Tanto en el trabajo, como en el teletrabajo, hay explotación

El teletrabajo, que estaba apenas implantado en las empresas hace relativamente poco tiempo, se ha multiplicado a partir de la pandemia. A medida que se ha ido estableciendo, cada vez más han ido surgiendo opiniones y estudios sobre ello. Casi siempre en torno a las condiciones laborales y sociales de esta nueva forma de trabajar.
Desde encuestas o análisis, se ha puesto bajo la lupa sus virtudes, así como sus carencias e imperfecciones. Éstas últimas sobre todo debido a la libertad que siguen teniendo los empresarios para modificar las condiciones laborales.
Esta práctica laboral la han aprovechado los empresarios para sacar provecho de sus plantillas, primero gracias al descontrol inicial por la falta de una regulación efectiva, pero luego gracias a una recién aprobada Ley del Teletrabajo, que les da carta blanca para negociar empresa por empresa y así imponer sus condiciones. Va más allá, conseguir que sean los trabajadores quienes paguen el total de gastos que supone teletrabajar. En su idea de teletrabajo, la patronal sigue la máxima capitalista, privatizar ganancias y socializar las pérdidas.
Las ventajas económicas para los empresarios se han situado como principal objetivo en este caso, escatimando medios materiales, sea imponiendo alargamiento de jornadas, no pagando horas extras e inclusive, como ya apuntó el Deutsch Bank, imponer una tasa a los que teletrabajan destinado a sostener el desempleo.
Para la Caixa, “el teletrabajo es una vía para moderar los ERE”. Es una afirmación que hizo en plena reestructuración con Bankia. Tras el cierre de miles de oficinas, 2.600 trabajadores fueron despedidos y a otros 800 se les ofreció movilidad geográfica. Sin embargo, ahora ven en el teletrabajo una forma de mejorar la atención a los clientes, porque los trabajadores podrían atenderles de forma remota ampliando la zona geográfica de servicio.
UBS Group AG emplea a 70.000 personas en 50 países y, durante el punto álgido de la pandemia, el 80% de su personal mundial trabajó desde sus hogares. La opinión de su director ejecutivo, Sergio Ermotti, se sumó a la de un gran número de ejecutivos de finanzas preocupados de que tantos empleados trabajen de manera remota. “Es especialmente difícil para los bancos crear y mantener una cohesión y una cultura cuando los empleados se quedan en casa”, dijo en una conferencia de Bank of America.
Si esto refleja el miedo a la pérdida del control de los empleados a nivel mundial, será porque ese control tiene valor en forma ganancial para la empresa. Aunque no lo parezca, la “cohesión” y la “cultura” bajo la que agrupa por igual a trabajadores y jefes, son aquí el símil del barco donde “vamos todos a una”, solo que cuando el barco se hunde, solo se salvan los que tienen dinero.
Opiniones en pro y en contra del teletrabajo se enfrentan entre sí. Sin embargo, la cuestión no es debatir sobre si el teletrabajo, bien regulado, mejora las condiciones laborales o sirve para salvar algunos empleos. Porque tanto en el trabajo, como en el teletrabajo, hay explotación.
Sin embargo, la clase trabajadora, que es la que hace funcionar todo, en forma presencial o a distancia, aún tiene mucho que decir. Por de pronto sus intereses van más allá que la simple acumulación capitalista. Se basan en cubrir las necesidades sociales, en abolir la propiedad privada de los medios de producción y el dinero y planificar la economía eliminando la explotación.
La clase obrera tiene queasumir su papel esencial en el mundo del trabajo, la subsistencia humana depende de ello. Contra el mundo del capital, un gobierno creado por la clase trabajadora. De ahí la necesidad de un partido obrero que lleve estas ideas al conjunto de los trabajadores a fin de conseguir emanciparse de la tiranía del capital.

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