Recién firmado el acuerdo de paz entre EEUU e Irán, Memorando de Entendimiento, las fuerzas estadounidenses ya han atacado objetivos iraníes porque supuestamente estos habrían atacado un buque mercante el día anterior en el Estrecho de Ormuz. El plan de paz, no está roto, dice cínicamente Trump; consta de 14 puntos y tienen hasta mediados de agosto para puntualizarlo y empezar a poner fin a la guerra en Medio Oriente, lo que permitiría que petróleo, fertilizantes y otros productos derivados del petróleo se transportaran sin obstáculos hacia los mercados de Europa y Asia. Porque esta guerra, como todas en última instancia, va de eso: de que el capital fluya y los mercados funcionen.
Netanyahu no ha firmado el acuerdo ni al parecer ha sido consultado siquiera; está tratando de torpedearlo. No puede poner fin a la guerra en el Líbano tan fácilmente sin perder el apoyo de la extrema derecha en su gobierno, lo cual es vital para él; tanto más porque desde la guerra de exterminio contra los palestinos, se han fortalecido. Sin embargo, Trump necesita en estos momentos la tregua pues el bloqueo del Estrecho ha disparado la inflación y no vive sus mejores momentos de popularidad; fiel a su estilo y a su desfachatez tampoco ha tenido muchos remilgos para reconocer …”No hay nada tan inteligente como el mercado… la alternativa sería una depresión mundial”…
Poco importan las vidas humanas en estos cálculos: alrededor de 3500 iraníes han perdido la vida, se cuentan por miles los heridos y casi una quinta parte de su población desplazada. A pesar de ello la resistencia iraní ha puesto en duda la supuesta “superioridad militar estadounidense”. Los dirigentes iraníes, por su parte, tienen que demostrar, en Irán y en el Líbano, que no se someten dócilmente al imperialismo estadounidense. Trump no solo no ha derrumbado su gobierno sino que tras ser cuestionado en multitud de protestas por una fracción de su propio pueblo, ahora parece haber recuperado cierto crédito por el rechazo de la población a la intervención de Estados Unidos.
En Irán, como en todas partes, la guerra la sufren sobre todo la población, las clases populares y trabajadoras. Y el espanto que provoca la agresión imperialista hace parecer buenos a sus dirigentes y los únicos que se oponen al imperialismo. Sin embargo no es oro todo lo que reluce. En cualquier caso, el imperialismo estadounidense no tiene nada que ver con la liberación de las mujeres en Irán, los derechos humanos, opresiones y represiones, ni con liberación de las dictaduras en general, tiene que ver con las grandes ganancias de sus empresas. Todo lo contrario EEUU ha sido el mayor responsable e instigador de dictaduras en el mundo para mantener los beneficios de su burguesía imperialista. Si los líderes del imperialismo han comenzado su guerra contra Irán, no es porque la República Islámica sea una dictadura o por su programa nuclear. No acepta un régimen que no está sujeto a él y lo quiere bajo su órbita.
Desear la derrota sin paliativos de EEUU e Israel y solidarizarse con el pueblo iraní que sufre la agresión imperialista es algo indiscutible; lo que no puede llevar a olvidar el carácter profundamente reaccionario de los dirigentes iraníes. Las clases populares, los jóvenes y aún más los millones de trabajadores en Irán han demostrado su coraje y fuerza muchas veces en el pasado cercano o lejano. Para liberarse, tanto del régimen de los mullahs como de la dominación imperialista, solo pueden contar con sus propias fuerzas, luchas y con los vínculos que establezcan con los trabajadores de su entorno y del resto del mundo.
En realidad, son todas las poblaciones son las que pagan las guerras. Oriente Próximo está en ruinas, y Europa también está contribuyendo a todo este sucio ardor guerrero, España incluida, porque a pesar de las bonitas palabras de Pedro Sánchez, su política exterior, de hecho, no ha variado.
¿Qué va a pasar cuándo China termine involucrándose en el conflicto para intentar llevar las riendas del mundo, como hace EEUU? Esta última agresión imperialista sobre Irak, a pesar de la tregua, que ya veremos si es o no duradera, conduce a un armamento guerrero que involucra a medio mundo en esta sociedad globalizada que solo atiende al interés. Existen en la actualidad, aunque aquí en España se vean lejos, alrededor de 130 conflictos armados, más que el doble de hace 15 años, según Cruz Roja. Toda la humanidad, pues, tiene interés en cambiar esta loca sociedad capitalista que va de guerra en guerra, de conflicto en conflicto.

