Continua la odisea de los migrantes sudamericanos

Después de más de un mes caminando a través de Guatemala y México, la caravana de emigrantes de Centroamérica ha llegado cerca de la frontera con Estados Unidos. Han sorteado todo tipo de obstáculos y peligros, y ahora tienen en frente a Trump y su demagogia contra los emigrantes.
De manera ostentativa, para complacer a su electorado más racista, Trump mandó tropas hacia la frontera, gritando que podrían disparar si recibieran piedras. Decretó que las demandas de asilo de aquellos que llegan a Estados Unidos de manera ilegal no iban a ser examinada siquiera. Lo que viene a negar a estos emigrantes la posibilidad de pedir el asilo, subrayó un juez federal, que invalidó este decreto.
Numerosas veces Trump insultó a esos emigrantes, tachándoles de criminales que quieren llevar Estados Unidos al caos. Pero precisamente miles de mujeres, niños y hombres emprendieron ese viaje largo y peligroso para huir de los criminales, del terror impuesto por aquellos grupos armados y por las dictaduras de Honduras y Nicaragua en particular. Se agruparon varios miles, en caravana, para protegerse de las milicias de los narcotraficantes mexicanos.
Ahora son 3.400 acampados en Mexicali, una ciudad que cuenta con un millón de habitantes, y 2.500 en Tijuana, 1,6 millones de habitantes. Los cuatro que se manifestaron allí en contra de su presencia no hacen olvidar que fueron mucho más los que les ayudaron a lo largo del viaje, ya que entendían más que claramente las razones de su éxodo.
Los emigrantes se enfrentan con los muros y las alambradas que materializan la frontera, hasta el Océano Pacífico, donde podrían intentar nadar hacia el Norte. Las autoridades norteamericanas han declarado que las demandas de inmigración o asilo serán examinadas después de las 3.000 que ya están en proceso, con una lentitud calculada. Cuentan con la lasitud y la falta de recursos para desmotivar a los emigrantes. Una pareja joven, con un niño de dos años, que temían por sus vidas y tuvieron que huir por haber sido testigos de un asesinato en Honduras, explicaban a los periodistas que no tenían dinero como para mantenerse un mes o dos en Tijuana.
Una organización de abogados norteamericanos que quieren ayudar a esos emigrantes y recogen testimonios en los campamentos que se están formando en la frontera, evalúa a un 70 % la proporción de los que podrían pedir el asilo en EEUU ya que el relato de sus persecuciones es “creíble”. El problema: que la mayoría de los emigrantes no tienen documentos para acreditar su buena fe. Así lo decía una hondureña cuyo marido ha sido abatido ante sus ojos: “Cuando uno es pobre, la policía no investiga y los crímenes quedan impunes.”

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