Alemania, tras las elecciones, los problemas de los trabajadoderes continúan

En Alemania, los dos grandes partidos que se reparten el poder desde hace años, el SPD (socialdemócratas) y la CDU/CSU (conservadores), se impusieron en las elecciones parlamentarias del 26 de septiembre. El SPD obtuvo el 25,7% de los votos y la CDU/CSU de la canciller Merkel el 24,1%, sumando la mitad de los votos. Sin embargo, sigue habiendo incertidumbre sobre la formación de una coalición que conduzca a un gobierno federal.
Aunque sus resultados son cercanos, las dinámicas de ambos partidos son muy distintas. Hace seis meses, el SPD rondaba el 15% en las encuestas, y ha protagonizado una inesperada remontada. La CDU ha seguido bajando y ha obtenido una puntuación pésima: nunca en la historia de la RFA había quedado por debajo del 30%.
En la noche de las elecciones, los líderes de los dos partidos, Olaf Scholz (SPD) y Armin Laschet (CDU), afirmaron que podían formar gobierno: esto significaba que el conservador Laschet no había renunciado a la cancillería. En este contexto, el tercer y cuarto partido, es decir, Los Verdes, que han pasado del 9% de los votos en 2017 al 14,8% en esta ocasión, y la llamada derecha liberal del FDP (11,5%), sienten que ha llegado su momento. Discrepando en muchos puntos, los Verdes y el FDP tienen muchas posibilidades de formar parte del futuro gobierno, en una coalición a tres bandas cuyo líder, sea el SPD o la CDU, sigue siendo incierto. Su apetito es tan grande que seguramente serán inventivos en el arte del compromiso.
La AfD (Alternative für Deutschland, extrema derecha), que entró con fuerza en el Bundestag en 2017, ha retrocedido ligeramente, pasando del 12,6% de los votos al 10,3%. Pero esto confirma su arraigo a un nivel no visto desde la posguerra. Con el tema de los migrantes, afortunadamente, sin mucho protagonismo en el debate, la AfD trató de capitalizar el descontento con las medidas sanitarias, prometiendo quitarse la máscarilla y no dudando en presentarse como defensora de la libertad.
Una semana antes de las elecciones, un hombre mató a tiros a un joven empleado de una gasolinera porque le había pedido que se pusiera la máscarilla. El asesino, que participaba activamente en redes cercanas a la AfD, dijo que las medidas para combatir la epidemia eran una “creciente violación de sus derechos”, una dictadura. Una vez más, vemos que una parte de la extrema derecha está dispuesta a pasar a la acción, y que los discursos de unos arman a los otros.
El candidato de la CDU, Laschet, reservó sus golpes para Die Linke, el llamado partido de la izquierda radical. Con Die Linke pidiendo la salida de la OTAN y apoyando la iniciativa de los berlineses para la expropiación (con indemnización) de las grandes empresas inmobiliarias, Laschet dibujó un cuadro de una Alemania aislada en la escena internacional, cuyos jefes huirían o cuyas viviendas se irían al garete.
¿Ha dado frutos esta campaña, retransmitida compla-cientemente por los medios de comunicación? Die Linke acaba de sufrir una fuerte caída de su electorado, con sólo el 4,9% de los votos, frente al 9,2% de 2017. Esta caída está probablemente relacionada también con el escaso movimiento hacia el SPD y los Verdes, pero la falta de perspectivas que ofrece Die Linke a los trabajadores, ya que sólo espera participar en el gobierno, puede haber influido. Además, Die Linke, que dice representar a los pobres, especialmente en el Este, ha visto cómo algunos de sus portavoces adoptaban posturas hostiles a la llegada de inmigrantes.
En cualquier caso, en el ámbito de los líderes políticos, Merkel sigue en el cargo hasta que se forme una coalición para formar gobierno. Sea cual sea el resultado de la negociación política, no cambiará la situación del mundo laboral, que ha seguido deteriorándose. También en Alemania, la crisis económica y sanitaria ha supuesto planes de despido, especialmente en la industria del automóvil, y una caída del poder adquisitivo de las clases trabajadoras, que se han visto abocadas a la precariedad laboral y a la caída de los salarios, así como al aumento de los alquileres. Los regalos a los capitalistas han sido pagados por la población, por la pobreza de las inversiones en infraestructuras y la reducción de las subvenciones a las comunas y cantones, siendo la catástrofe climática del principio del verano un doloroso ejemplo.
Es seguro que los grandes partidos burgueses en el poder continuarán esta política.

Traducido de Lutte Ouvrière

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