El primer round del ciclo electoral, que se desarrollará durante 2026, se ha saldado con una derrota del PSOE, perdiendo más del 14%, 106.000, votos. La derecha del PP y Vox obtienen el 60%, aunque el PP no consigue la mayoría absoluta que pretendía y pierde alrededor de 7.000 votos. A estos datos hay que sumar el aumento de la abstención en casi un 10% respecto a las últimas elecciones autonómicas. Esto supone que 83.600 extremeños más que en 2023, decidieron quedarse en casa.
A la izquierda del PSOE la alianza de Unidas por Extremadura (PODEMOS, IU y Alianza Verde) ganó más de 17.800 votos, un escaso 4,2% respecto a 2023, insuficiente para compensar siquiera la pérdida de los socialistas.
Extremadura ha sido siempre una tierra de jornaleros y de terratenientes. La lucha de clases libró combates revolucionarios con las tomas de tierras durante la II República y una bárbara represión franquista en la guerra civil, donde la socialdemocracia, PSOE, ha sido dominante desde la Transición. Una tierra de emigración y mano de obra barata que se encuentra ahora con zonas despobladas por la emigración de los jóvenes, lo que se hace llamar la España vaciada. Por otra parte la mano de obra jornalera tradicional ha sido sustituida por mano de obra emigrante que es explotada por la patronal agraria.
Las elecciones permiten medir la opinión popular pero no cambiar la sociedad. De estos datos, con toda la prudencia que se debe tener al ser unas elecciones autonómicas, se pueden inferir algunas de las líneas generales que van a intervenir en el año próximo. En primer lugar hay que destacar que la ola de derechización que asola el mundo está avanzando en nuestro país. La precariedad laboral, el deterioro de los servidos públicos como la sanidad o la educación, la vivienda y la derecha enfrentando a trabajadores inmigrantes y nativos, para beneficio del patrón, no hace más que agravar la situación.
Ante esta situación de crisis el gobierno autotitulado «de progreso», solo realiza algunas medidas testimoniales en favor de la clase trabajadora, migajas de cara a la galería, sin resolver los problemas claves que asolan a la sociedad y a los más jóvenes.
Los datos de estas votaciones muestran la frustración de los sectores populares de Extremadura que decepcionados han abandonado a esa pseudo izquierda del PSOE corrupta e integrada en los engranajes del poder capitalista. Los votos perdidos por los socialistas corresponden matemáticamente al aumento de los abstencionistas, más los ganados por UxE.
Esta derrota del PSOE no es la derrota de la clase trabajadora. Es el callejón sin salida a que nos lleva esta “izquierda” que pretende resolver los problemas gestionando de manera “progresista” el capitalismo en crisis. Y esto es imposible. Este cacharro viejo y corrupto, nos lleva a la precariedad, la guerra y la barbarie.
Después de las movilizaciones del 15M, le sucedió una desmovilización generalizada, porque las fuerzas políticas que emergieron con esas luchas, se integraron en el gobierno, con el PSOE, haciendo creer que desde el gobierno iban a cambiar la sociedad. Al llevar la esperanza de cambios, que representaban esas fuerzas políticas, al gobierno de Pedro Sánchez, ha traído la frustración y decepción en amplias capas de las población trabajadora.
Las consecuencias de este engaño es la subida de la extrema derecha. Sectores de jóvenes están creciendo sin referencias sociales y políticas de la izquierda revolucionaria y transformadora, sin crítica a la sociedad capitalista y sin referentes militantes comunistas para el futuro. Estas banderas abandonadas necesitan ser recogidas para levantarlas en las nuevas luchas que vendrán en los campos, fábricas y barrios. El futuro que nos trae la derecha y de la extrema derecha es la de Trump, Milei y cía., será más precariedad, más miseria, más guerras.
Vendrán nuevas luchas y hay que levantar de nuevo las banderas de la clase trabajadora: socialismo o barbarie.

