Lejos de resolverse el problema de la vivienda en España, este se cronifica; cada vez más analistas avisan del aumento de los precios hasta niveles no vistos desde, aproximadamente, antes de la crisis de 2008. El Índice de Precios de la Vivienda (IPV) del INE cerró el primer trimestre de 2026 con una subida interanual del 12,9%. Las de segunda mano, que concentran más del 78% de las operaciones, se encarecieron un 13,5%. Precios imposibles, en resumidas cuentas.
En España se compra menos, pero los que compran pagan más. Este podría ser un escueto resumen del precio de la vivienda, hasta el punto que se ha convertido en un lujo inaccesible para muchos, sobre todos los jóvenes. En cuánto a los alquileres, más de lo mismo. Según datos de Comisiones Obreras (2025), los salarios han aumentado de media un 23,3% en la última década, mientras que el precio del alquiler -completamente abusivo- ha aumentado un 50,8% y el de compra, un 42,4%.
Faltan viviendas, dice el Banco de España; las cuantifica en al menos 600.000. Sin embargo, la primera década del siglo XXI -por no ir más lejos- estuvo marcada por el crecimiento exorbitado del precio de la vivienda acompañando unos niveles de construcción nunca vistos y la acumulación de un enorme stock de viviendas vacías. Cuanto más se construía, más cara era la vivienda. Así pues, ¿dónde está el problema de fondo? El debate, que también, no es solo si faltan o no viviendas, sino que hay que hablar alto y claro: la vivienda es una mercancía bajo el sistema capitalista, que se vende y se compra, se da al mejor postor o al mejor…¡especulador!
Desde las reformas urbanísticas del suelo de los primeros gobiernos socialistas y las recalificaciones de terrenos que podían hacer las distintas administraciones, pero sobre todo con la gran reforma hecha por la derecha de Aznar en 1998, más se construía. Esta reforma hacía urbanizable casi todo el suelo, excepto el protegido. El auge inmobiliario y constructor tras ella favoreció la construcción a finales de los años 90 y principios de dos mil; al mismo tiempo, se favorecieron las hipotecas, pero pronto vino la inflación y con la crisis del ladrillo de 2008, muchos no pudieron terminar de pagar su vivienda, mientras otras muchas no podían siquiera venderse; las ejecuciones hipotecarias se pusieron a la orden del día. De estos años se creó la PAH (Plataforma de afectados por las hipotecas).
Si antes la vivienda pública era insuficiente, en la actualidad lo sigue siendo. El negocio es lo que siempre ha prevalecido. Y ello afecta no solo a la venta sino también al mercado de viviendas de alquiler, sumándose a este la problemática adicional del turismo.
El gobierno de “progreso” como les gusta llamarse, no ha solucionado el problema más allá de mitigar una pequeña parte del mismo, pequeños parches momentáneos. Los hechos desmienten toda su palabrería hueca. ¿Hay casas vacías? ¡Sí! ¿Cada vez mayor número de pisos turísticos? ¡Sí!
Desde 2024 hemos asistido a manifestaciones multitudinarias, llamamientos a una huelga de alquileres y el surgimiento de organizaciones sociales en torno al problema, sindicatos y organizaciones de inquilinos y vivienda. Las comisiones de vivienda del 15M, las de base, les abrieron el camino.
El problema de la vivienda es una de las grandes preocupaciones de la población en general en España. Numerosas personas y jóvenes se siguen manifestando dando así visibilidad a un problema que, no hace mucho, se sufría en silencio, sobre todo en caso de desahucios: piden un cambio en las políticas de vivienda, denuncian la imposibilidad de acceso a un techo digno, sacan a la luz que la turistificación a mansalva está empeorando el problema y creando una crisis habitacional; exigen una contención de las rentas, el fin de los contratos engañosos y abusivos, la prohibición de los desahucios, etc.
Para realmente llevar a cabo estas medidas, que serían tan solo un comienzo, es necesario la organización desde las bases y retomar las luchas en la calle. Ningún decreto que perdure, ninguna medida a favor de los trabajadores y la población en general, se ha regalado nunca, han sido reivindicaciones que ha habido que arrancar. Y sin bien son medidas necesarias, tan necesaria es la concienciación de que mejor a corto que a largo plazo, debemos ir a la raíz del problema y acabar con una sociedad -la capitalista- cuya ley máxima es el beneficio y el respeto absoluto -y caiga quien caiga- de la propiedad privada.

