Reivindicar la revolución social de 1936 es fundamental para las nuevas generaciones que viven, en un relato descontextualizado de la lucha de clases, lo que supuso dicha revolución y aprecian las situaciones económicas y sociales actuales, desde el prisma de las clases dominantes y sus ideologías. Desde la izquierda oficial se publicita un golpe de estado contra la democracia y se desmiente el bulo de que el golpe de estado franquista fue la reacción a una revolución obrera y jornalera en ciernes, como la derecha y extrema derecha vocean.
La conspiración monárquico-fascista y en general de las derechas, se estaba preparando desde hacía 5 años, prácticamente desde el inicio de la II República con ayuda de Musolini y más tarde de Hitler. Pero la historia de la sociedad tenemos que analizarla desde los hechos y los procesos sociales de la guerra de clases que hubo en su momento, porque son los conflictos de clases, los conflictos sociales, los que en última instancia determinan los conflictos políticos. La preparación del golpe era el arma oculta de la burguesía española, la iglesia y los terratenientes, que temían ser derrocados por una clase trabajadora que asumía desde hacía años su papel reivindicativo, contra esa clase dominante y que inició un periodo revolucionario para cambiar una sociedad en manos de una casta feudal y religiosa, de una burguesía que explotaba sin perdón a los trabajadores.
Las ocupaciones de tierra exigiendo reforma agraria, la colectivización de la gran industria, de la banca etc., eran reivindicaciones puestas en marcha en un proceso de lucha que se inicia aproximadamente desde las insurrecciones de jornaleros en la Andalucía del siglo XIX, como los Sucesos de Jerez de 1892, la Semana trágica de 1909 en Barcelona contra la guerra de Marruecos, la huelga de la Canadiense en 1919, o la revolución de Asturias de 1934. Era el proceso de la guerra de clases en España que avanzaba sin freno y hacía temer a las clases dominantes su derrocamiento.
Por todo esto, aunque ahora desde las filas de la intelectualidad oficial y de la izquierda en el gobierno, aparezca la idea de que fue un golpe militar contra la democracia republicana, que lo fue, no es menos cierto que los seis años de república sirvieron a las clases dominantes para entender que era imposible una república liberal burguesa tipo Francia, o una monarquía parlamentaria como Gran Bretaña. La revolución Rusa de 1917 había abierto la posibilidad real de un cambio revolucionario a favor de la clase trabajadora en el mundo. El fascismo, las dictaduras de la época y finalmente la II Guerra mundial no fueron más que consecuencias de esa guerra de clases en un proceso de crisis total de la sociedad capitalista.
El golpe abrió las puertas de la revolución social
Al día siguiente del golpe militar de 1936, el 19 de julio, los trabajadores desde las grandes ciudades hasta pequeños pueblos, tomaron en sus manos la lucha contra el golpe fascista exigiendo y tomando armas, fábricas, tierras y convirtiendo iglesias y monasterios en espacios públicos, almacenes de abastos colectivos, cuarteles o sedes populares. Los trabajadores y trabajadoras dejaron de obedecer al gobierno del Frente Popular que pedía tranquilidad y que en un principio se negaba a dar las armas al pueblo. En Málaga, por ejemplo, incendiaron los edificios cercanos al cuartel golpista Capuchinos obligándolo a rendirse, como en Madrid con la toma del cuartel de la Montaña, o en Barcelona derrotando a Goded, a la Guardia Civil y demás golpistas.
Fue el pueblo obrero en armas el que paró el golpe y convirtió lo que podría ser un golpe de estado tipo Chile en 1973, en un vendaval revolucionario que concluyó en guerra civil con fábricas expropiadas, colectividades organizadas y todo ello gestionado por comités revolucionarios, órganos de poder de la clase obrera. Eso es precisamente lo que ahora no se dice, no se escribe, no se difunde ni publica: la evidencia histórica de una sociedad que se organizó sin jerarquías impuestas, y organizó la lucha contra el fascismo, la clerigalla y la burguesía.
Por ello es imprescindible recordar este 90 aniversario de la guerra civil sin exagerar ni condenar, sino comprendiendo y explicando. Comprender el pasado desde las posiciones sociales de clase del pueblo trabajador.

