Intervenciones de los grupos invitados de la UCI

Bund Revolutionärer Arbeiter (Unión de los Trabajadores Revolucionarios, Alemania)

Un tema ha dejado una huella profunda en Alemania, no solo en la actualidad política, sino en la misma vida diaria: los más de un milión de refugiados que llegaron en el año 2015, especialmente desde septiembre. En las ciudades, los refugiados viven por centenas en los gimnasios, campamientos, estadios o mercados. Una ciudad como Munich cuenta con 52 de estos centros, cada uno agrupando entre 100 y 1.200 refugiados.

La llegada de los refugiados provocó una profunda solidaridad. Todos vieron como los primeros trenes de refugiados estaban acogidos en las estaciones por miles de personas llevando pancartas “Refugees welcome”, “Refugiados bienvenidos”. Esa ola de solidaridad no ha sido anecdótico. Sigue todavía y es más bien apoyado por el gobierno.

Hay varios centenas de miles de personas que, de una forma u otra, se dedican a ayudar a los refugiados: son asalariados, jubilados, estudiantes, parados que organizan la recolecta y el reparto de ropa y de comida, dan clases básicas de alemán, aprenden ellos mismos el árabe, juegan con los niños, organizan torneos de fútbol entre refugiados y jóvenes del barrio, ayudan a los refugiados con los trámites, incluso alojan a uno o varios refugiados en su casa.

Y menos mal. Su ayuda es imprescindible, teniendo en cuenta que el servicio público no da abasto con la situación. Hubo tantos recortes de puestos de trabajos en los últimos años que era ya complicado asegurar el funcionamiento diario. En una situación excepcional como la que vivimos, está completamente desbordado.

Los refugiados tienen que esperar por lo general seis meses la cita para entregar la solicitud de asilo… y un año más para que se tramite. En las escuelas, se busca desesperadamente a profesores para abrir las clases de acogida que necesitan los 300.000 niños refugiados, y también para los niños de algunos centenas de miles de inmigrantes que llegaron en el mismo periodo. En cuanto a la vivienda, igualmente había ya una situación de escasez. sobre todo en las grandes ciudades, donde no se ha construido viviendas sociales desde veinte años. Así que los refugiados tienen que esperar meses y meses en aquellas tiendas de campañas o en los gimnasios donde tiene “habitaciones” de cuatro metros cuadrados sin puerta para una familia de cinco personas. Hubo las primeras manifestaciones de refugiados en los campamentos donde en las que se reivindicaba viviendas, el tratamiento de su solicitud y una escolarización más rápida de los niños.

Ante esta situación, el gobierno acabó por desbloquear varios miles de millones de euros para aliviar un poco a los ayuntamientos, las regiones, las escuelas que antes habían tenido que afrontar sólos estos nuevos problemas. Pero estas medidas no están a la altura de la situación. Las contrataciones por ejemplo, la mayoría precarias, no compensan sino una infime fracción de todos los empleos desaparecidos en los últimos años.

Y por supuesto el Estado no se va a encargar de la construcción de viviendas decentes y aquesible. Al contrario pone sobre la mesa nuevas subvenciones y deja ese mercado a las inmobiliarias, que podrán decidir ellas mismas si construir o no viviendas de alquiler social, y con que ritmo. Mientras tanto los propietarios se aprovechan de la escasez y de la angustia de los refugiados para alquilar viviendas que nadie quería (húmedas, con calefacción eléctrica muy cara).

Y no solo los propietarios. Las medidas del Estado permitieron el desarrollo de un verdadero negocio en torno a los refugiados. Muchos servicios relacionados con la gestión de las viviendas se privatizan: las empresas de restauración colectiva, de seguridad, las que alquilan autobuses y otras muchas se benefician de ello. Hasta surgió un nuevo tipo de empresas: las que proponen a los ayuntamientos soluciones completas para la acogida de refugiados.

Además, la patronal querría aprovechar la llegada de los refugiados para quitar leyes y bajar los sueldos: reivindica por ejemplo que el salario mínimo de 8,50 euros, apenas introducido, se suspenda, provisionalmente, para los refugiados. Por ahora no lo ha conseguido.

A raíz de aquello y por la sorpresa que provocó el hecho de que el gobierno de Merkel escoja acoger a los refugiados, al contrario de la mayoría de los demás países europeos, una parte de los medios de la izquierda ha sospechado detrás de esa actitud un interés económico: proporcionar a la patronal una mano de obra cualificada y barata.

No es cierto, ya que la mayoría de los refugiados no son médicos o técnicos sirios, sino obreros o campesinos. Muy pocos hablan inglés, y una parte, por ejemplo entre los afganos, no saben ni leer ni escribir. No es este tipo de mano de obra que necesita la patronal de la industria mecánica o química.

Lo que sí es verdad es que la búsqueda de una mano de obra era uno de las razones por las cuales su puso en marcha una política de asilo un poco más abierta a partir de los años 2011-2012, lo que benefició especialmente a los refugiados sirios o afganos. Fue uno de los factores por los cuales, el año pasado, cuando aumentó el número de refugiados, muchos de los que venían a Europa tenían como objetivo Alemania. Pero el verano pasado, cuando miles de refugiados que querían ir a Alemania se amontonaban en Húngria y cuando Merkel decidió suspender la regla que obligaba a los refugiados a solicitar el asilo en el primer país europeo al que llegaban, ya no era una elección económica. Era una mera reacción, ya que al final había que actuar.

Es verdad que varios factores facilitaron esa decisión. Hay ahora mismo una gran coalición, es decir que no hay ningún gran partido en la oposición que, por principio, se hubiera opuesto. Y también está la historia de Alemania: millones de familias tuvieron que huir de la guerra o sufrieron traslados forzados después de la Segunda Guerra Mundial. Otras vivieron la aberración del Muro y de las alambradas en el mismo país. Por lo cual, hasta la fecha, más de un 90% de la población piensa que hay que acoger por lo menos a los refugiados de guerra.

Estos factores contribuyeron a que se mantenga la política de acogida por ahora, a pesar de les escoges distintos de la mayoría de los demás países europeos y a pesar también de una presión importante desde una parte del mismo partido conservador (CDU, el partido de Merkel), especialmente desde la CSU, su partido hermano en Bavaria. La mayoría de los dirigentes de los dos grandes partidos (CDU Y SPD – Partido Socialista de Alemania) prefieren, por ahora, acoger a los refugiados antes que cerrar las fronteras y dañar de manera imprevisible la economía de la Unión Europea.

Pero buscan cada vez más reducir el número de refugiados, por otros medios. Por una parte, intentando rechazarlos y mantenerlos a toda costa y sin ningún escrúpulo al exterior de la UE, especialmente en Turquía.

En Alemania misma, la gran coalición vota cada día más leyes contra los refugiados con tal de disuadirlos de que vengan. se acaba de prohibir a una parte creciente de los refugiados, para dos años, el acercamiento familiar, es decir la posibilidad que vengan, legalmente, su mujer y sus niños. Y los gobernantes intentan expulsar rápidamente más y más, especialmente todos de la península balcánica y ahora también los del Magreb, cuyo número ha aumentado mucho en los últimos meses. Para estos dos grupos, quieren crear centros especiales de los que serían devuelto a sus países de origen a los quince días después de su llegada a Alemania. Y todo deja temer que aquellas medidas sean solo el principio.

Otra evolución que desgraciadamente es de temer, es que el contexto en Alemania y en Europa refuerce a la extrema derecha, hasta ahora poco presente en Alemania. Y el peligro, por ahora, no viene tanto de ese medio violento de extrema derecha que prende fuego a los centros de acogida en proceso de construcción o agrede a inmigrantes en la calle. Ese medio, que agrupa a unos miles de personas en Alemania, ha existido siempre. Por supuesto se ve reforzado por el contexto y multiplica sus acciones, pero del momento no deja de ser muy minoritario. El movimiento Pegida, con sus manifestaciones en contra de “demasiada inmigración” y contra la “islamización” es también muy minoritario. En Dresde es cierto que reúne a algunos miles de personas desde un año. Pero fuera de la región de Dresde, Pegida es inexistente.

De hecho, es a nivel electoral que parece que las cosas están cambiando. Un partido bastante reciente, la Alternativa para Alemania (AFD en alemán) mantiene desde un año un discurso abiertamente racista, de extrema derecha. Y parece encontrar ahora cierto eco. Hasta ahora los partidos de extrema derecho siempre se han quedado muy por debajo de los 5%. Pero en las elecciones locales de la región de Fráncfort del pasado fin de semana [el 6 de marzo], la AFD llegaron en tercera posición con un 12% de los votos. Y las encuestas prevén el mismo resultado para las elecciones regionales que tienen lugar este fin de semana [13 de marzo] en tres regiones.

La AFD se apoya, entre otras cosas, en la incapacidad del gobierno a la hora de tomar las medidas urgentes y necesarias ante la llegada de los refugiados, lo que da a algunos una sensación de situación caótica e incontrolable. Se apoya también en la amargura de los jubilados y parados pobres, especialmente en el este, a los que dicen desde años que “no hay dinero” para ellos, y tienen la sensación de que ese dinero el gobierno lo encuentra ahora para los refugiados. Luego la AFD hace el amalgama entre refugiados y criminales. Se apoya en los incidentes con bandas criminales, especialmente del Magreb, que, aprovechando la ocasión, vinieron con el millón de refugiados y pudieron por el caos en las administraciones alemanas procurarse hasta veinte identidades distintas. Es en torno a esas bandas, por cierto, que tuvieron lugar los acontecimientos de Coloña, cuando grupos de jóvenes robaron y agredieron sexualmente a varias centenas de mujeres.

Dicho eso, aun si las encuestas muestran que ciertas personas parecen sentirse representadas por la propaganda de la AFD, por ahora y por lo poco que podemos juzgar, no es para nada el ambiente dominante en las empresas y los barrios obreros. El hecho de que varias centenas de miles de personas ayuden a los refugiados y estén por lo tanto en contacto con ellos es positivo también por eso. Decir que, hasta ahora, los grandes partidos CDU y SPD contribuyen también a que no empeore el ánimo respecto a los refugiados. Después de lo de Coloña, SPD y CDU hicieron lo posible para calmar la situación y no crear un ambiente de odio y suspición generalizada.

Eso es lo que podría cambiar, ya que a partir de este fin de semana entramos en una serie de elecciones regionales que acabará, en septiembre de 2017, con las elecciones legislativas, las elecciones más importantes en Alemania. Y un resultado en torno a un 10% o más para la AFD empujará muy probablemente a los demás partidos hacia el mismo terreno. Nada más que las encuestas llevaron últimamente a que las cabezas de listas de CDU en las elecciones regionales reivindiquen una política migratoria “a la austriaca”, oponiéndose así a Merkel y a su propio gobierno al nivel nacional. Y el SPD ha empezado una campaña diciendo que no habrá que pensar solo en los refugiados, sino también en los pobres entre los trabajadores y jubilados alemanes. Tales discursos tendrán consecuencias sobre el ambiente general.

