Este año las aulas arden y no solo por el calor, que también. Los docentes en Valencia, Madrid, Cataluña, Aragón… llevan meses protestando no solo por los bajos salarios, sino por la elevada ratio, el exceso de burocracia, la falta de personal, falta de profesores especialistas y por una mayor estabilidad laboral para los interinos. Estos son problemas comunes de las distintas comunidades autónomas, gobierne quien gobierne.
El conflicto en Cataluña sigue vivo y es destacable como los “falsos amigos” de la izquierda, ERC -el partido de Rufián- y Comuns, partidos que lucen la bandera de la defensa de lo público, han impedido que el socialista Salvador Illa, presidente de la Generalitat, acuda al parlamento catalán para dar explicaciones sobre la situación que los docentes denuncian.
Por lo que respecta a Madrid hay convocada una asamblea abierta el 24 de junio donde todos los trabajadores de la enseñanza deben tener voz y no solo las organizaciones convocantes.
Degradando lo público se abre paso a la privada. Bajo el sistema capitalista desde la enseñanza, a la vivienda, las comunicaciones o el transporte, todo, es un negocio y un ataque contra la clase trabajadora en su conjunto, pues impulsa a los trabajadores a competir entre ellos por recursos cada vez peores y más escasos.
Por todo ello, serían deseable huelgas y movilizaciones de toda la función pública, por todas partes. Esto es una realidad objetiva: si los empleados públicos paran, sería el caos y el pulso a los gobiernos estaría ganado.
Pero hay que ir más allá y pensar en otro modelo de sociedad que no imponga la ley del beneficio, como lo hace la sociedad capitalista. “Lo público” no es una varita mágica que todo lo solucione, sobre todo si el control y gestión no está en las manos directas de los trabajadores.

