SINIF MÜCADELESI (Turquía)

Derrota del presidente

Uno de los acontecimientos importantes de este año en Turquía fueron las elecciones municipales de marzo. En diciembre de 2018, los sondeos preveían todos un fracaso del presidente Erdogan, de su partido AKP (Partido de la Justicia y el Desarrollo, islamista conservador) así como el de su aliado de extrema derecha, el MHP (Partido de Acción Nacionalista). Se predecía la pérdida de la mayor parte de las grandes ciudades, incluso Estambul (con sus 16 millones de habitantes) y la capital Ankara.

Erdogan procuró reaccionar repartiendo lo que pudo, o sea muy poco porque las cajas fuertes del Estado estaban vacías. La única opción que le quedaba era agitar la bandera nacional. Por eso se lanzó la gran campaña sobre la seguridad del Estado turco, que según decían ellos ponían en peligro las fuerzas kurdas en el norte de Siria, cerca de la frontera, organizadas en el PYD (el Partido de la Unión Democrática), que es la parte siria del PKK. Este último es considerado terrorista por Erdogan.

El gobierno argüía que recuperar el territorio permitiría instalar parte de los 3,6 millones de sirios que viven en Turquía. Antes de las elecciones, se concentraron fuerzas militares, con dicho objetivo, a lo largo de la frontera. Erdogan anunció dos veces una intervención inminente, que quedó suspendida por causa de desacuerdo con los EE. UU.

Por su parte, Rusia aprovechó la situación y autorizó la ocupación por Turquía del territorio de Afrin que tenía bajo su control. En enero de 2019, pues, el ejército turco entró en Afrin. Según el gobierno y los medios, no se trataba de una invasión sino de garantizar la seguridad de Turquía y dar una buena lección a los milicianos del PYD. Sólo era cosa de unos pocos días… y luego se marcharía el ejército turco. Llevamos un año con ello. El ejército turco sigue en la ciudad de Afrin y su región. La expedición militar no le dio la victoria electoral a Erdogan en las municipales, sino que logró enfadar a los Estados Unidos, que ya venían molestos por la compra de misiles rusos por parte de Turquía.

Esta vez, Trump mandó directamente ministros a Ankara, en febrero, para aclarar las cosas. Desde esta entrevista ultrasecreta de más de tres horas, sin intérprete (haciendo de ello el ministro turco) ni grabación ni apuntes, Erdogan doblega ante Trump, aunque éste último publique tuits odiosos que amenazan destrozar la economía turca si el presidente no acata sus órdenes.

En las municipales de marzo de 2019, a pesar de las maniobras ilegales y la propaganda de varios medios, el AKP de Erdogan y su aliado MHP no lograron evitar una derrota radical. Perdieron todas las grandes ciudades, incluso Estambul. Pasando por alto la Constitución, anularon el resultado que no les convenía y convocaron otra votación tres meses después, en junio. Pero fue aún peor para ellos, con 800.000 votos de diferencia, frente a sólo 20.000 en marzo.

Esa pérdida de los grandes municipios y sobre todo Estambul era un fracaso político enorme para Erdogan y su pandilla, pero además las empresas amigas del AKP perdieron contratos evaluados en millones de dólares, y eliminaron millares de empleos (reales o ficticios).

Una situación de catástrofe social

La situación económica y social se ha degradado este año. La cuarta parte de los 82 millones de habitantes ya no puede más, dice la estadística pública; más de 4 millones de personas tienen prohibido usar tarjeta de crédito y a la vez son llevados a los tribunales por sus deudas. En dos meses, desde inicios de octubre, la prensa comentó varios suicidios de familias enteras, que se mataron porque ya no podían sortear la dificultad financiera. Como medida de emergencia, el Estado decidió prohibir el cianuro…

Las quiebras de empresas ya no sólo afectan las pequeñas entidades. Algunas empresas grandes declaran problemas serios, por ejemplo, Atlas Global, una gran empresa de transporte aéreo, asociada con Air France, que suspendió todos sus vuelos durante dos semanas, a causa de problemas de tesorería.

El paro supera oficialmente el 14%; pero según el sindicato Disk, rondaría más bien el 18%. Más de 8 millones de personas no tienen empleo, entre los cuales un 30% son jóvenes; además, muchos tienen que reembolsar los préstamos que pidieron para terminar la carrera.

A lo largo del año, los productos básicos han subido entre el 30 y el 40%, y hasta el 50% en el caso del gas y la luz. A pesar de ello, el ministro de Economía (yerno de Erdogan), se muestra satisfecho en cuanto al estado de la economía, por la inflación inferior al 10% (dice él). Y por supuesto, quienes se atrevieran a contradecir al ministro serían considerados terroristas.

Un gobierno que se obstina en la represión

 

Es verdad que, con el fin de mantenerse en el poder, Erdogan y su gobierno apuestan por las amenazas y la represión. La guerra sigue contra sus antiguos socios los gulenistas, partidarios del enemigo íntimo y competidor Fethullah Gülen. Una de las tácticas consiste en identificarlos mediante su red de comunicación secreta, Bylock, un sistema tipo Whatsapp creado por los gulenistas para su uso.