También hay otra evolución posible. La gran mayoría de los refugiados van a formar parte de la clase obrera. Estarán entre los más explotados, explotados como mano de obra barata que la patronal intentará utilizar para presionar y bajar los sueldos.

Habrá, por lo tanto, algunas centenas de miles de nuevos trabajadores. Mujeres y hombres que han trabajado en varios países distintos y se encuentran hoy en día en centros de acogida donde conocen a otros trabajadores del mundo entero, de Eritrea, del Kosovo, de Serbia, de Siria, de Afganistán, de Argelia. Mujeres y hombres que lucharon para cruzar fronteras, escapar de los militares y atravesar mares con la firme convicción de que en Alemania, todos podrán vivir y encontrar un trabajo… y van a enfrentarse pronto a la realidad del paro y de los bajos sueldos. ¿Cómo reaccionarán? No lo sabemos. En cualquier caso, podemos esperar que sean un refuerzo para la clase obrera en Alemania.

Workers’ Fight (Lucha Obrera, Gran Bretaña)

“To Brexit or not to Brexit”: ahora todos parafrasean a Shakespeare (“To be or not to be”) en Gran Bretaña. Parece que la clase trabajadora no tiene problemas más urgente, entre precarización, recortes en ayudas sociales y Sanidad, crisis de la vivienda…

Pero no importa. Los focos tienen que seguir fijados en el referéndum del 23 de junio sobre la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea, y en los discursos de Cameron sobre la necesidad de quedarse. En cuanto a los capitalistas, van al grano y multiplican las declaraciones contra el Brexit: hasta empresas de la industria automotriz como Ford, Nissan, Toyota y BMW que agitan amenazas de despidos.

Para no quedarse atrás, François Hollande vino apoyar a Cameron sugiriendo que la “Jungla” de Calais podría trasladarse a Dover en caso de victoria del Brexit. Poco importa que el acuerdo bilateral que permite a Cameron mantener a los refugiados en la entrada del Eurotúnel no tenga nada que ver con Europa. En cualquier caso, para Cameron como para Hollande, no se trata sino de un juego politiquero, aunque los dos temen las consecuencias imprevisible del Brexit.

El cálculo de Cameron es que, ante la oposición oficial de todos los partidos menos el partido soberanista UKIP, la victoria del Brexit es muy poco probable. Pero no es tan sencillo. Los contrarios a la Unión Europea siempre han sido numerosos dentro del partido conservador de Cameron. Muchas veces incluso tomaron la dirección.

Al día de hoy, la mayoría de sus miembros estarían a favor del Brexit, lo mismo que entre un 40 y un 60% de sus diputados y seis de sus 21 ministros. Pero sobre todo con la perspectiva del referéndum de junio subió un poco más la tensión en torno a la sucesión de Cameron, en 2020, y una parte de los candidatos a la dirección han aprovechado el tema del Brexit para ampliar sus base en el partido. Por otra parte, probablemente el electorado tradicional conservador esté mayoritariamente a favor del Brexit. Fue lo que permitió a UKIP llegar a ese electorado desde el 2013, en base a una demagogia ultra-nacionalista y contra la inmigración. Era en respuesta a esta competencia que Cameron prometió un referéndum sobre Europa, así como una disminución de la inmigración.

Después de casi un año de negociaciones, la reforma de la Unión Europea que Cameron decía, orgulloso, haber conseguido con no pocos esfuerzos, no hizo sino volver a afirmar los términos del contrato aceptados por los precedentes gobiernos. Desde el punto de vista de los Estados y de las burguesías implicados, no había por lo tanto ningún cambio. Pero si no podía satisfacer los prejuicios ultra-nacionalistas de su partido y su electorado, Cameron dio satisfacción a sus prejuicios xenófobos atacando a los trabajadores migrantes europeos, con la complicidad de los demás gobiernos de la Unión. De ahora en adelante, las ayudas sociales relacionadas con los niños de estos trabajadores que se hayan quedado en su país de origen serán recortadas. Sobre todo, los países de la Unión podrán pretextar dificultades económicas para quitar a estos trabajadores las ayudas sociales a los más pobres durante cuatro años. ¡Y Cameron tuvo la poca vergüenza de prometer que Gran Bretaña, uno de los tres países más ricos de Europa, utilizaría esa clausula!

Por supuesto este ataque contra los trabajadores europeos es de hecho un ataque contra el conjunto de la clase obrera. Aún más teniendo en cuenta que se contempla la posibilidad de extender la clausula de los cuatros años a todos los trabajadores llegando al mercado laboral, independientemente de su nacionalidad. Ahora bien, para millones de trabajadores precarios, las ayudas a los más pobres constituyen un complemento imprescindible.

Nadie puede decir lo que saldrá de este referéndum. Lo que sí se sabe es para la clase obrera no hay nada en juego. Los dos bandos representan políticas anti-obreras y xenófobas que la clase obrera no puede sino rechazar.

Éste no es el punto de vista de la mayoría de la extrema izquierda. Los dos grupos más importantes, el Socialist Workers’ Party (SWP, Partido Socialista de los Trabajadores) y el Socialist Party, se pronunciaron a favor del Brexit. Por mucho que estas organizaciones lo hagan en nombre de una “Europa socialista”, no vemos en que la vuelta al aislamiento británico podrá favorecer su causa. En cambio, asociándose al bando del Brexit, estas organizaciones dan crédito a los ataques de Cameron contra los trabajadores migrantes y el reforzamiento de la “fortaleza británica”. ¡Y eso en medio de la crisis de los refugiados, en la que el gobierno británico desempeño un papel especialmente indignante! Desde luego su postura refleja cierto oportunismo. Es más fácil ir a favor de la corriente que en contra de los prejuicios xenófobos, ya que esa xenofobia es real. Se nutra de la insularidad del país pero también de la pobreza de un parte de las clases trabajadoras que nunca han salido del país, incluso de la región en la que vive, por falta de dinero.

El otro acontecimiento relevante del año pasado ha sido la elección de un líder laborista que pertenece a la vieja izquierda de este partido, Jeremy Corbyn. Por supuesto aquello no cambia nada de lo que es el Partido laborista. El propio Corbyn, detrás de su lenguaje progresista, no es menos reformista y desconfianza de la clase obrera igual que sus compañeros de la derecha del partido.

La situación económica y social

¿Cómo está la situación económica y social? La tasa de crecimiento de la que el gobierno se jactaba tanto ralentizó pronto para bajar de nuevo al nivel de la media europea, según la OCDE. De todas formas, este crecimiento no benefició para nada a la clase obrera.

El gobierno puede jactarse de la tasa de empleo que alcanza un 74%, un récord desde 1970. Pero también hay que saber que cualquiera persona que haya trabajado por lo menos una hora en la semana se considera como empleada durante ese periodo. ¡Es decir que estos datos no tienen sentido ninguno! Más significativo es el hecho de que, mientras la tasa de empleo subía, los salarios reales bajaron casi en la misma proporción.

Ante esta situación, no se ve respuesta. El hecho de que los jóvenes médicos de los hospitales públicos, que no tiene fama de combatividad, hayan ocupado el primer plano del movimiento social poniéndose en huelga por primera vez en 40 años, dice mucho de esta situación. Igualmente es significativo que mientras la Sanidad es uno de los sectores con más afiliados a los sindicatos y donde la política del gobierno tuvo las consecuencias más graves, ningún intento hubo por parte de los aparatos sindicales para extender el movimiento de los jóvenes médicos a los demás trabajadores.

En la siderurgia, golpeada el año pasado por la supresión de uno de cada cuatro empleos, las cúpulas sindicales destacaron también por su cobardía. Se conformaron con mendigar ayudas del Estado y la instauración de protecciones aduaneras contra las importaciones chinas, para ayudar a esas pobres multinacionales de la siderurgia que no dudaban en quitar su empleo y su sueldo a miles de trabajadores.

En realidad, hace ya años que las cúpulas sindicales pretextan las leyes anti-huelgas para justificar su pasividad y buscan preservar sus buenas relaciones con los empresarios, incluso multiplicando las concesiones a expensas de los trabajadores. Así acabaron por desprestigiar la misma idea de acción colectiva a los ojos de muchos trabajadores. Este sentimiento ha sido reforzado por la inacción de los aparatos sindicales ante los ataques contra la clase obrera desde el principio de la crisis. Y el hecho de que no se haya propuesto nada contra la nueva ley anti-huelgas de Cameron no puede favorecer el moral de los trabajadores.

Aún así, si los trabajadores no tienen demasiado consciencia de su fuerza, no les falta combatividad. Un ejemplo, muy reciente, en la estación de trenes de King’s Cross en Londres. Desde noviembre del año pasado, los trabajadores de la multinacional danesa de la limpieza ISS se empeñaron en que su sindicato convoque una huelga por las contrataciones y las condiciones de trabajo. Tuvieron que mandar una delegación a la sede del sindicato y discutir con sus dirigentes a nivel nacional para que éstos acepten organizar una votación con respecto a la huelga. A raíz de esta votación, de la que salió una amplia mayoría a favor de la huelga, una huelga de 48 horas fue, por fin, acordada para el jueves 10 de marzo. Los trabajadores se prepararon, pero el día anterior se enteraron de que su huelga había sido suspendida por la dirección del sindicato, sin que ISS hubiera hecho cualquier concesión y sobre todo sin que los burócratas del sindicato se hayan molestado en preguntar por el punto de vista de los trabajadores implicados. Y eso que este sindicato se considera como uno de los más combativos, ¡uno puede imaginar la actitud de los demás!

L’Internazionale (Italia)

Cuando comentó el proyecto de reforma laboral en Francia y las movilizaciones del 9 de marzo (primera manifestación contra la reforma laboral en Francia), la prensa italiana habló de resistencia al Jobs act del gobierno francés, refiriéndose a la reforma laboral del gobierno de Renzi.

De hecho, las semejanzas son más relevantes que las diferencias, no solo entre Francia e Italia sino entre todos los países europeos cuando se trata de los que todos llaman “reformas” laborales. El gobierno de Renzi cumplió dos años jactándose de haber conseguido casi 800.000 creaciones de empleos más que nada, según ellos, gracias al Jobs act. Las paredes de las ciudades se cubrieron de carteles grandes que vendían este éxito y otros por el estilo. En realidad Renzi trapichea los números. Según el Instituo Nacional de Estadísticas, en 2015 se contó con 109.000 personas más con un empleo. El núñero total de parados sigue siendo de casi tres millones.

El gobierno en su propaganda insiste en que el Jobs act permite luchar contra el trabajo precario y que se han creado muchos empleos estables o fijos. En realidad, quitando las antiguas leyes que protegían a los trabajadores contra los despidos, se generalizó la precariedad, cambiando únicamente la etiqueta. Pero si a una botella de agua se le pega una etiqueta que pone “Chianti”, ¡no por eso se vuelve vino!

