Todos somos inmigrantes. Todos somos trabajadores

La imagen de un niño pequeño –inmigrante– ahogado y su cuerpo sin vida en la orilla de una playa turca, conmocionó al mundo entero.

Fruto de ese impacto provocado y del malestar popular el Consejo Europeo aprobó en 2015 la redistribución de miles de refugiados e inmigrantes que estaban llegando a Grecia, Italia, Hungría… a los diferentes Estados miembros de la UE. A España le tocaba acoger en total a 17.337 refugiados, de los cuales ha acogido sólo un 11% del total, o sea, ni 2.000 personas.

Ni que decir tiene que España es uno de los Estados con más incumplimiento, a pesar de que votó a favor del compromiso de acogida y reubicación. Si hablamos de Europa en su conjunto, el fracaso y la vergüenza son grandes: de los 60.000 refugiados acordados, los Estados han acogido a 28.000 personas. Como decía el propio Junker, de la presidencia de la CE en el momento, “no hay que olvidar que tras la devastación de la 2ª Guerra Mundial ¡cerca de 60 millones de personas fueron refugiados en Europa!”

La UE, con sus 515 millones de habitantes, podrían -evidentemente- acoger sin dificultades algunos millones de refugiados. Lejos de esto no sólo incumplen acuerdos irrisorios de acogida, sino que cada Estado, por su cuenta, multiplica las expulsiones de refugiados o de inmigrantes sin papeles. Mientras tanto no tienen empacho para internarles en centros de retención, incluso de cualquier manera, como recientemente a hecho el ministro Zoido trasladando a inmigrantes a la futura cárcel de Archidona, en Málaga, donde no ha tardado en tener una protesta en toda regla por la escasez de comida y las deportaciones.

Al gobierno acoger a 17.337 refugiados le parece mucho, pero calla la boca acerca de los 2,4 millones de españoles que viven y trabajan fuera. ¡El colmo de la hipocresía!

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