La semana pasada, los servicios de Erdogan declaraban que habían identificado a más de

25.000 gulenistas. Cada semana o casi, varias decenas de personas son detenidas, entre el ejército, la policía o en otros sectores. La represión no sólo golpea esos medios, puesto que los militantes kurdos y los opositores de izquierda también viven bajo la amenaza de una detención y encarcelamiento.

Así pues, en las regiones kurdas, la mayoría de los alcaldes elegidos bajo la etiqueta del partido prokurdo HDP fueron despedidos por el gobierno y algunos fueron detenidos. La represión sigue abatiéndose sobre la prensa. Un dato reciente menciona unos 685 periodistas que han perdido su acreditación de prensa y acabado en la cárcel.

Las detenciones siguen llenando las cárceles; consecuencia inesperada, en una región donde acaban de cerrar las azucarerías estatales, los agricultores inquietos por la venta de su remolacha pueden estar tranquilos porque se van a construir allí diez cárceles, con los consecuentes gastos por parte de los familiares de detenidos.

Con la crisis económica que empeora, sigue degradándose la condición obrera y de la población pobre. El resultado de las elecciones municipales de marzo reflejó en parte el descontento y la pérdida de confianza hacia Erdogan. Sin embargo, no parece que se esté avecinando el estallido social, a pesar de algunas huelgas y movimientos de protesta.

Podrían producirse reacciones y hasta un movimiento social relacionado con las negociaciones entre el Mess (el sindicato patronal metalúrgico) y los sindicatos obreros. Las negociaciones interesan a más de millón y medio de trabajadores y está previsto que acaben en diciembre.

Por la situación incómoda en la que se encuentra tras su fracaso en las municipales, Erdogan y su partido siguen explotando el sentimiento nacionalista, procurando agitar la necesaria protección del territorio mediante la implementación de una zona de transición en el norte de Siria, arguyendo que tropas kurdas ocupaban el lugar, con el apoyo de los EE. UU.

Esta vez sí el “amigo” Trump le dio luz verde: le venía bien una intervención militar turca porque el imperialismo estadounidense no contempla reconocer los derechos nacionales de los kurdos. Éstos, sus antiguos aliados, han tenido que retirarse hacia el sur, para dejar avanzar el ejército turco. Hubo centenas de muertos y abusos por parte de las milicias aliadas de Turquía (y que suelen reunir a antiguos yihadistas).

Erdogan aprovechó la oportunidad (¿cómo no?) para hacer un llamamiento a la unidad nacional, obligando a los partidos de oposición a votar la ocupación (incluso el CHP, el Partido Republicano del Pueblo, supuestamente socialdemócrata). Sin embargo, el sentimiento antikurdo no fue explotado a fondo por el poder, ni tampoco por la oposición socialdemócrata que recoge buena parte del voto kurdo, y lo necesita.

A Erdogan no le duró mucho la buena racha porque pronto volvieron los problemas económicos. Su última tentativa de diversión fue tomarlas con Macron y declarar que éste se encontraba “en estado de muerte cerebral”.

Más en serio: se sabe que, con la ocupación militar de Siria, Rusia quiere aliarse con Turquía para fortalecer sus posiciones en el Oriente Medio; y al revés, los Estados Unidos apoyan la economía turca y por tanto a Erdogan, abriéndole la cartera.

Trump prometió que subiría el nivel de intercambios entre ambos países, de 25.000 a 100.000 dólares al año. De momento, sirven esas declaraciones para contrarrestar la caída de la libra turca aunque siga agravándose la crisis. Trump desea ayudar a que Erdogan siga en el poder porque no tiene repuesto.

Un clima de dictadura

 Nosotros sufrimos las consecuencias de un clima político cada día más enrarecido.

El endurecimiento del régimen, la represión, siempre están presentes. Cada día se produce otra serie de detenciones, primero contra los gulenistas, pero también contra los opositores de izquierda, los nacionalistas kurdos o cualquier persona que exprese una opinión abiertamente anti Erdogan. Cada cual puede sentirse bajo la amenaza de la policía.

Puedo daros un ejemplo concreto: hace dos semanas, una mujer de sesenta años, que pasaba frente al chiringuito de militantes AKP en Estambul, protestó diciéndoles: “¡Nos arruinasteis, basta ya!”. Siguió caminando. Por la tarde del mismo día, mientras estaba visitando a la familia a 20 kilómetros, la detuvieron 15 policías que sólo la dejaron salir por miedo al escándalo.

Es decir que cualquiera puede ser seguido, detenido por una denuncia, en el trabajo o en el barrio, por la acusación de cualquier vecino que quiera vengarse, sin investigación alguna…

En esta situación, los militantes de la izquierda y la extrema izquierda viven bajo amenaza. Sucede con frecuencia que uno y otro sea detenido y encarcelado durante unos días. Se instala el miedo. Los compañeros de trabajo dejan de hablarse, mantienen las distancias y todos desconfían de todos.

Internet, las redes sociales y el teléfono están bajo vigilancia policial. ¡Aún la presidenta del CHP (los socialdemócratas) es objeto de un juicio porque, hace seis años, publicó en Internet textos que criticaban el AKP!

 

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