Los anuncios, las fanfarronadas, las demostraciones a golpe de ruedas de prensa, son una especialidad del gobierno de Renzi. Mussolini decía que en política basta con tres céntimos de mercancía y 97 céntimos de ruido. El jefe del fascismo parece desde luego un consejero muy apreciado de Renzi, com ode muchos políticos italianos.

Lo que sí es cierto es que el Jobs act, que se compone en buena medida de incentivos fiscales a las empresas, cuesta 18 mil millones al Estado. Una forma de trabajo precario que se disparó fue la de las contrataciones a través de los “vouchers”: son vales que el patron puede comprar en cualquier estanco. Un vale representa una hora de trabajo y cuesta 10 euros, de los cuales 7,5 van al trabajador y lo demás a las cajas de pensiones y seguridad social. Es una “cinización” de las relaciones de trabajo, escribió un periodista del “Espresso”. Se llame como se llame, esta forma de contratación permite a los patronos utilizar la mano de obra durante el tiempo justo necesario, sin más gasto que él de la compra de los vouchers. ¡En 2015, la utilización de los vouchers aumentó un 67,5%! Hablamos de más de un millón y medio de trabajadores, cuya edad media no para de disminuir. Cuando se introdujeron estos vales en 2008, era de 60 años para los hombres y 56 para las mujeres. Ahora ha bajado hasta, respectivamente, 37 y 34 años.

En cuanto a la situación política, vamos hacia elecciones locales en varias ciudades importantes tal como Nápoles, Roma y Milano. Las primarias del Partido demócrata, sistema copiado de los Estados Unidos para elegir a los candidatos, siempre dan lugar a curiosos incidentes: trapicheos, compra de votos, urnas llenas con boletines en blanco como en Roma para tapar la escasa participación.

Pero el centro derecha también se encuentra dividido, con conflictos, y no parece estar en situación de aprovechar realmente las dificultades del Partido demócrata.

Ocurre, por lo que podemos juzgar, un desfase cada vez más claro entre la política a nivel nacional y a nivel local. A nivel local, las coaliciones, alianzas y rupturas no coinciden con las agrupaciones a nivel nacional. Localmente lo que importa son los clanes, clientelas muy vinculadas al territorio y que aceptan llevar la marca de tal o tal partido después de negociar con éste los intereses que piensan defender.

Es dentro del Partido demócrata que esta tendencia parece más fuerte. Renzi constituyó se propio grupo dirigente, compuesto por arribistas que no tienen realmente una historia política definida, la mayoría jóvenes. Consiguio, por ahora, el apoyo de buena aprte de la “Confindustria” (la principal organización de la gran patronal italiana) así como del mundo financiero.

Habla de “partido de la nación”, pero se trata de un partido del poder, un poco a la manera de la antigua Democracia cristiana, aunque no tenga todavía ni la fuerza, ni los cuadros dirigentes, ni el apoyo de las organizaciones católicas que tenía antiguamente la Democracia cristiana.

Más allá de las fórmulas de gobierno, la estructura económica padece de las dificultades de toda la economía capitalista. Las debilidades tradicionales del capitalismo italiano profundizan el drama social de la crisis y refuerzan algunos de sus aspectos más criminales, tal como la colusión entre la mafia, los partidos políticos, los patronos y los órganos del Estado. Hace unos días, para mencionar el último ejemplo, se supo de un grupo compuesto por magistrados, expertos contables y agentes de la brigada financiera que suspendían investigaciones a cambio de importantes comisiones por parte de patronos. El país detiene el recórd europeo de la evasión fiscal. Algunos días antes, los medios de comunicación comunicaban que, según un estudio de la brigada financiera, entre una tercera y una cuarta parte de las adjudicaciones públicas son fraudulentas.

En cuanto a la política internacional, puede decirse que el gobierno italiano quiere aparecer lo más europeista posible respecto a la cuestión de los inmigrantes, mientras adhiere a la idea de confiar a Turquía el trabajo sucio de los campamentos de refugiados. Decir también que algunos han propuesto ya implantar industrias cerca de estos campamentos, ¡de manera a que se pueda aprovechar esta llegada inesperada de mano de obra barata!

Con respecto a Libia, el miedo que tiene la burguesía italiana es perder el control sobre el gas y el petróleo, por ahora explotados por la compañía italiana ENI. Por lo tanto se suceden actitudes más o menos belicistas, cuando es evidente que la administración de Estados Unidos querría implicar totalmente a Italia. La gran prensa tiene a menudo un tono más intervencionista que el gobierno.

Lutte ouvrière (Lucha Obrera, Bélgica)

Me costaría contaros algo muy original respecto a la situación política de Bélgica, pues los ataques de la patronal se parecen.
Casi en el mismo momento en el que la ministra El Khomri anunció la reforma laboral en Francia, el ministro de Empleo belgo, Kris Peeters, puso sobre la mesa diez puntos para “reformar en profundidad” el derecho laboral. Entre éstos un nuevo estatuto de “trabajador autónomo” que no sería completamente independiente sino que un patrón podría contratarlo para tareas concretas, sin preocuparse con obligaciones en cuanto a aviso previo o indemnización de despido, y que se le pagará según el trabajo efectuado y no por las horas de trabajo, como antes.

Con esto, el ministro quiere aprobar también antes del fin del año una ley que permitiría a las empresas saltarse el derecho laboral para ser más creativas (dice él) en temas de organización del trabajo. Después de un año o dos de este funcionamiento que abre la puerta a todos los chantajes, el ministro dice que se hará un balance con los sindicatos para reformar el derecho laboral en profundidad. Pero, al contrario de lo que pasó con el proyecto de ley El Khomri en Francia, el anuncio de este ataque decisivo contra el mundo del trabajo ha sido, hasta ahora, desapercibido.

Y es que los aparatos de los sindicatos no tiene ahora la intención de movilizar como lo hicieron a finales de 2014 y principios de 2015, cuando el gobierno había anunciado una congelación de sueldos y la jubilación a los 67 años… en 2030. Los sindicatos habían organizado en aquel momento una manifestación nacional, luego tres días de huelgas itinerantes en las provincias y finalmente un día de huelga general en todo el país.

El principal problema de los aparatos sindicales era que el gobierno decidía sin consultarles y manifestaba cierta voluntad de atacarse a sus intereses de aparatos vinculados al Estado burgués, como es la gestión de las prestaciones por desempleo. La movilización, estos días de huelga, paralizó la economía. Pero sin una participación masiva de los trabajadores de a pie. En realidad se trataba más que nada de piquetes organizados por los militantes sindicalistas en la puerta de las empresas y también en las carreteras para impedir que los trabajadores pudieran llegar al trabajo.

Una tradición en Bélgica es que nos dejamos de buen grado “impedir”. Pero la presión para llegar al trabajo a pesar de todo aumenta, por lo cual hubo pequeños choques con pequeños patronos o trabajadores poco conscientes. Por ahora, no hubo realmente intentos de la patronal para organizar a trabajadores no conscientes contra los piquetes, pero si el clima anti-sindical sigue degradándose como lo hace, podría ser la próxima etapa.

En esas “huelgas”, al principio de 2015, no hubo casi ninguna asamblea de trabajadores, ni discusión colectiva, y menos todavía votaciones en torno a las reivindicaciones. La movilización se limitó muchas veces a mandar sms con las convocatorias. Incluso ocurrió que los que querrían participar tuvieran que llamar varias veces para obtener fuese esta información.

Todo estaba hecho para que esta huelga no se convierta en la “escuela de guerra” de la que hablaba Engels. Así que al final, después de este año de “movilización social” decidida desde arriba, desde los aparatos, el nivel de consciencia ha seguido más bien bajando, y el desfase entre los sindicalistas y los trabajadores es mayor todavía. La patronal y el gobierno tienen ahora más margen. Los sindicatos se ven debilitados. Sería difícil para ellos repetir aquel “bluff” de la huelga general, con unas bases militantes que han agotado con una movilización desmoralizadora.

Además, el ministro Peeters, con su año de prueba, ofrece a la burocracia sindical una multitud de mesas de negociaciones con las que piensa entretenerla. ¡La concertación social está a salvo! Ni hace falta mencionar que, para los trabajadores, no puede salir nada de estas mesas sino retrocesos. Así, nada más que este año, los representantes sindicales han negociado ya cómo obligar a los enfermos de larga duración a que vuelvan al trabajo. Y ahora están liado con limitar un poco más el derecho a huelga. Es decir, cómo cortar la rama en la que están sentados.

Es en este ambiente de retrocesos y desmoralización que ocurrieron la crisis de los refugiados y los atentados de París, empeorando un poco más el clima y proporcionando a la burguesía la ocasión de hacer desfilar las fuerzas de represión a diario en las calles. Es que ellos sí saben que, tarde o temprano, vendrá una reacción por parte de la población y de los trabajadores. La misma burguesía le prepara el terreno.

Combat Ouvrier (islas francesas de Guadalupe y Martinica)

Hace 70 años, las islas de Guadalupe y Martinica se convertían en dos departamentos franceses, entidades territoriales como las hay en la Francia continental, pues se aprobó el 19 de marzo de 1946 la ley que transformó estas antiguas colonias en departamentos.

Durante los cincuenta años consecutivos a la ley de “departamentalización”, los trabajadores y las clases populares tuvieron que llevar a cabo numerosas luchas para conquistar los mismos derechos, o casi, de los departamentos de la metrópoli. Durante los treinta primeros años de este periodo, en Martinica y Guadalupe, los trabajadores sufrieron varias veces la represión sangrienta de las fuerzas coloniales. Los últimos episodios de asesinato de trabajadores en lucha son la masacre de mayo de 1967 en Guadalupe, durante una huelga del sector de la edificación, y la matanza de febrero de 1974 en Martinica contra los trabajadores del campo en huelga móvil en las plantaciones.

Desde esta ley de “departamentalización”, por primera vez, en diciembre de 2015 se produjo un leve cambio en el estatus de los departamentos ultramarinos. Se trataba de convertir los departamentos de Martinica y Guyana (un territorio francés ubicado al norte de Brasil) en dos colectividades territoriales: la Colectividad Territorial de Martinica (CTM) y la de Guyana (CTG).

En realidad esta pequeña modificación no cambia muchas cosas. Fue aprobada después de dos votaciones en las que se rechazó una autonomía política más extendida. Pero en diciembre de 2015, bastó con las elecciones de la nueva cámara de Martinica, la CTM, para que los representantes nacionalistas e independentistas moderados se pusieran a hablar, con voces vibrantes de emoción, de un “momento histórico”. Para los trabajadores, esta CTM no cambia nada en absoluto, así como para el 20% de la población de Martinica que está en el paro.

Los independentistas moderados, que ganaron la mayoría en la CTM, no son más que representantes de la burguesía local y unos agentes locales de las multinacionales francesas. Forman el personal político autóctono en el que se apoyan los gobiernos para seguir dirigiéndolo todo desde París e imponer a la población y los trabajadores de Martinica las políticas anti-obreras y de austeridad.

