1 de Mayo, Día Internacional de la Clase Trabajadora

El 1 de mayo es un día para recordar que la clase trabajadora no ha conseguido nunca nada sin lucha y esa lucha sigue viva.
Siempre que ha pretendido mejoras en sus condiciones de trabajo, reduciendo la jornada o aumentando su salario, se ha tenido que enfrentar a la oposición de la patronal. Hoy vemos normal la jornada de ocho horas, pero lograr esto ha costado muchas luchas y vidas humanas.
Recordemos que un 1 de mayo de 1886 tuvo lugar una gran Huelga General en Estados Unidos en demanda de las 8 horas de trabajo.
El 4 de mayo, en Chicago los obreros se manifestaron en apoyo de la empresa McCormick y en demanda por las 8 horas de trabajo. Se produjo una carga policial y en algún momento alguien lanzó una bomba contra la multitud, causando numerosos muertos y heridos. En su libro, Mamá Jones nos dice que fue un infiltrado de la policía quién lanzó la bomba. Ese día la policía detuvo a 8 trabajadores de filiación anarquista, que fueron condenados a muerte acusados de asesinato y de conspiración.
La jornada de 8 horas se consiguió arrancar a la patronal tras muchas huelgas y luchas.
El 20 de julio de 1889 la II Internacional acuerda mantener una gran manifestación un día fijo, a nivel internacional. Se escogió el 1 de mayo en conmemoración de estos sucesos.
Es evidente que las luchas no han cesado. Se agudizan los conflictos de forma generalizada en las empresas. Podrán variar de intensidad y aparecer menos en los medios, pero la crisis se está llevando por delante miles de puestos de trabajo para que los beneficios de los capitalistas sigan creciendo.
Tan solo este año, los trabajadores hemos tenido que pagar la mayor parte de la factura de los ERTE. Ahora le siguen los ERE y los despidos. Es la estrategia de la patronal para salir indemne, proteger sus beneficios, recibir ayudas públicas. Los beneficios empresariales solo pueden salir de la explotación del trabajo, para ello la patronal destruye empleos, que cubre con nuevo empleo más precario, en peores condiciones cada vez.
En abril de este año ya había 438.617 empleos menos y 401.328 parados más que antes de la pandemia.
Por sectores la industria, banca, telecomunicaciones y servicios, llevan adelante despidos colectivos; durante 2020 los ERE afectaron a casi 1 millón de trabajadores. Además del cierre de empresas: Nissan, Ford, Bosch, Siemens o la prevista de Airbus en Puerto Real.
El sector aeronáutico es el ejemplo más notable, los despidos en Alestis, Aciturri, ITP Aero y otras muchas empresas.
Por ejemplo, en Aernnova, la plantilla de trabajadores resistió durante 83 días contra los despidos. Seguimos pendientes de la lucha que los trabajadores de Airbus en Puerto Real llevan a cabo contra el cierre de esa planta.
Tras los despidos masivos y cierres hay una estrategia de la patronal: Hacerse con mejores beneficios, obtener ayudas públicas y salir de su crisis pasando por encima de la competencia, pero además dejando un reguero de destrucción de puestos de trabajo.
Una simple mirada a la prensa nos arroja algunos datos esclarecedores: El desempleo alcanza a 3,6 millones de trabajadores y la tasa de desempleo se sitúa en el 16% de la población. Son datos publicados por El Pais el 30 de abril.
Aunque culpen a la pandemia, la crisis la provoca el propio sistema de producción capitalista. Y cada crisis se resuelve a favor del capitalista, cada crisis es el modo de expresarse, a peor, la contradicción entre capital y trabajo. Es decir, la clase trabajadora produce todo de forma colectiva, mientras todo lo que produce, en lugar de ponerse a su servicio, al de la sociedad, va a manos de los capitalistas, ellos viven a costa de esa explotación.
Las empresas tienen plena libertad para imponer las condiciones laborales que mejor se adapten a las necesidades productivas y rentabilidad de capital, con las reformas laborales o con la inclusión de avances tecnológicos, o simplemente con el chantaje del paro o por la propia necesidad económica de la población.
El aumento del paro es utilizado por la patronal para mantener niveles de explotación, utilizando el despido como arma ante condiciones de trabajo cada vez más precarias. Si no se combate esta situación los jóvenes no tendrán futuro.
Las crisis anteriores ya demostraron que este sistema capitalista es incapaz de aportar nada positivo al bien común para dar solución a los problemas de la población. El ejemplo más palpable está en las grandes empresas farmacéuticas que han repartido más de 21.600 millones de euros entre sus accionistas mientras que recibieron millones de dinero público para sus investigaciones. La vacuna de AstraZeneca, por ejemplo, fue financiada en un 97% con fondos públicos. El capitalismo vive de ganar dinero a costa de la explotación del trabajo humano.
Para librarse de ello la clase trabajadora tiene que mantener las luchas y organizarse con miras a tomar el poder económico y político.
La clase trabajadora ha tenido desde el siglo 19 partidos obreros. Hoy día esos partidos no existen. Es necesario crear ese partido, que defienda los intereses de las y los trabajadores.
El único futuro posible está en las manos de los trabajadores y de una sociedad donde los medios de producción sean comunes a toda la sociedad, es decir una sociedad comunista.

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