México: cárteles asesinos y Estado cómplice

El 26 de septiembre, los estudiantes se habían manifestado en la ciudad de Iguala, al sur de México. No sólo los policías dispararon, matando a seis personas y provocando veinte heridos, sino que 43 de ellos han desaparecido, sin encontrar ni rastro hasta el momento. Rápidamente se demostró que la política de Iguala estaba en connivencia con el cártel de drogas local. Reprimieron a los estudiantes por orden del alcalde y su esposa, muy cercanos a la mafia.

Debido a la presión de los manifestantes y sus familias, que no cejan en su empeño de encontrarlos, el presidente Peña Nieto ha puesto en marcha a la policía federal , no menos corruptos y brutales , para encontrar a los estudiantes desaparecidos. Ha sido entonces cuando han sido halladas múltiples tumbas en las cercanías de Iguala, no relacionadas con los estudiantes en cuestión, con los restos de al menos 80 cuerpos , lo que demuestra la falta de humanidad de las autoridades y los narco. Hasta la fecha, 74 personas, entre ellas el alcalde de Iguala, que por cierto huyó, han sido detenidas.

Este drama muestra México como es: un país donde los cárteles de la droga están fácilmente unidos al aparato estatal. Al lado de la burguesía mexicana y de los trusts en América del Norte, los cárteles dominan este país y se enriquecen tras la fachada de un presidente que, por lo general, cierra los ojos ante tanta podredumbre.

Peña Nieto es del Partido Revolucionario Institucional, y tiene detrás décadas de corrupción. Sus oponentes no son mejores: durante su paso por el poder entre 2000 y 2012, el Partido de Acción Nacional -de derechas-, el dominio de los cárteles se ha reforzado. En cuanto al Partido de la Revolución Democrática, de izquierda, juzgen ustedes mismos: el alcalde de Iguala es miembro.

Frente a la represión legal e ilegal, frente a una corrupción que pesa sobre toda la sociedad, la población mexicana sólo puede confiar en su propia movilización.