Los dirigentes de la nueva CTM han demostrado que seguían con el mismo papel. En la segunda vuelta de las elecciones, formaron una coalición con la lista de Los Republicanos (LR, el gran partido francés de derechas) y su líder local. Éste no es más que un gran capitalista de Martinica, Yann Monplaisir, que cuenta con una multitud de empresas. Hoy en día se encuentra junto con Alfred Marie-Jeanne, el líder del Movimiento Independentista de Martinica (MIM) y dirigente de la CTM.

Éstos son los que dirigen la nueva “colectividad” de Martinica; la dirigen contra los intereses de los trabajadores y por el máximo beneficio de los capitalistas. No existe, pues, ningún cambio entre el equipo precedente, de la Región Martinica, y la actual CTM.

El gobierno francés ha encontrado una nueva fórmula para que la población se tragase su política pro-patronal: la “igualdad real”.

Hace poco, durante la última reorganización del gobierno, apareció una Ministra de la Igualdad Real. No ha de extrañarnos el hecho de que esta ministra sea de la Reunión (isla francesa en el Océano Índico) ya que esta fórmula de igualdad real se emplea sobre todo, desde hace dos o tres años, para hablar del ultramar. Quizás tengáis esta suerte también en el continente… Desde hace cierto tiempo, Hollande saca esta fórmula para vendernos la ilusión de una orientación gubernamental favorable a la igualdad real entre los ciudadanos de los departamentos de ultramar y los de la metrópoli. Pero si se habla de igualdad real es que existe una igualdad que no lo es; o sea, que sigue existiendo la desigualdad.

Por supuesto que existen desigualdades: por ejemplo, si se compara el desempleo en Francia continental (un poco más de un 10%) con el del Caribe francés (entre un 19 y un 25%); si se considera el nivel de vida medio de los departamentos de ultramar (un 67% del nivel medio de la metrópoli en 2012); si se compara el nivel de los precios, que sube un 20% y en algunos casos hasta un 100% entre la metrópoli y el Caribe; si se compara el nivel de cultura, el analfabetismo, la desigualdad en los ingresos y muchos más datos…

El PIB per cápita de la región más rica del ultramar (Martinica) está por debajo del de la región metropolitana más pobre (el Limousin), con un desfase de más del 6%.

Desde la ley de 1946, frente a estas desigualdades entre los departamentos de ultramar y la metrópoli, los gobiernos nos han regalado una multitud de fórmulas. Hemos tenido la “departamentalización adaptada”, la “paridad global”, la “departamentalización económica”; y ahora nos venden su “igualdad real”.

No os sorprenderá el hecho de que Hollande y Valls fueron a buscar este concepto que les hace las veces de política de ultramar entre los medios políticos y patronales de la derecha.

Esta fórmula fue primero una propuesta del Consejo Representativo de los Franceses de Ultramar (CREFOM por sus siglas en francés), dirigido por Patrick Karam, un representante de derechas de la región de París, originario de Guadalupe (fue votado de nuevo en las últimas elecciones regionales en una lista de derechas): Se sumaron a la propuesta de este señor tres lobbys patronales, también dirigidos por miembros del partido LR de Sarkozy: la Federación de las Empresas de Ultramar(FEDOM); la Unión de los Grupos de Productores de Plátano de Guadalupe y Martinica (UGPBAN); el grupo Europa y los Departamentos de Ultramar (Eurodom).

Karam y estos lobbys de patrones fueron los que reclamaron a Hollande la ley sobre la igualdad real, que se está preparando. Para engañarnos, el CREFOM, que es una agencia de derechas, así como los lobbys, propugnan, en nombre de la “continuidad territorial”, aumentar las ayudas financieras para los viajes de los caribeños emigrados cuando fallece un familiar en el Caribe o para los estudiantes que van a seguir sus estudios en Francia o, como ya existe más o menos, para los cuyos recursos no son suficientes como para viajar. Por supuesto, nos quejaremos si aumentan las ayudas… pero todo eso no es más que un circo para ocultar (y lo hace muy mal) las operaciones a favor de los grandes patrones del Caribe. En realidad, para los bekés1 y los lobbys patronales esta política es una manera de proteger sus intereses propios y exigir cada vez más facilidades del Estado.

Por ejemplo, el pasado 23 de octubre, la Ministra de Ultramar, la señora Pau-Langevin, firmó con el Medef (sindicato de grandes patrones) de Guadalupe el “pacto por el empleo”. Se trataba de contratar a 700 jóvenes menores de 30 años de aquí al final de 2017, con compensación completa de los gastos de los empresarios, dentro de los límites de 2 veces y media el salario mínimo, por el Estado, la región y el departamento. ¡Como regalo a la patronal, no está mal! También presionada por la patronal, la Ministra de Ultramar anunció que se iba a prorrogar la exención de tasas en el Caribe hasta 2020 en vez de 2017.

En el diario patronal Les Échos de 30 de octubre de 2015 se decía de esta prórroga: “el Estado concede 3.900 millones de euros de exenciones fiscales en Ultramar.” Miles de millones de regalos directos para los ricos.

En cuanto a las exenciones de gastos patronales, representan 1.150 millones en Ultramar.

El crédito fiscal por la competitividad y el empleo (CICE, implementado hace unos años por Hollande en toda Francia), en su versión de ultramar, pasó de representar el 6% de los salarios al 9% el 1 de enero de 2016 y hasta el 12% en determinados sectores, supuestamente “expuestos”. Estos sectores son el turismo y hostelería, los transportes agroalimentarios y la nuevas tecnologías. Dicho sea de paso, los patrones del sector “expuesto” de hostelería, por su parte, lo están pasando muy bien, ya que esta temporada ha sido muy buena y sus hoteles están llenos, a pesar de algunas cancelaciones debido a la epidemia de Zika, especialmente en Martinica.

La política ultramar de Hollande, Valls y el Partido Socialista no es nada más que la versión de ultramar de su política metropolitana de ayudas a la patronal, con una presión cada día más fuerte del Medef y los grandes patrones, pero con un factor multiplicativo en este caso, por los créditos fiscales más elevados. En algunos casos, se puede sin exagerar hablar del Caribe como un paraíso fiscal.

Igual que en Francia, esta política no tiene ningún aspecto positivo en las cifras del desempleo y el nivel de vida de los trabajadores y las clases pobres. La gran patronal, la burguesía, los bekés (burguesía criolla mulata) se hacen con las ayudas, sin ninguna contrapartida.

Sınıf Mücadelesi (Lucha de Clase, Turquía)

Desde el año pasado se viene produciendo una agravación evidente y muy inquietante de la situación política. Ya conocéis una gran parte de los acontecimientos pero tengo que añadir que la tensión política se puede sentir hasta en la vida cotidiana. Por ejemplo, hace unas semanas, un joven de 13 años fue detenido porque se le acusaba de haber insultado al presidente Erdogan. Más de un centenar de personas están en la cárcel por el mismo motivo. La libertad de expresión está retrocediendo y reduciéndose.

En diciembre, dos periodistas fueron encarcelados por un artículo publicado seis meses antes. El artículo mencionaba los camiones detenidos mientras iban a cruzar la frontera con Siria; cuando los abrieron, se dieron cuenta de que estaban llenos de armas que evidentemente iban destinadas a los grupos yihadistas como el Estado Islámico o el Frente al-Nusra. Por otra parte, estos camiones eran conducidos por miembros de los servicios de inteligencia turcos, una prueba de que el gobierno ayuda secretamente a los grupos yihadistas. En realidad, todo el mundo lo sabía, pero Erdogan utilizó este artículo como pretexto para acusar a los periodistas de “publicación de secretos de Estado” y también de “ayuda a una organización terrorista armada”, lo que es el colmo del cinismo por parte de un gobierno que ayuda a Dáesh.

Para Erdogan, era una oportunidad de hacer un ejemplo para amenazar y que se callara completamente la prensa opositora. Al cabo de tres meses los dos periodistas fueron puestos en libertad, lo que provocó la ira de Erdogan porque, según él, habría que condenarlos a cadena perpetua. La prensa más leída se dividió en dos campos: una parte sigue las órdenes de Erdogan y su entorno mientras que la otra parte, opositora, tiene vínculos con la patronal turca, el Tüsiad, con el partido socialdemócrata CHP o con la hermandad de Fethullah Gülen, como por ejemplo el periódico Zaman que el poder puso bajo vigilancia hace una semana. Existe una verdadera guerra de clanes entre la burguesía turca. Erdogan se ha aislado de una parte de la patronal y a sus oponentes, aunque sean ricos burgueses, no les deja en paz.

El gobierno de Erdogan se encuentra en un engranaje por la agravación de la crisis económica pero también por el callejón sin salida de su política exterior, llamada “neo-otomana”. Al principio, Erdogan resumía su política con la fórmula de “cero problema con los vecinos”. El resultado actual es que tiene problemas con casi todo el mundo. Empezó llevarse mal con los Estados Unidos en el momento del embargo para con Irán, cuando se descubrió que Turquía seguía comerciando con este país, y en primer lugar eran miembros del entorno de Erdogan los que se aprovechaban para enriquecerse. Ahora, Irán y los Estados Unidos se han reconciliados pero es Erdogan el que se enemista con Irán porque es aliado de Arabia Saudí.

En Siria, Erdogan había declarado que Bashar al Asad era un gran amigo, casi como su hermano. Pero luego se metió en la guerra civil al lado de los enemigos de Asad. La burguesía turca ha perdido mucho en esta guerra porque se han desvanecido sus mercados en Siria. Erdogan, por su parte, no ha ganado nada; sobre todo desde que la política americana es de aliarse con Irán, contar con el régimen de asad y ponerse de acuerdo con Rusia.

Hablando de Rusia: Erdogan se mostraba un gran amigo de Putin, pero el otoño pasado el ejército turco derribó un avión ruso. Ahora los dos amigos son enemigos a muerte; todavía no hasta el punto de entrar en una guerra pero ¡nunca se sabe! En cualquier caso, la política exterior de Erdogan es un fracaso rotundo y esto se nota cada día más. Es de notar que no por eso cambia de línea. Puede que esta política lo lleve a la catástrofe, lo cual no sería más que su problema si no tuviera consecuencias para todo el mundo en Turquía – y desafortunadamente las tiene.

Cuando perdió la mayoría absoluta en las elecciones legislativas de junio de 2015, Erdogan se volvió más duro para con todos sus oponentes políticos. Con este relativo fracaso electoral el proyecto de Erdogan y sus amigos, que consistía básicamente en modificar la Constitución para imponer un régimen presidencial, se veía amenazado. Por otra parte, los casos judiciales pendientes contra él y su entorno son una espada de Damocles que puede caerse en su cabeza en el caso en el que pierda el poder.

