Todo lo que la población trabajadora produce socialmente en un territorio es el PIB y su evolución se mide anualmente. Ese valor sirve para conocer si una economía crece o está en recesión, acelera o desacelera su crecimiento.
La economía española, según estimaciones del Centro de Investigaciones Económicas y Empresariales (CIEE), mantendrá la duodécima posición en el ranking mundial de Producto Interno Bruto (PIB) hasta 2040. Así lo publicó la Liga Económica Mundial (LEM), que prevé que España termine 2025 con un PIB de 1,88 billones de dólares (1,6 billones de euros), situándose inmediatamente por detrás de Brasil y precediendo a México, que alcanzaría los 1,86 billones de dólares (1,58 billones de euros). Esta proyección asegura a España el primer lugar entre los países de habla hispana en términos económicos durante al menos los próximos 15 años.
Respecto al PIB per cápita, el CIEE ubica a España en el puesto 33 a lo largo del año 2025. Este indicador, que mide la riqueza media por habitante, disminuirá progresivamente hasta el puesto 38 en 2040, según prevé la organización. Estas cifras resaltan la diferencia entre el tamaño absoluto de la economía española y su posición en términos de riqueza per cápita, inferior a la que ostenta por volumen de PIB total.
La clase trabajadora lo produce todo y a cambio su calidad de vida retrocede debido a que esa riqueza queda en manos de una minoría formada por la burguesía. Los beneficios empresariales, con el IBEX como referente, no han parado de aumentar sobre todo desde la pandemia. En una noticia de “El Pais” publicada el pasado agosto se informa que las empresas españolas cotizadas ganaron 33.433 millones en el primer semestre, un 4,45% más que durante el mismo periodo del año anterior. El medio digital “ElDiario.es” publicaba el pasado mes de mayo, “los beneficios de las empresas crecen el doble que los salarios desde antes de la pandemia.”
A fecha 28 de diciembre, un vistazo al índice bursátil IBEX 35 de España señala a Inditex (ITX), Banco Santander (SAN), Iberdrola (IBE), y BBVA, seguidas por otras importantes como Ferrovial, Aena, CaixaBank, y ArcelorMittal, destacando Inditex como líder por capitalización, mientras que el índice en general alcanza máximos históricos impulsado por estos pesos pesados y buenos dividendos de valores como Repsol o Enagás.
La boyante marcha de la economía en España se plasma en las cuentas de resultados de las grandes empresas y sus beneficios, no se ve reflejada en una mejora de la calidad de vida de la población trabajadora.
Los recortes y las privatizaciones en los servicios públicos son también consecuencia del afan por el lucro privado, la fuerte competencia entre los capitalitas que para sobrevivir necesita apropiarse de nuevos mercados. Poniendo el dinero como fin a costa de aumentar las desigualdades sociales.
Explotación laboral para aumentar los beneficios
La subcontratación es el medio más usado por las grandes empresas, como Airbus, como vía de abaratamiento de costes salariales. El sector aeronáutico es muy exigente con la cualificación profesional que exige a sus empleados, a pesar de ello las contratas y subcontratas suelen imponer contratos de trabajo en condiciones laborales y de salarios muy por debajo de las que corresponde por categoría profesional.
Los bajos salarios conforman el perfil del empleo en estas empresas del sector, junto con condiciones laborales más precarias sobre todo entre los más jóvenes y donde la patronal apenas cumple las mínimas normas de seguridad laboral. Esto se puso en evidencia el pasado año en la contrata aeronáutica Sofitec con la muerte de un joven trabajador, debido a la negligencia de la empresa.
Las empresas pueden despedir más barato, incluso gratis. Se dirá que las cifras de creación de empleo han crecido, pero esto es a costa de condiciones de trabajo más precarias. La última reforma laboral permite a la patronal seguir despidiendo, aunque sean improcedentes porque despedir a un trabajador sigue siendo barato. Y la patronal lleva tiempo despidiendo a trabajadores dentro del obligado periodo de prueba porque este despido sí que le sale gratis. De hecho estos despidos ya son más numerosos que los declarados improcedentes. Ello es un regalo que el gobierno “de progreso” ha hecho a la patronal.
En muchas empresas se están destruyendo puestos de trabajo más antiguos, bien con salidas pactadas, o con despidos y EREs. El motivo es que la patronal prefiere trabajadores jóvenes que puede contratar en peores condiciones y con salarios más bajos. La precariedad laboral se ha instalado entre los más jóvenes, solo el sostén familiar les permite vivir pero en resulidas cuentas tienen ante sí un futuro incierto.
La estrategia que emplea la burguesía para aumentar sus beneficios a costa de empeorar las condiciones de vida de la clase trabajadora la lleva a término en sus empresas y fábricas, imponiendo el empleo precario, bajos salarios, despidos… pero también tiene en sus manos la producción y distribución de las mercancías y si existiese un monopolio podría controlar y fijar los precios. Esta doble explotación a la clase trabajadora hace que ésta nunca salga adelante y que los escudos sociales puestos en marcha por el gobierno de turno no lleven a soluciones duraderas.
Estas subidas de precios en los alimentos, el vestirse, la vivienda, la luz, el agua o el gas son otra forma de chupar la sangre a la clase trabajadora. Detrás de estas subidas de precios están todas las grandes empresas en manos de la burguesía, las grandes cadenas de alimentación y distribución como Mercadona o Amazon, en el caso de la electricidad o el gas está Endesa o Naturgy. Los capitalistas que poseen los medios de producción controlan que y cuanto consumimos a través de la especulación, controlan la creación de empleo, las condiciones de trabajo, los salarios. Y también comprando favores políticos o sea mediante la corrupción controlan las leyes que favorecen sus intereses.
La clase trabajadora tiene necesidad de un partido obrero que salga de entre las filas de trabajadores, tiene que organizarse.
Los lazos de solidaridad se han debilitado, la conciencia de clase ha retrocedido ante la desaparición de los referentes revolucionarios que hasta el pasado siglo estaban aún vigentes (la URSS). La izquierda incluidos los antiguos sindicatos de clase se han ido integrando en las instituciones burguesas y han echado el freno a la idea de defender a las masas de trabajadores de los ataques que sufre por parte de la patronal. Las huelgas y manifestaciones masivas han cedido por la apatía impuesta por las cúpulas sindicales. Éstas ya solo ven a los sindicatos como un medio de ganar puestos.
Todo esto no significa el abandono de la lucha obrera, significa que estos representantes de los trabajadores han sucumbido a los intereses de la patronal. Sin embargo la lucha obrera se lleva a cabo continuamente en todas partes, aunque aislada y dispersa, pronto verá que para triunfar es necesario unirse, organizarse y crear un verdadero partido obrero que dirija estas luchas.
La patronal se ha atraído a estas cúpulas sindicales para que sirve a sus intereses. Los sindicatos han cambiado de bando y ahora emplean la estrategia para silenciar las protestas y dar paso a la burguesía que criminaliza las luchas de la clase trabajadora. Ante esta situación a la clase trabajadora no lo queda otra que organizarse y luchar por mejorar sus condiciones.

