Un mundo habitable y comunista

Los últimos pronósticos, que alertan sobre las consecuencias irreversibles del cambio climático para nuestro planeta, están despertando conciencias entre la población en muchos países y se observan movilizaciones en este sentido.
Greta Thunberg, estudiante sueca de 16 años, inició su particular huelga estudiantil en agosto pasado, empezó reclamando a su país medidas reales contra el cambio climático. Su gesto ha prendido como la pólvora en las redes sociales y entre miles de estudiantes de varios países.
Las consecuencias del incontrolado modelo de producción capitalista saltan a la palestra continuamente: la obtención de materias primas, a costa del deterioro sin control para el medio ambiente y dando lugar a la sobreproducción, de productos y de desechos. La base sobre la que funciona el sistema capitalista se basa en el beneficio, la acumulación de capitales y para ello necesita dar salida a infinidad de productos.
Sin embargo, el nivel de renta de la mayoría de la población trabajadora no le permite asimilar muchos de esos productos. Pero el mercado capitalista genera muchos más bienes y servicios. Muchos, al alcance sólo de unos pocos y mantiene la especulación con gran parte de los más necesarios. De resultas, el capitalismo no puede abastecer a gran parte de la humanidad a pesar de la sobreproducción. Este círculo vicioso acapara, a nivel mundial, materias primas y se lleva por delante los ecosistemas naturales.
El capitalismo impone asimismo condiciones laborales de explotación en los centros de trabajo y en general somete a mujeres y hombres, dándose la explotación infantil en muchas zonas del mundo. Todo ello por un único objetivo: producir más y mejor que la competencia, aunque muchos productos ni siquiera pueden ser adquiridos por esa población explotada.
La humanidad está expuesta pues a las consecuencias de merma constante de su hábitat natural. Los cultivos que ya están padeciendo su agotamiento, las aguas de ríos y mares son contaminadas y “plastificadas” y el aire que respiramos es cada vez más tóxico debido a los gases de la industria y la locomoción. Hay quienes piensan que empresas y gobiernos deben tomarse en serio los problemas y deben tomar medidas para cambiar la actual situación.
Si bien, son precisamente empresas y gobiernos los que están en el punto de mira, tanto de las sociedades científicas, como de los organismos ecologistas y ahora también de las protestas de los jóvenes. Hay que empezar a decir que la única manera de evitar esta previsible catástrofe es oponerse al actual sistema de producción capitalista, para en su lugar imponer un sistema socialista, donde la población gestione todos los resortes de la economía, la producción, los servicios… atendiendo a las necesidades sociales y no del dinero.
La humanidad, pues, solo tiene como salida el socialismo. Tendrá fututo si los que hacen posible que todo funcione, es decir la clase trabajadora, se organiza y se impone como tarea planificar la producción, los servicios, la distribución. El capitalismo, como vemos, nos llevará a la barbarie y la destrucción.