Entonces Erdogan y el AKP han decidido seguir adelante con una especie de estrategia de la tensión. Han acabado con el llamado “proceso de paz” que se había iniciado con el PKK y vuelto a hacer la guerra en las regiones kurdas. Varias ciudades de estas regiones, como Diyarbakir, vieron algunos de sus barrios completamente arrasados. Centenares o millares de personas no han tenido otra que huir, exactamente como está pasando en Siria.

Es así, mediante la creación de un ambiente de guerra civil en todo el país, como Erdogan consiguió que las últimas elecciones de noviembre le dieran la mayoría absoluta en el Parlamento. Sin embargo, todavía no se trata de una mayoría suficiente como para cambiar la Constitución e imponer el régimen presidencial a medida que él quiere. A pesar de todo, él se comporta como si fuera el caso, aunque lo que haga es completamente ilegal.

El deterioro de la economía

Hablando ahora de la situación económica del país, decir que ésta ha sido durante mucho tiempo la fuerza de Erdogan y el AKP. Al principio de su mandato, la economía turca iba muy bien, la burguesía turca se enriqueció y hubo algunas consecuencias positivas para la población, un aumento de los sueldos para muchos trabajadores. Por eso el AKP tuvo varios éxitos electorales durante varios años, puesto que podía argumentar que con él llegó la prosperidad mientras que los gobiernos precedentes, en particular los socialdemócratas, sólo habían traído crisis financieras y escándalos de corrupción.

Sin embargo, a pesar de todo, el deterioro económico mundial al final ha tenido efectos sobre la economía turca. Tampoco hay que olvidar las consecuencias de la guerra civil de Siria, y ahora, todos los problemas en el comercio y las relaciones económicas debido a la política exterior de Erdogan.

El deterioro de las relaciones con Rusia e Irán impide las exportaciones de productos agrícolas y el textil. Se bloquean los contratos de las empresas de la construcción y las obras públicas. Aun con los países hacia los que Turquía podría exportar, como Arabia Saudí, Catar, los países del Golfo Pérsico en general, ya no resulta tan sencillo como cuando los productos podían pasar por Siria. Decir además que el sector turístico se había desarrollado mucho, en particular con Rusia, y ahora es un sector con muchas dificultades. El atentado suicida de pasado enero, contra turistas alemanes que visitaban Estambul, no ha mejorado las cosas.

Entre, por una parte, la crisis financiera mundial, que ahora alcanza Turquía como ya ha llegado a China o Brasil, y por otra parte las consecuencias de la política exterior arriesgada de Erdogan, el deterioro de la situación se produce rápidamente. La moneda, la libra turca, ha perdido en poco tiempo alrededor del 20% de su valor, lo que viene provocando inflación y una caída del poder adquisitivo.

La población sufre las consecuencias. Hoy en día, son más de 3 millones las personas que tienen dificultades para pagar los préstamos que hicieron cuando la economía parecía ir mejor. 1.300.000 personas tienen problemas con la justicia por ese motivo. 100.000 personas están en la cárcel por llamados “delitos económicos”. Y si se aplicaran las leyes estrictamente, 300.000 personas más estarían allí con ellas.

Las huelgas en la industria metalúrgica

En este contexto, el hecho más interesante para nosotros ha sido la oleada de huelgas que se han producido durante la primavera de 2015 en el sector de la metalurgía y en particular en la construcción automóvil, sobre todo en Bursa; un movimiento en el que los obreros de la fábrica Renault tuvieron un papel central.

No voy a contar el movimiento muy en detalle ya que hemos sacado un folleto especial para explicarlo. Se pudo comprobar que, en circunstancias en las que sus reivindicaciones económicas se hacían muy urgentes, que no se podía en absoluto contar con los sindicatos para defenderse ni tampoco habí militantes presentes en los lugares de trabajo, los trabajadores han podido actuar. Han encontrado entre ellos mismos los recursos para organizarse, nombrar a sus delegados, tomar sus decisiones, llevar a cabo su movimiento con una coherencia y una solidaridad muy destacadas.

La dirección quería reaccionar como siempre lo hace, despidiendo a los trabajadores más destacados en el movimiento. Pero no lo pudo porque cada vez que lo intentaba los trabajadores respondían inmediatamente por la huelga, hasta el punto de obligar a los directores a llegar a la fábrica en medio de la noche para declarar que se trataba de un error y los despidos se cancelaban.

Así pudieron los obreros obligar a la patronal a realizar concesiones, y los trabajadores de Renault fueron considerados un ejemplo por los demás, en toda Turquía.

Tengo que precisar que los de Renault son obreros que, muy a menudo, forman parte del electorado del AKP y sin embargo no dudaron en entrar en una lucha y formular sus reivindicaciones. Esta subida del descontento social, hasta entre los propios votantes del gobierno, fue también un elemento para explicar la actitud de éste, que a veces se parece mucho al pánico.

Contra los obreros no se puede mandar al ejército y los tanques como lo ha hecho en las regiones kurdas. El 1 de enero de 2016, intentó tranquilizar a los trabajadores por una subida del salario mínimo legal, el cual pasó de 1.000 libras a 1.300 libras, es decir unos 350 euros. Pero esta medida se quedó sin efecto porque los demás salarios, los que no correspondían a este mínimo, no subieron. Todo lo contrario: los trabajadores se vieron animados a reclamar que todos los salarios aumentaran en la misma proporción por la inflación. A partir de principios de enero, los trabajadores de Renault Bursa, que permanecían muy bien organizados, manifestaron durante dos meses en la fábrica, y este conflicto fue observado con atención por todos los otros trabajadores.

Por desgracia, la dirección de Renault y sobre todo, detrás de ella, el resto de la patronal así como el gobierno, dieron un golpe fuerte hace quince días. Se anunció decenas de despidos, la policía entró en la fábrica. Muchos trabajadores fueron detenidos y luego puestos en libertad. Claro está que la dirección quiso despedir a los que ella consideraba como los líderes. Este golpe resultó muy duro para el movimiento y la moral de los trabajadores de Renault, que como consecuencia ha permanecido bajo hasta la fecha.

Por supuesto se podía anticipar que el gobierno de Erdogan, que endureció su actitud frente a todas las oposiciones, también iba a endurecerse contra los trabajadores en lucha. Pero es de notar que vaciló mucho tiempo, temporizó y hasta concedió algunas medidas. Esto demuestra hasta qué punto le tiene miedo a la clase obrera.

Otro ejemplo es el problema de los despido y las indemnizaciones que los patrones tienen que darles a los trabajadores despedidos. Su importe corresponde a un mes de salario por cada año pasado en la empresa y, en el fondo, ésta es la única cosa que limite un poco el derecho a despedir que tienen los patrones. Desde hace meses, ha empezado una campaña para explicar que estas indemnizaciones tienen que bajar, pero el gobierno no consigue decidirlo porque es un problema extremadamente delicado para los trabajadores. El propio sindicato pro-patronal, la confederación Türk-İş, ha declarado que se trataba de una “línea roja” que no había que pasar; lo que significa que teme reacciones.

Hay que pensar, pues, que el golpe contra los de Renault no impedirá nuevas luchas de los trabajadores, en esta empresa o en otras. El descontento social es profundo, una gran parte de los trabajadores tienen consciencia de su fuerza, y Erdogan no puede estar tranquilo frente a la oposición obrera.

Es un dato importante porque en la actualidad, una parte de la izquierda, en particular entre los medios intelectuales, tiene la moral muy baja por culpa del endurecimiento del régimen, mientras que antes tenía alguna ilusión después de las elecciones de junio de 2015, cuando se pensaba que se acercaba el final del gobierno de Erdogan y como consecuencia, cierta democratización del país. Pero afortunadamente, la clase trabajadora demuestra mu8cho menos sensibilidad ante estas evoluciones políticas y mucho más confianza en su propia fuerza.

En este contexto difícil, con un poder cada vez más duro, con el deterioro general de la situación muy cerca de nosotros, en países de Oriente Medio, la capacidad de reacción de los trabajadores, su capacidad de recuperar el camino de la lucha de clase, son un elemento que nos da confianza.

Eso confirma nuestra convicción que la clase obrera tiene la fuerza y los medios como para frenar esta evolución completamente reaccionaria y cambiar de rumbo. También viene confirmando lo necesario que es, para militantes revolucionarios, la implantación entre los trabajadores, sean cuales sean las dificultades que eso conlleve en un país en el que los patrones, el régimen, la policía, no tienen clemencia ninguna.

Por eso seguiremos militando en este sentido porque es ahí donde está la esperanza.

The Spark (Estados Unidos, en relación fraternal con la UCI)

A pesar de las esperanzas que algunos tuvieron hace 7 años cuando llegó Barack Obama a la Casa Blanca, la situación de la clase obrera ha empeorado. El porcentaje de la población que trabaja es inferior a lo que era en plena crisis del 2008-2009. El abismo entre los súper ricos y los demás siguió profundizándose. Y la población está todavía más endeudada, con nuevas hipotecas basuras, créditos de coche sobre ocho años, y una deuda importante que pesa sobre todos los que no son ricos y quieren ir a la universidad o tienen hijos que quieren ir. Los servicios y las escuelas públicas han sido destrozadas. El caso del envenenamiento de los niños de Flint (cerca de Detroit, Michigan) a causa del plomo en el agua es excepcional solo por su mediatización.

Campaña electoral y demagogia populista

Con este contexto empezó la campaña para las elecciones presidenciales de 2016. Al principio, en las primarias, que empezaron en enero, se notaba una neta desconfianza hacia los candidatos tradicionales como Jeb Bush.

Donald Trump llamó la atención casi desde el principio de las primarias republicanas por su lenguage vulgar e insultante respecto a los inmigrantes, las mujeres, los musulmanes y hasta respecto a los demás países. Hace diez días, los peces gordos del Partido Republicano denunciaron a Trump, llamándolo racista, misógino, peligro para la política exterior de Estados Unidos, negociante fallido y, además, imbécil.

Todo esto es verdad, y peor todavía. Pero el problema del Partido Republicano no son los comportamientos sociales de Trump. Los republicanos apostaron por el racismo desde los años 1980, y atacaron el derecho de las mujeres al aborto con tal de constituirse una base electoral entre los integristas cristianos. La única diferencia entre Trump y la mayoría de los demás republicanos es que dice abiertamente y de manera cruda lo que ellos tan solo sugieren. La inquietud de los republicanos viene de que sus ataques abiertas contra tanta gente les puedan costar las elecciones, y no solo las presidenciales.

Para nosotros el peligro es que Trump ha logrado llegar a una parte de los trabajadores blancos. Cierto, esto se explica en parte por la existencia entre los trabajadores blancos de una tendencia profunda al racismo y demás actitudes reaccionarias. Pero Trump habla también de sus problemas económicos: denuncia a los republicanos que quieren recortar las pensiones, por ejemplo. Se burla de la gente de la finanza porque no hacen ningún trabajo útil. Hasta criticó a George Bush por la guerra de Irak y los atentados del 11-S. Pero sobre todo se aprovecha del miedo al paro, denunciando los acuerdos de libre comercio, la inmigración, las importaciones y las empresas como Ford que trasaladan su producción a otros países.

