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La prórroga del “escudo social” del gobierno: migajas que no arreglan nada

Pedro  Sánchez  ha  anunciado  que  va  a prorrogar  un  año  más,  mediante  un  Real Decreto  Ley,  la  serie  de  medidas  sociales, el llamado “escudo social”, que se pusieron en marcha tras la pandemia. Además de un paquete de ayudas destinada a la población con menos recursos, se incluyen otras como la revalorización de las pensiones o los subsidios agrarios.  Un decreto que deberá ser aprobado en el congreso.

Se repiten medidas de corte social destinadas a las familias con menos recursos, destacan la prohibición del corte de suministros básicos (luz,  gas  natural  y  agua),  el  bono  social eléctrico  (cuyos  descuentos  están  fijados  en el 42,5% para los vulnerables y en el 57,5% para los vulnerables severos) y la moratoria para   desahucios   para   familias   vulnerables sin  alternativa  habitacional.  Además  de  las ayudas para el transporte público y el nuevo abono único y la congelación de las cuotas de autónomos.

Dentro de ese paquete de ayudas sociales el gobierno ha incluido la revalorización general de  las  pensiones  de  jubilación  un  2,7%  en 2026. Un aumento de entre el 7% y el 11,4% de las pensiones mínimas. Las pensiones no contributivas  y  el  ingreso  mínimo  vital  se revalorizan  un  11,4%.  Este  real  decreto-ley deberá ser aprobado en el Congreso para poder echar a andar si bien el PP ya ha adelantado que votará contra la medida de revalorización de las pensiones.

Los bajos salarios, el paro y la precariedad laboral,   el   problema   para   acceder   a   una vivienda o la subida de los precios en bienes y servicios de primera necesidad son algunas de  las dificultades  que  padece  la  población trabajadora, y cada vez en mayor proporción. El  nivel  de  vida  de  la  sociedad  retrocede debido a los continuos recortes y privatización de los servicios públicos como en la sanidad o la educación.

Este sistema capitalista nos arrastra hacia el abismo

Todo  esto  que  acabamos  de  enumerar  es producto   del   funcionamiento   del   sistema capitalista,   que   funciona   por   el   beneficio privado, un sistema donde una minoría posee los medios de producción y el dinero, con el único fin de enriquecerse y aumentar su capital. Esa  minoría  está  formada  por  la  burguesía y sus negocios, con intereses en las grandes empresas del país y en la banca.

Esta   misma   burguesía   a   través   de   sus empresas impone salarios a la baja, despidos y  precariedad  laboral  y  como  dueña  de  las grandes cadenas de alimentación y distribución controla los precios de productos básicos, de la luz o el agua y todo ello para seguir obteniendo beneficios. Esto significa que la burguesía en el poder solo puede ofrecer migajas.

Se dirá que estas ayudas son mejor que nada, pero  comparado  con  los  beneficios  de  las grandes empresas no es así la cosa. El diario “El País” de estos días informa que las empresas del IBEX alcanzan de nuevo beneficios históricos. O que según Intermón Oxfam el salario más alto en las 40 mayores compañías españolas es 111 veces superior a la nómina media. O que la mayoría de los salarios no rebasan el IPC. Mientras el crecimiento económico se ha mantenido a un ritmo del 4,74% de media desde 2020, la situación de la población trabajadora ha ido en retroceso (Intermón Oxfam) y ante esto no valen medias tintas, ni parches.

A   esta   situación   añadimos   los   recortes sociales como en sanidad, el deterioro de los servicios públicos, seguido de las privatizaciones para satisfacer las ansias de beneficios de los capitalistas. Y esta situación solo puede ir a peor  por  la  creciente  competencia  entre  los capitalistas mismos y su necesidad de obtener nuevas fuentes de beneficios; se entenderá que la única salida a esta situación es destruir ese sistema capitalista.

El gobierno ha calculado que el coste para las arcas públicas de este “escudo social” será como mínimo  de  unos  7.910,83  millones  de  euros “sobre el déficit público de 2026, en ausencia de  medidas  de  ingreso”.  La  deuda  pública aumentará  y  esto  dará  de  nuevo  munición a la derecha y la extrema derecha. Tras esta estrategia   del   despiste   entre   el   gobierno reformista de Pedro Sánchez y la derecha con el PP se oculta la explotación del mundo del trabajo.  Lo que se dirime realmente es control del  dinero  y  su  financiación  por  parte  de unos y otros en el poder, porque la gestión de estas ayudas queda en manos de las distintas autonomías.

De  momento  la  prórroga  de  los  más  de 600.000 contratos de alquiler que vencen en 2026 ha quedado fuera de ese “escudo social”. Son alquileres que han estado congelados estos últimos 5 años y sin una nueva prórroga es como firmar una orden de desahucio para estas personas.  La  rapiña  capitalista  en  el  sector inmobiliario con inversores y bancos sedientos de beneficios solo ven en esta maniobra del gobierno una oportunidad para engordar sus cuentas. El gobierno es incapaz de poner veto a la especulación inmobiliaria.

Un ejemplo de oligopolio: las eléctricas

Las compañías energéticas como Endesa en caso  de  las  eléctricas  o  Naturgy  con  el  gas obtienen  miles  de  millones  de  euros,  pero muchas familias apenas pueden mantener la temperatura  adecuada  en  sus  viviendas  por falta de recursos económicos. Ante esto lo más lógico sería imponer a estas empresas que una parte de sus beneficios se destinara a sufragar el coste de la energía de estas familias.

Pero el bono social eléctrico está diseñado para que estas compañías no pongan un solo euro. Es la propia población trabajadora la que paga de su bolsillo ese coste del bono social destinado a las familias vulnerables. El de las eléctricas  es  un  mercado  no  ya  oligopolista, sino marcada y enteramente monopolista que ha aprovechado la connivencia política y las “puertas giratorias” para que prevalezcan sus intereses privados frente los de la población. Con  ello  han  podido  establecer  un  sistema tarifario que    les    permite    aumentar    sus ganancias elevando artificiosamente el precio de  la  electricidad,  además  de  imponer  las reglas de funcionamiento de ese bono social. Está claro que son las grandes empresas las que tienen el poder de decidir y no los políticos con sus leyes.

En el fondo se trata del mismo juego de esta izquierda reformista consistente en favorecer los intereses de los que tienen dinero, la gran burguesía capitalista y sus negocios, mientras reparte migajas a la población. Algo que además aprovecha la derecha con el PP para “criticar” el gasto público que suponen esas medidas.

Pero ninguno dice que de lo que se trata es de  no  tocar  los  beneficios  empresariales  a cambio de imponer más recortes sociales a la población trabajadora. En el fondo se oculta que  es  esa  burguesía  y  sus  negocios,  las grandes empresas y bancos quienes realmente gobiernan  a  través  de  sus  políticos  y  éstos con  sus  leyes.  Pero  para  dar  solución  a  los problemas hay que expropiar los medios de producción en manos privadas y ponerlos a funcionar en los de la clase trabajadora.

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