empresas bajo su mando creando una red que trabaja para ella. Técnicamente se le llama clúster a esta agrupación y de los doce que tiene distribuidos por el mundo, Marruecos alberga uno de ellos. No hay que decir que es la mano de obra barata la que hace que Zara mantenga los beneficios mil millonarios y Amancio Ortega sea uno de los grandes multimillonarios del mundo.
Como hemos escrito en el artículo anterior, el salario mínimo mensual legal fuera del sector agrícola es de unos 320 euros, mientras que el salario mínimo agrícola asciende a aproximadamente 9 euros por día. Con estos salarios se comprende bien los intereses de la burguesía española y su gobierno “de progreso”.
La economía capitalista en Marruecos está dominada por el rey, uno de los hombres más ricos de África, quien, a través de su propiedad de Al Mada, el conglomerado más grande del país, controla e influye en una parte sustancial de la economía. Las participaciones de Al Mada incluyen el banco más grande de Marruecos, Attijariwafa Bank; la empresa minera Managem; las cadenas minoristas Marjane y Acima; y participaciones importantes en los sectores agroindustrial, del cemento, inmobiliario y de materiales de construcción.
La burguesía marroquí cada vez más ligada a las burguesías francesa y española mantiene ese tira y afloja con su rey al mando, en sus reivindicaciones del gran Marruecos en un enfrentamiento con Argelia y el Frente Polisario del antiguo Sáhara español. De ahí su ligazón política con el imperialismo de EEUU e Israel. Por ello la reivindicación marroquí de Ceuta y Melilla se compensa con la cesión del Sáhara por España a cambio del control de fronteras e inversiones económicas.
En estos intereses la clase trabajadora española y marroquí no tiene otra salida que la solidaridad internacionalista, contra aquellos que de verdad nos explotan en España y en Marruecos que no son más que la burguesía y sus políticos de un lado y otro del estrecho.