A la vez que usa cierto discurso populista, Trump refuerza violentos sentimientos contra los inmigrantes y otras ideas reaccionarias más o menos presentes dentro de una parte de la clase obrera. Vuelve aceptable el decir abiertamente estas cosas, y por lo tanto actuar en consecuencias, tal como los grupos armados intentan hacerlo en la frontera con México.

Para los demócratas, las cosas transcurren con más tranquilidad pero Bernie Sanders encontró la forma para poner trabas a Hilary Clinton. Bernie Sanders puede pretenderse socialista, y puede hablar de las desigualdades crecientes entre los ricos y los demás.

Ataca a los grandes bancos, promete regularlos, pero Sanders no es el insurgente que venden los medios de comunicación ni mucho menos. Desde que está en el Congresso ha votado 98 de cada 100 veces con la dirección del Partido demócrata, incluidos todos los presupuestos para las guerras y las medidas que empeoraron la criminalización de los jóvenes negros. Votó a favor de la resolución unánime del Senado apoyando el ataque de Israel a Gaza en el 2014.

Hasta hace poco sus principales apoyos habían sido los estudiantes, probablemente porque reclama la gratuidad de los estudios universitarios, y ciertos medios intelectuales y demás pequeños burgueses progresistas. Está claro que su discurso entra un poco en resonancia con el idealismo de estos estudiantes, en cualquier cosa lo suficiente como para que coseche por ahora un 40% votos.

Pero en el Michigan, supo llegar también a una parte de la clase obrera centrando su campaña en las supresiones de empleos, argumentando que él ha votado en contra de los veintisiete acuerdos de libre comercio que Clinton sí ha votado.

Dicho de otra manera, él y Trump jugan en el mismo terreno. Sanders desempeña un papel que otros desempeñaron antes que él, es decir expresar la rabia de una parte de la población con un discurso populista, movilizar a jóvenes que quieren ser activos, para al final ponerlos de nuevo en el órbite del Partido demócrata cuando la larga campaña de las primarias haya terminado.

Para decir algo de Clinton, su base electoral más sólida está en la población negra: se lleva, en ciertos Estados, hasta un 80% de sus votos. Los medios subrayan con gusto este voto negro, contribuyendo así a empujar al electorado blanco hacia Trump.

Así que en estas elecciones, nadie se presenta para defender los intereses de la clase obrera. Ésta se encuentra divida, descuartizada entre el voto para un peligroso demagogo de derechas, una suerte de falso populista, y la mujer que representa abiertamente a la clase dirigente.

Asesinatos de negros por la policía

Aparte de las elecciones, los grandes medios de comunicación, los medios oficiales, se fijaron en los asesinatos de jóvenes y no tan jóvenes negros por policías. No es que tales asesinatos sean cosa nueva. Siempre los hubo, años tras años. Pero estuvieron en el foco desde las manifestaciones y protestas en Ferguson, en el Misouri, en agosto de 2014, y los disturbios en Baltimore el año pasado. También es notable que algunos policías hayan sido llevados a los tribunales.

Estos asesinatos por policías no son nada nuevos: son en realidad el dramático resultado de una política que ha sido aplicada desde más de cuarenta años, una política que ha consistido en criminalizar los pequeños delitos, usando esos nuevos crímenes para empujar a los negros de la calle a la cárcel. Por supuesto esta política afecta a todos: los jóvenes trabajadores blancos, especialmente los más pobres, los jóvenes hispanos, especialmente portorriqueños, pero más que nada y de lejos los jóvenes amerindios y negros.

No es ninguna exageración decir que los Estados Unidos se han vuelto una suerte de gulag, un país que encarcela a su población negra más rápido que lo ha hecho ningún país nunca, incluido Sudáfrica en el periodo del apartheid. Cómo no decir gúlag cuando casi una cuarta parte, un 23% exactamente, de la población carcelaria mundial está en Estados Unidos mientras que en este país vive menos de un 4% de la población mundial, cuando un tercio de todos los hombres negros nacidos después del 1970 han pasado por la cárcel, e incluso los dos tercios de aquellos que salieron del sistema educativo sin ningún título.

Esa tasa dramática de encarcelamiento fomenta, en las calles, una situación en la que los policías les tienen miedo a todos los jóvenes y por lo tanto disparan los primeros. El problema realmente no es lo que dicen los demócratas, que jóvenes “inocentes”, desarmados, son asesinados en la calle, que por supuesto ocurre. Pero también es cierto que la mayoría de los que mueren estaban armados.

¿Entonces? El verdadero crimen es esa política de encarcelamiento que hizo surgir una generación, hoy en día varias generaciones, de jóvenes endurecidos, que llevan armas, que ya no temen ni la cárcel ni la muerte y a veces se vuelven contra sus propios barrios y familias.

Aquellos jóvenes endurecidos forman parte de la clase obrera: una realidad que la clase obrera tendrá que tomar en cuenta.

En la industria automotriz

Los trabajadores estuvieron a punto de rechazar los convenios negociados por los dirigentes de la UAW (United Auto Workers) con las tres empresas de la industria automotriz. “Estuvieron a punto”, no parece nada extraordinario pero no había ocurrido nunca a lo largo de los 79 años de historia del sindicato. Los trabajadores estaban hartos y enfadados con la patronal que les otorgaron subidas de sueldos irrisorias después de cuatros años de enormes beneficios.

Desde el principio, estaba claro que los trabajadores se servían de su voto en contra del convenio para expresar un amplio descontento, pero estaba claro también que muy pocos contemplaban la opción de la huelga para apoyar este rechazo. Después de la primera votación en Chrysler rechazando el convenio, el aparato del sindicato se movilizó en las fábricas, una tras otra, amenazando a los trabajadores con convocar una huelga que durase hasta después de Navidad. Básicamente hicieron lo mismo en General Motors y luego Ford. La campaña de intimidación más la prima otorgada a los que firmaran por GM y más aún por Ford acabaron por imponer el convenio, de poco.

Organización de los Trabajadores Revolucionarios (OTR, Haití)

Desde el 7 de febrero de 2016, el músico y cantante Michel Martelly ya no es presidente de Haití. Terminó su mandato de cinco años en la fecha prevista para la entrega del puesto presidencial a su sucesor pero no se produjo dicha sucesión porque la segunda vuelta de las elecciones se canceló por segunda vez el 24 de enero.

Como le empezaba a gustar el poder, y como si no fuera responsable de nada, Martelly, a través de sus declaraciones ante la prensa, afirmó su voluntad de seguir gobernando más allá del 7 de febrero, hasta que hubiera un nuevo presidente elegido; pero la movilización en la calle, dirigida por la oposición alrededor de los antiguos presidentes Aristide y Préval finalmente acabó con ese proyecto.

Bajo presión de la diplomacia internacional, Martelly preparó, junto con los presidentes del Parlamento y el Senado un acuerdo para su sustitución. Se preveía la elección de un presidente provisional por el Parlamento, una elección de segundo grado. Un senador fue elegido, Jocelerme Pivert, que en su tiempo fue ministro de Interior del presidente Aristide, y así se convirtió en el presidente provisional de Haitím el 14 de febrero de este año. Su mandato dura hasta el 14 de mayo y éste es el plazo para formar un nuevo gobierno y un nuevo Consejo Electoral y terminar el proceso electoral que queda paralizado por las maniobras de todo tipo, en particular las llevadas a cabo a favor del partido del expresidente.

Después de un mes, más o menos, el nuevo primer ministro fue elegido pero todavía no hay nuevo gobierno ni Consejo Electoral. En Haití, lo provisional suele durar mucho.
Al final, Martelly no realizó ninguna elección durante su mandato. Ya que quería quedarse con todo y asegurar su posición, tomó su tiempo para preparar su partido y montar su maquinaria electoral para que todas las elecciones tuvieran lugar al mismo tiempo, al final de su mandato; pero fracasó en sus cálculos políticos y se fue sin conseguirlo.

Menos del 20% del electorado fue a votar en la primera vuelta. Entre los votantes que sí fueron, más de las dos terceras partes representaba a observadores misionados por partidos políticos así como el personal necesario para llevar a cabo la votación. La población no se interesó por la elecciones. Los 52 candidatos no provocaron ningún entusiasmo entre las masas pobres, ni siquiera los candidatos que representaban a Jean-Bertrand Aristide. Casi todos los partidos compartían una misma estrategia: imponerse usando artimañas, chanchullos, violencia y corrupción. En esta batalla campal, el partido gobernante tenía ventajas ya que tenía las llaves de las arcas públicas y el control del Consejo Electoral.

La prensa local comparó las luchas electorales bajo Martelly con “una verdadera subasta” en la que el partido presidencial se quedó con todo, por lo menos en el Parlamento. Varios candidatos en las elecciones legislativas contaron a la prensa que habían entregado miles de dólares a los miembros del organismo electoral para comprar puestos que sólo se atribuían a los corruptores más generosos. La corrupción la podía ver cualquiera, y se desarrollaba con toda impunidad.

La clase trabajadora duramente atacada

Pero estas elecciones están lejos de ser lo peor del pésimo balance de Martelly, que les chupó la sangre a los trabajadores durante todo su mandato. Nada más ser elegido en 2011, antes de la investidura, tomó la decisión de crear nuevas tasas: una de 1,50 dólar sobre cada transferencia de dinero procedente de la diáspora y la otra sobre las llamadas telefónicas hacia Haití.

Es evidente que no son los ricos los que reciben dinero de la diáspora mediante agencias de transferencias. Como consecuencia, fue la población trabajadora la que pagó las tasas. Sólo este impuesto de 1,50 dólar representa más de la tercera parte del salario mínimo en vigor, un salario que apenas paga las dos comidas diarias del trabajador y sus gastos de transporte.

Poco tiempo despúes, creó dos tasas adicionales, directamente quitadas de los salarios de los trabajadores del sector privado. Los patrones, por su parte, suelen gozar de exenciones fiscales de todo tipo. Con el pretexto de crear empleos, se exime de impuestos a los patrones de las subcontratas para cinco años en el momento de crear su empresa; y al cabo de los cinco años, cambian de nombre y vuelven a empezar para otros cinco años – y a la vista y en presencia de todos.

Al terminar su mandato, dio un último golpe a las clases populares en general, duplicando el importe de todas las tasas. Hasta las tasas sobre el documento nacional de identificación, que sirve en particular para votar, y el carné de conducir de motos, que son el medio de transporte (con el transporte público) más utilizado por la población pobre.

Durante su mendato, los capitalistas de Haití vieron sus beneficios aumentar; los servicios del Estado se pusieron a su servicio. En cuanto a la reconstrucción después del terremoto de 2010, se priorizó los hoteles de lujo y se reformó el sitio de Labadie, donde vienen a atracar los cruceros. Se reconstruyó la carretera entre el aeropuerto y la zona industrial para posibilitar el flujo comercial. Los patrones de las empresas textiles de la zona industrial, los grande terratenientes, los banqueros etc fueron bien atendidos por el gobierno. Estos representantes políticos son a la imagen de la burguesía que defienden, una burguesía rapaz y corruptora, feroz para con la clase obrera.

