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Marruecos: una dictadura aliada del imperialismo contra su propio pueblo

La ola migratoria que ha conmocionado Ceuta en estos días ha sacudido las conciencias de muchos. Sin embargo, obedece a causas profundas que se hunden en el tiempo de una sociedad sometida a la explotación y la barbarie. Las 80.000 personas, la mayoría jóvenes, mujeres y menores que en agosto entraron por mar y por tierra a Ceuta, tuvieron que recorrer kilómetros hasta llegar exhaustos a la ciudad. Sus motivos son la búsqueda de trabajo y una vida mejor en España y Europa ya que en su país de origen, la inmensa mayoría procedentes de Marruecos, viven en unas condiciones de pobreza producto de un régimen de opresión de su burguesía y de las potencias imperialistas de Francia y España que explotan sus recursos y mano de obra.

Marruecos es parte del Magreb, denominación geográfica del norte de África que linda unos 13 km con Europa a través de España y el estrecho de Gibraltar su punto más cercano. Incluye cinco Estados reconocidos: Libia, Túnez, Argelia, Marruecos y Mauritania, más el Sáhara Occidental, antigua colonia española, ocupada por Marruecos y sin descolonizar. 110 millones de habitantes viven en este espacio bordeado por el Mar Mediterráneo, el Océano Atlántico y el inmenso desierto del Sáhara. Marruecos fue colonizado por Francia y España que tuvieron que sostener guerras para frenar a los pueblos de la zona en su lucha por la independencia. Recordemos la guerra de África en los años veinte del pasado siglo que sostuvo España en el norte del actual Marruecos, el Rif, su protectorado colonial. El caso de Marruecos es paradigmático en la zona; cuenta con una población de unos 38 millones de habitantes, un 30% de jóvenes, y una población rural que es el 40% del total, muy empobrecida.

El salario mínimo mensual legal fuera del sector agrícola es de unos 320 euros, mientras que el salario mínimo agrícola asciende a aproximadamente 9 euros por día. Los recién graduados, incluidos los maestros de escuelas públicas en sus primeros años de carrera, suelen ganar poco más que el salario mínimo, entre 300 y 350 euros al mes. En la agricultura alrededor del 90 % de los trabajadores agrícolas carecen de contrato escrito, de cobertura de seguridad social y de protecciones legales. El trabajo es estacional y se centra en la cosecha del olivo, la producción de cítricos, las hortalizas y la ganadería.

La pobreza urbana es muy visible. La mendicidad para obtener alimentos está muy extendida. Según ONU-Hábitat, más de uno de cada diez residentes urbanos vive en asentamientos informales, chabolas, o en barrios marginales a las afueras de las ciudades marroquíes en expansión, a la vista de los trenes de alta velocidad costeros y los modernos sistemas de tranvía.

El desplazamiento de personas desde el campo ha ampliado tanto la economía informal como los barrios marginales urbanos, lo que ha llevado a una competencia cada vez mayor por empleos precarios y ha ejercido una mayor presión a la baja sobre los salarios, al tiempo que genera ganancias sustanciales para una minoría. La desigualdad de ingresos es tan grande que explica la oleada masiva de este verano.

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