Los límites del sindicalismo, el reformismo y la burocracia sindical
Los sindicatos son históricamente las primeras organizaciones obreras de defensa de los asalariados. Para los trabajadores es la asociación y la solidaridad la base necesaria para conseguir mejorar las condiciones de vida y frenar los ataques de la patronal y del gobierno.
En el sistema capitalista la producción de mercancías necesarias para el mantenimiento de la sociedad se hace mediante la relación entre el empresario o propietario de capital y los contratados por un salario, los trabajadores. En otros términos, el propietario de dinero/capital invierte en fuerza de trabajo, es decir, mano de obra, maquinaria, terrenos, materias primas etc., para obtener unas ganancias, acumular capital y reinvertir. Las ganancias se realizan una vez que se han vendido las mercancías en el mercado.
El desarrollo de la sociedad capitalista, que comenzó hace apenas 300 años, ha significado un progreso enorme respecto a las sociedades anteriores y en concreto de la sociedad feudal en la Edad Media de la cual nació. Como el capitalista tiene que vender más y hacerlo lo más barato posible en el mercado y como consecuencia obtener los máximos beneficios, está obligado a desarrollar tecnológicamente sus medios de producción para producir más y más barato y además reducir los costes laborales lo máximo posible.
Por ello, los salarios no son el pago por lo que produce el trabajador, sino el dinero necesario, en una sociedad o país dado, para reponer sus fuerzas físicas e intelectuales y producir. Ello significa que el salario es el valor monetario de la mercancía fuerza de trabajo, es decir lo que vale reponerse: pagar piso o casa, comer, vestirse, formarse etc., para que el trabajador vuelva al día siguiente.
De ahí concluimos que son los trabajadores los productores colectivos de todas las mercancías, de toda la riqueza social y los capitalistas/ empresarios se apropian, -la propiedad privada de la parte no pagada a los trabajadores. Esto es la plusvalía, que no es más que la diferencia entre la masa salarial y el valor total de la riqueza producida colectivamente, y que producen los beneficios empresariales. Es decir, el beneficio capitalista no sale de vender productos a buen precio, sino de no pagar el verdadero valor de lo que genera y producen sus trabajadores.
La diferencia de lo que paga a los trabajadores, y lo que realmente vale el trabajo de estos es la plusvalía, y ahí reside el beneficio capitalista. Esto es el núcleo de la explotación social, la base de la desigualdad y del poder económico y político, de la burguesía. Es así porque la única fuente de valor es el trabajo colectivo y social.
Entonces, el capital no es más que trabajo acumulado de trabajadores que socialmente está en manos de los propietarios de capital. Es imposible terminar con la desigualdad social, con la explotación, si no terminamos con la dominación del capital.
Por ello la lucha de clases. El capitalismo sólo funciona si se valoriza el capital, si se obtienen beneficios y estas ganancias se acumulan en manos de los dueños de los medios de producción, accionistas, empresarios, altos directivos etc.
Esta situación y dinámica lleva necesariamente a las crisis porque la producción se expande más que lo que la solvencia del mercado y los trabajadores puedan consumir. (…) De ahí que la lucha de clases obliga siempre a los trabajadores a combatir para exigir mejorar o no disminuir las condiciones de vida y de trabajo. Para defenderse del capital la lucha más elemental es la sindical, porque es la lucha por mejorar y valorar nuestra fuerza de trabajo, nuestro salario, directo e indirecto o en contra de los despidos(…).
¿Entonces, cuáles son los límites de la acción sindical y del sindicato como organización?
La organización sindical tiene como base la empresa. En nuestras sociedades está reglamentada por ley la acción y negociación con la patronal. Los representantes sindicales de los trabajadores son los encargados de negociar, de ser los intermediarios, los abogados de los trabajadores respecto a la patronal.
Esto se hace en los convenios, que son los contratos colectivos de trabajo y que permiten obtener de los empresarios más o menos salario. Es decir, mejorar nuestra mercancía fuerza de trabajo. La huelga muestra la fuerza del mundo del trabajo. Es la herramienta que puede doblegar a la patronal porque enseña que, quién trabaja y quién produce son los trabajadores y si no se produce el capitalista pierde dinero, lo invertido y no obtiene ganancias. Muestra que el capitalismo parasita el mundo del trabajo.
Este es el primer límite. Por mucho que valoremos nuestros salarios siempre tendrá el tope de los beneficios empresariales. Si no hay beneficios no hay capital. El capitalista se lleva el dinero a otra parte y se acabó lo que se daba. Para ello está el Estado, para proteger la propiedad del capital. Reformas laborales, leyes etc., protegen al capital, lo subvencionan con dinero público, con obras públicas, privatizando servicios etc., etc., etc.
Con el tiempo el sindicalismo tuvo que organizarse y salir del ámbito de la empresa, del oficio, del sector y llegar a toda la sociedad y desarrolló la huelga general de masas. Las huelgas de este tipo desarrollaron una base social y una conciencia de clase tal, que permitió el triunfo de la Revolución Rusa. En España el ejemplo está en la huelga de la Canadiense de 1919.
El despido de trabajadores en una sección de la empresa en Barcelona provoca una solidaridad en toda ella y de ahí a todas las empresas de Barcelona y el apoyo de los barrios obreros. La solidaridad y la lucha consiguió al cabo de los días las 8 horas por primera vez en España. Esto fue posible porque la CNT organizó a los trabajadores como sindicatos únicos de sector y rama. Es la acción directa. ¡Si tocaban a uno tocaban a todos! Esta práctica fue contrarrestada por la patronal a través de la represión del Estado. Martínez Anido, gobernador militar y civil de Barcelona organizó la represión (…), (que) terminó con el golpe de Estado de Primo de Rivera en 1923.
Este es el segundo límite del sindicalismo: si la clase trabajadora no se organiza para tomar el poder político, el Estado terminara masacrando a toda la vanguardia obrera. Desde la comuna de París de 1871, las revoluciones derrotadas y traicionadas, la guerra civil del 36 o Chile de Allende, muestran este límite.
De esta lección histórica, nace la necesidad de conquistar el poder político de la clase obrera, nace la herramienta fundamental para la revolución social: el partido obrero. Por ello el sindicato no tiene el programa, ni los militantes formados, ni el ámbito político extenso para poder dedicarse exclusivamente a esa tarea. De ahí que fuera necesario construir partidos obreros que complementaran la lucha sindical en una división entre la lucha económica y la lucha política.