Las condiciones de vida de las clases trabajadoras han empeorado con el hundimiento de la gourde frente al dólar. Efectivamente, el dólar que valí unas 43 gourdes cuando Martelly llegó al poder pasó a representar unas 63 gourdes al final de su mandato. Esta alza disparada del dólar provocó un aumento de la carestía de la vida en general y en particular los productos de consumo cotidiano.

Los trabajadores han visto hundirse el valor real de su pequeño sueldo, por la inflación, consecuencia de la rápida y espectacular devaluación de la moneda. En seis meses, la gourde ha perdido casi la mitad de su valor. Como por arte de magia, el dólar se ha vuelto más escaso. Los bancos comerciales se quedaron con sus dólares. Los millones de dólares puestos en circulación por el banco central para frenar la crisis fueron absorbidos inmediatamente por los mafiosos de la economía y su efecto en el tipo de cambio resultó nulo.

Así empezó el pánico. Los precios suben. Los minoristas anticipan y ajustan sus precios. Para los patrones es una bendición, porque pagan a sus trabajadores en gourdes mientras reciben el pago de sus transacciones en dólares americanos.

Son las masas pobres y la clase obrera las únicas que pagan esta devaluación de la moneda nacional. Para estas masas populares, las consecuencias son la reducción drástica de la alimentación de los niños, el alquiler de su pequeño cuarto en una casa que no se puede pagar, la educación de los niños que no se puede financiar, la salud que tiene que esperar, el aumento del hambre y la malnutrición (y la muerte lenta que resulta).

Lo que queda de los llamados servicios públicos se está hundiendo también; de la electricidad de Haití sólo queda el nombre. Los que tienen recursos alternan hasta tres tipos de energía: baterías, generadoras y energía solar. El resto de la población, es decir la inmensa mayoría, utiliza velas o vive en la oscuridad cuando viene la noche.

El agua se vuelve cada día más un producto de lujo. Una obrera explica así cómo se las arregla todos los días: a partir del recipiente de 20 litros que ha comprado en condiciones difíciles, le da cada mañana a cada hijo medio vaso para lavarse la cara y un vaso para el cuerpo.

Deja la cantidad suficiente como para beber durante el día y conserva lo que le queda en un sitio fuera del alcance de los niños. Todo eso para evitar el despilfarro, dice ella.

Violencia contra los pobres

La inseguridad se añade a la pobreza creciente de las masas pobres. En los barrios miserables y en los resquicios de la sociedad haitiana, siempre está presente, bajo la forma de violencia contra las mujeres, trabajo doméstico de los niños, represión de las manifestaciones de los opositores del gobierno, Acoso sexual para con las trabajadoras de la zona industrial, abusos de los hombres cercanos al poder en los barrios pobres y las extorsiones por los pequeños mafiosos camino al trabajo.

Pero de vez en cuando (y desafortunadamente es cada vez más frecuente), esta inseguridad toma la forma del crimen organizado durante los momentos de máxima crisis política o cuando se acercan las fiestas como las de Navidades.

Desde el mes de octubre de 2015, bandoleros se introducen en varios barrios de Port-au-Prince y cometen crímenes. Para sembrar el terror, demuestran mucha imaginación. Animadas y armadas por las clases poseedoras para aterrorizar a los trabajadores y por los políticos para realizar sus trabajos sucios, estas bandas de los barrios populares compiten entre sí y a menudo luchan por las armas; cuando eso ocurre, son los trabajadores los que sufren los daños colaterales.

El año pasado, varios barrios populares se vaciadon de su población a raíz de los enfrentamientos entre bandas armadas. Durante estos picos de inseguridad, el Estado desaparece. Las fuerzas de seguridad del Estado, omnipresentes cuando se trata de reprimir a los trabajadores en la zona industrial o en manifestaciones, no hacen nada contra los criminales que siembran muerte y luto entre las clases pobres. Hasta prohíben cualquier tentativa de la gente para agruparse en su barrio y garantizar colectivamente su seguridad.

Los robos de Martelly y sus seguidores

Al terminar su mandato, el balance del equipo de Martelly resulta catastrófico para las masas pobres. Corrupción a todos los niveles de la administración pública, crisis política permanente, narcotráfico que alcanza a los círculos más cercanos al presidente han sido el día a día estos últimos años. Clifford Brandt, un minorista de vehículos procedente de una de las familias más acomodadas del país, encarcelado desde hace más de dos años por raptar a dos hijos de otra familia rica del país, está en el centro de un juicio desde hace tres semanas. Confesó su actuación y prometió dar nombres de los ricos implicados en el caso. Al parecer, el hijo mayor del presidente, Olivier Martelly, forma parte de esta banda, dirigida por Clifford Brandt, que hasta su detención fue miembro del equipo privado de Martelly.

Mientras la población pasa hambre, siguen las prevaricaciones y se nota por el dinero que se le da al jefe del Estado durante sus viajes al extranjero: el importe pasó de 4.000 a 20.000 dólares al día. La prensa calculó el importe total de ese dinero que se le daba a Martelly durante sus múltiples viajes fuera: 4 millones de dólares, lo que pudiera dar trabajo a 2.800 personas durante un año con el salario mínimo en vigor. Igualmente cuadruplicó o casi el presupuesto de la presidencia. Al final de su mandato, duplicó el importe de su pensión y otorgó primas de 4.000 dólares a los ministros y los demás altos cargos públicos.

Todos, políticos procedentes de todas las tendencias políticas del sistema, con mucha prisa se llenaron los bolsillos antes de abandonar las naves y dejando atrás el derroche, el caos y la ruina. El nuevo president provisional acaba de hacer sonar la alarma en cuanto a la situación de las cuentas públicas. Precisó: es el caos. También es un a manera de expresar su inqietud ante la imposibilidad de enriquecerse con la misma velocidad con la que lo han hecho sus predecesores, siendo Haití un país pobre donde los dirigentes al servicio de la burguesía se enriquecen con rapidez. […]

La ira de los obreros

Durante el año 2015, en varias fábricas de la zona industrial, en particular en el parque industrial Sonapi, trabajadores manifestaron su descontento contra las malas condiciones de trabajo y contra los patrones que no dejan de inventar artimañas de todo tipo para bajarles el sueldo como, por ejemplo, aumentar el ritmo del trabajo o no pagar los fines de semana. Paros de algunas horas, huelgas de tres o cuatro días, una ocupación de fábrica, una manifestación de trabajadores en el interior del polígono son algunas de las reacciones de los obreros para llevar a cabo la lucha contra los patrones. De vez en cuando, se producen pequeñas peleas entre patrones y obreros sobre una reivindicación como el agua potable, el papel higiénico, o la arrogancia de algún esbirro del patrón.

Acabamos de lanzar una campaña con el eje de un plan de emergencia para los trabajadores y el conjunto de las clases pobres del país […] para pedir, entre otras cosas, la subida del salario mínimo diario de 250 gourdes (cuatro dólares) hasta 500 gourdes (ocho dólares). Esta campaña ha empezado bien, con una intervención en un programa de radio que escucha mucha gente en el país. Dos compañeros obreros presentaron y comentaron este plan de emergencia durante media hora. Esta intervención llamó mucho la atención. En la zona industrial, al día siguiente, sólo se hablaba de ella.

Trabajadores llamaron durante el programa para respaldar el plan, otros atestiguaron que era la primera vez que se escuchaba un programa de tan buena calidad. Varios obreros de la zona que habían escuchado el programa dijeron que nunca habían oído hablar de ellos de esta manera y, además, por trabajadores. Esto les animó a los compañeros para seguir con la campaña, a pesar de los riesgos que puede conllevar en este país de no derecho. […]

Para terminar, decir que estos paros espontáneos en algunas fábricas, estas manifestaciones de obreros dentro del polígono industrial más grande del país no fueron suficientes, hasta la fecha, como para que los patrones cedieran; pero sí son la prueba de un leve estremecimiento y una posibilidad de aumento de la combatividad de los trabajadores como consecuencia de la agitación electoral. No deseamos otra cosa que ver estas luchas escasas extenderse y propagarse en la zona industrial y más allá.

Unión Africana de los Trabajadores Comunistas Internacionalistas (UATCI, Costa de Marfil)

Desde hace varios meses, en Costa de Marfil, la prensa está saturada de informaciones sobre varios juicios y casos politicojudiciales.

El juicio de los partidarios del antiguo presidente Gbagbo, en Abiyán; el del propio Gbagbo y Blé Goudé en La Haya, en los Países Bajos; así como el juicio del asesinato del General Guéi, el que derrocó al presidente Bedié.

A esta lista se pueden añadir las escuchas telefónicas de Soro Guillaume (antiguo dirigente político de la rebelión nordeña, que se convirtió en el primer ministro de Gbagbo y actual presidente de la Asamblea Nacional); éste estaría implicado en el último golpe de Estado en Burkina Faso.

El ruido mediático sobre el juicio de Gbagbo, así como el de una denuncia hecha en Francia por familias de soldados franceses que murieron durante un bombardeo en Bouaké en noviembre de 2004, recuerdan y vuelven a hacer presentes acontecimientos pasados. Es de recordar que el pretexto que usó Jacques Chirac (el presidente francés de entonces) para la intervención militar en Costa de Marfil contra las fuerzas armadas de Gbagbo fue precisamente el bombardeo aéreo del campamento francés en Bouaké. Allí murieron nueves soldados del ejército francés. El gobierno francés acusó a Gbagbo de haber provocado este bombardeo.

Los especuladores, mafiosos del Norte y los financieros se aprovechan de su estancia en el poder

Con la llegada de Ouattara en el poder, se ha producido el triunfo de los hombres de negocios de su entorno, empezando por su propia familia. La señora Ouattara, dicho sea de paso, es una mujer de negocios.

La familia Ouattara ya controla las aduanas mediante una sociedad, Webb Fontaine, dirigida por el yerno del presidente; ademáslos Ouattara están presentes en el negocio de cacao y, desde hace poco, de petróleo.

La caída del precio del crudo fue el pretexto de la privatización de Petroci, una pequeña empresa nacional del sector petrolero. El comprador, Puma Energy, es una filial de la multinacional Trafigura, la que en 2006 armó el Probo Koala, el famoso barco que vertió residuos tóxicos en Costa de Marfil; y el actual director de Puma Energy es el propio sobrino de Ouattara.

Es probable que en poco se venda la SIR (Sociedad Marfileña de Refinaje). Se trata de la primera empresa marfileña en cuanto a su facturación, que representa unos 2.500 millones de euros al año. Los buitres capitalistas buscan desde hace veinte años cómo hacerse con esta empresa.

Después de su segunda elección como presidente, Ouattara está seguro de quedarse en el poder hasta 2020 y todavía le da tiempo sacar algunas castañas del fuego.

En todo caso, desde que llegó al poder en 2011, hombres de negocios del Norte y personajes financieros se han hecho con varias grandes empresas, en particular en los sectores del textil y los aceites; detrás de ellos se disimulan probablemente altos dirigentes actuales, que acumularon su fortuna cuando Costa de Marfil estab dividida en dos partes.

Se destruyen barrios pobres para engordar a las constructoras

El gobierno sigue destruyendo barrios pobres en la ciudad de Abiyán porque hagan sus negocios las empresas inmobiliarias. En la ciudad se acaba de arrasar tres barrios, estas últimas semanas.

En el primero de estos barrios, las poblaciones se han rebelado y consiguieron que el poder retrocediera. Destrozaron la casa del alcalde de su municipio. Después de una semana, un día a las cuatro de la mañana, volvieron fuerzas armadas con buldóceres y de 300 a 400 hombres armados.

El último barrio que se ha destruido (hasta la fecha) era un barrio antiguo, con unos 3.000 habitantes pobres, ubicado en el centro de un distrito pijo y por eso muy codiciado por las constructoras. Puede que se construya allí el segundo supermercado Carrefour de la ciudad; esta decisión se publicó hace unos meses, cuando se inauguró el primer Carrefour y el primer restaurante Mac Donald’s de toda África occidental.

Es de reconocer que Abiyán ha cambiado mucho últimamente. Se lujo se hace cada vez más visible. Existe una verdadera clase media, cuya propseridad le viene del café, el cacao, la palma para aceite, el hevea – arbol del caucho – o el algodón.

Se suman a estas fuentes tradicionales de ingresos: la castaña de cajú, de la que Costa de Marfil es ahora el primer productor al nivel mundial, el petróleo y el gas, a pesar de una producción todavía no masiva y unos precios al nivel mínimo. Aparte de todas estas riquezas, la industria diversificada del país produce para todos los países vecinos y no hay que olvidar la actividad de los puertos de Abiyán y San Pedro.

En la capital aparecen supermercados y almacenes de productos de lujo. Hoy en día, los ricos de Abiyán no necesitan viajar especialmente a París o Londres para hacer la compra:con que puedas pagar, lo encuentras todo directamente allí.

En los hospitales públicos se deja morir a los pobres

Ya hemos contado varias veces que los hospitales públicos de Costa de Marfil no son más que asilos para morir destinados a los pobres. Vamos a dar a continuación un ejemplo, que ha vivido uno de nuestros amigos después de un accidente de transportes públicos que causó unos veinte muertos y treinta heridos graves, entre los cuales varios miembros de su familia.

El accidente se produjo sobre las 15 horas y a tan sólo treinta kilómetros del hospital de Yopougon, que es el hospital público más grande del país. Visto así, se podría pensar que han tenido suerte… Sin embargo, los heridos no han llegado a las Urgencias antes de las 21 horas, es decir más de seis horas después del accidente. Se los dejó así unos encima de otros, en el suelo sucio de sangre; ya estaban esperando unos 70 heridos de accidentes de tráfico, algunos con la tripa abierta, otros con fracturas abiertas.

Era un domingo y no había ni un solo médico de guardia. Sobre las doce de la noche, dos o tres médicos empezaron a repartir recetas. Se hubiera necesitado muchos más para examinar a los enfermos. Invariablemente, daban a todos la misma prescripción: guantes, compresas, antiséptico, vendas, antibióticos etc. y también radiografías. Cada herido tenía que comprárselo todo antes de verse cuidado. Como sólo había dos camilleros, cada familia tenía que arreglárselas para transportar a sus heridos.

Cada uno se puede imaginar el sufrimiento de los que no tenían a ninguno familiar allí para ayudarlos. Y esto es el día a día de todos los pobres cuando tienen la mala suerte de ponerse enfermos gravemente o ser víctimas de un accidente.

Los trabajadores siguen luchando y reivindicando

El gobierno afirmó descaradamente que los ingresos de los trabajadores en Costa de Marfil había aumentado en los últimos dos o tres años, pero la realidad es muy distinta. Los salarios estaban bloqueados desde hacía 29 años, esto sin tomar en cuenta la devaluación del 50% del franco CFA en enero de 1994. Oficialmente, existe en este país un salario mínimo garantizado. Hace dos años, pasó de unos 55 a unos 91 euros al mes, pero esta subida no basta para compensar la grave pérdida de poder adquisitivo. Además no siempre se respeta este nuevo salario mínimo.

El estatuto de los trabajadores también fue modificado hace unos veinte años para extender la contratación de jornaleros. Así que, desde hace veinte años, los antiguos trabajadores con contrato más o menos fijo se ven sustituidos por jornaleros, lo que representa una grave degradación de las condiciones que no compensan el aumento del salario mínimo ni tampoco la subida de los salarios en un 8% de promedio, que fue en 2015 la consecuencia de un acuerdo firmado por el gobierno, la patronal y los sindicatos. Imaginarse que un aumento del 8% corresponde a 40 céntimos de euro al día en el caso del salario de un obrero. Pero pasa lo mismo aquí que con el aumento del salario mínimo: las empresas sólo lo respetan cuando los trabajadores se movilizan y establecen una correlación de fuerzas favorable para imponerlo. Y aun así pueden salvarse de otra manera. Aumentan la rentabilidad de la producción, aumentan la precariedad de la mano de obra, sustituyen a trabajadores por “becarios” con contratos renovables cada 3 o 6 meses.

Las industrias bien establecidas y con marca reconocida buscan métodos para subcontratar y copian el sector de la edificación, pionero en la precariedad, desarrollando la contratación no declarada y el trabajo a destajo. Para los trabajadores, es un retroceso evidente porque con este método la empresa quita al obrero de su plantilla y éste se encuentra a las órdenes de un pequeño patrón destajista.

Eso ocurrió hace poco en Sucaf, que es una importante empresa azucarera, propiedad del grupo francés Somdiaa. La dirección de la empresa quiso bajar los sueldos entre un 25% y un 50%, dependiente de las secciones, mediante la transferencia de una parte de su plantilla a empresas subcontratas. A principios de 2016, los trabajadores se opusieron al proyecto y lanzaron una huelga. Aguantaron durante 15 días. Las tropas del gobierno intervinieron y dispararon balas reales, causando dos muertos y varios heridos. Líderes de la huelga entraron en la cárcel.

Además de todas estas degradaciones de la situación de los trabajadores, se produce una “externalización” de la producción hacia países con mano de obra más barata aun que en Costa de Marfil. Por ejemplo, es lo que se está produciendo en la empresa textil donde tenemos una pequeña presencia militante. Ahora, en vez de fabricarse en la empresa todo el hilo de tejer, como antes, se lo encarga en gran parte a empresas de fuera.

En 2015, la única lucha de importancia fue la de los profesores, en particular en el sector público. El movimiento empezó al principio de 2015 y duró varios meses. El funcionamiento de las escuelas fue bastante perturbado. Otra vez, el gobierno enseñó su cara represiva y detuvo a algunos profesores. Luego se pusieron en huelga los trabajadores de los hospitales públicos.

Quizás porque temía una extensión del movimiento, el gobierno anunció por fin que se desbloquearían los salarios del sector público, después de 27 años bloqueados.

El sector de la construcción

Este sector de la construcción merece un capítulo aparte. Tiene como particularidad que las obras tienen una duración limitada y, por lo tanto, los trabajadores saben que al final de la obra perderán su contrato. Por eso se han multiplicado las luchas, puesto que desde 2012 hay mucho trabajo en el sector de la construcción y como consecuencia los trabajadores tienen menos miedo a largos periodos de desempleo si pierden su trabajo.

Se repiten siempre los mismos motivos de la lucha: cuando ya se está acercando el final de las obras, los trabajadores entran en lucha para que se respeten sus derechos frente al no respeto de la escala de los salarios, al cálculo de los días festivos, la prima de precariedad, la no declaración ante la administración de pensiones de jubilación, etc. Todas estas reivindicaciones acumuladas desde el principio de las obras representan un importe considerable que anima a los trabajadores para entrar en la lucha.

Soroubat

Vamos a tomar como ejemplo concreto el de los trabajadores de Soroubat, una empresa de construcción tunecina que gestiona varias obras en Costa de Marfil y, en base a la facturación total, es primera en este país, por encima de Bouygues (empresa multinacional francesa).

En el periodo que nos interesa había en total más de 500 trabajadores repartidos más o menos en cuatro sitios, dos en el país. El despido abusivo de un trabajador en uno de los lugares de trabajo fue una injusticia más que desencadenó el movimiento. Unos 150 trabajadores bloquearon el lugar. Eligieron a representantes para ir a explicarle al patrón que no volverían al trabajo antes de que su compañero esté reintegrado en su puesto. La dirección de Soroubot, poco acostumbrada a la rebeldía de los trabajadores, despidió inmediatamente a todos los delegados. Tal vez pensara el patrón que los trabajadores se quedarían tranquilos pero el caso es que evaluó bastante mal la carga de ira que se iba acumulando desde el inicio de las obras.

Los obreros se organizaron para poner en marcha piquetes de huelga presentes 24 horas al día en el sitio. Impidieron toda actividad, incluso el desplazamiento de los camiones y máquinas. Exigieron la reintegración de sus compañeros despedidos. Se aprovecharon de la ocasión para añadir toda una serie de reivindicaciones relativas a sus condiciones de trabajo, el pago de los salarios e indemnizaciones no pagados, etc. Para fortalecer su movimiento, animaron a los trabajadores de los demás sitios de Soroubat, que tienen los mismos problemas, para que se sumasen a la huelga. Todas las obras se sumaron al movimiento, o sea más de 500 trabajadores en huelga.

Hubo represión por parte de la fuerza pública, se despidió a varias decenas de trabajadores, entre los cuales los que en cada sitio estaban al frente del movimiento. Cinco trabajadores entraron en la cárcel y sólo se los liberó después de una parodia de justicia en el juzgado.

Por supuesto, no había nada en su caso para justificar su detención y encarcelamiento pero, en Costa de Marfil, basta con que un rico llame a un comisario de la policía o un alto cargo de las fuerzas armadas y denuncie a un trabajador para que éste acabe entre rejas.

Unos días después, le pasó lo mismo al secretario general del sindicato, tras ser denunciado. Lo enviaron a descansar unos veinte días en la Maca, que es la cárcel de Abiyán.

El movimiento de los trabajadores de Soroubat duró dos meses. Pero los trabajadores no obtuvieron satisfacción porque la represión fue importante. Se despidió sistemáticamente a los delegados, durante toda la huelga. A pesar de todo, estaban orgullosos de su movimiento. Pero parece que Soroubat estaba demasiado fuerte. La empresa decidió contraatacar y enfrentarse con los trabajadores, lo que no suele pasar con Bouygues (otra gran empresa de la construcción) que cede fácilmente porque no le gusta recibir publicidad de este tipo.


El 45° congreso de “Lutte Ouvrière”, mayo de 2016