L’INTERNAZIONALE (Italia)

El sinsentido político actual

La situación italiana resulta difícil de explicar en pocas palabras. El gobierno se compone de una coalición de centro izquierda con el movimiento Cinco Estrellas. Este último gobernaba antes con la Liga, el partido de Salvini, pero durante el verano éste censuró su propio gobierno. Puede que buscara formar otro nuevo ejecutivo con Cinco Estrellas, pero realizando un mejor reparto de las carteras que reflejara su éxito en las elecciones europeas…

Fuera como fuese, tras una serie de declaraciones de los jefes del Partido Demócrata (PD) y Cinco Estrellas, ambos partidos decidieron formar juntos un gobierno. El día anterior, aún declaraba cada uno que era incompatible con el otro… Y a la confusión general se suma el hecho de que el primer ministro Giuseppe Conte ya era el jefe del anterior gobierno, por lo que los periodistas hablan de gobierno Conte 1 y Conte 2.

Uno de los que más insistieron para superar la hostilidad entre Cinco Estrellas y PD fue Matteo Renzi, que hasta entonces era miembro del PD. Una vez convencidos los directivos del PD de la opción que él defendía, salió del partido para crear otro nuevo, Italia Viva, que también forma parte del nuevo gobierno. Renzi es investigado en un caso que implica (entre otras entidades) la Open Foundation, una falsa asociación cultural que se utilizó para recaudar dinero destinado a su política. Entre los donantes están armadores, banqueros, otros patrones.

Se extiende en las ciudades italianas el movimiento de las sardinas. Son manifestaciones en la calle, más o menos espontáneas, que se opone a la derecha y a su propaganda. Nació en Bolonia, donde una parte de la población quiso expresar su rechazo al racismo asqueroso de Salvini. Justo antes de las elecciones regionales en Emilia-Romaña (la región más roja de Italia), la Liga de Salvini declaró su voluntad de “liberar” la región. Fue aquel llamamiento, con ecos de la época fascista, el que suscitó la reacción de las “sardinas”.

Evolucionan constantemente los temas de las controversias entre el gobierno y los partidos de oposición. Ahora está de moda discutir de la reforma del mecanismo europeo de estabilidad, del cual nadie sabe nada en realidad.

El anterior gobierno, con el ministro de Economía Tria, ya dio el visto bueno de Italia al proyecto de reforma de dicha institución. O sea que un gobierno con la Liga dijo que sí. Y ahora los mismos dicen que no, ya que no están en el gobierno. El partido de Salvini organiza una campaña de firmas al nivel estatal, para obtener que se reabra la discusión oficial sobre una reforma que, dice él, ataría de pies y manos a Italia en beneficio de los bancos alemanes y franceses. Salvini y Giorgia Meloni, la dirigente el partido semifascista Fratelli d’Italia, hasta acusaron al jefe del gobierno de alta traición.

Vuelve a surgir el nacionalismo político italiano: no sólo las ideas nacionalistas, sino una corriente política más o menos estructurada. En un artículo escrito en 1915, Lenin cita la posición de un “teórico” nacionalista de la época, Enrico Corradini: “Así como el socialismo era para el proletariado la manera de escapar de la dominación de las clases burguesas, el nacionalismo será para nosotros, italianos, una manera de escapar de la dominación de franceses, alemanes, ingleses, americanos del norte y el sur, que son nuestros burgueses.”

 Sobra decir que la situación es distinta, porque aquella época era la de la guerra mundial. Pero el uso de referencias “sociales” sigue siendo un procedimiento del discurso nacionalista, donde los “dueños”, los patrones de los italianos, siempre son los de fuera.

Se produce algo similar con la cuestión de la acería de Tarento, que afecta ente diez mil y veinte mil trabajadores, teniendo en cuenta la subcontratación. Las negociaciones entre los sindicatos, el gobierno y los directivos de ArcelorMittal (que controla la planta), vienen acompañadas por llamamientos a la “defensa del trabajo nacional” contra las multinacionales extranjeras “que vienen a este país y se creen que pueden permitírselo todo…”

La situación social

Hablando de la condición obrera, dicha acería de Tarento, si bien es de tamaño notable, sólo es una más entre las 160 empresas industriales en crisis. En cada caso, hay luchas más o menos determinadas por trabajadores que van a perder el empleo, pero lo que siempre falta es un movimiento general de contraataque, que refuerce la confianza de los trabajadores en sus propias fuerzas, como clase. Suelen los patrones chantajear a las instituciones locales con el drama de una fábrica bajo amenaza de cierre, con el fin de conseguir financiación pública. A veces son los organismos públicos los que hacen la oferta y aportan incentivos. Es lo que se produjo hace unos días en la provincia de Pisa, frente a la amenaza de reestructuración de dos fábricas de Vitesco, parte del grupo Continental.

Estas dos fábricas producen inyectores para los motores de gasolina y tienen un importante centro de investigación. La dirección de la empresa afirma que la nueva orientación de la producción hacia motores eléctricos impone una reducción de la plantilla, o sea más de las tres cuartas partes de los 900 trabajadores. El presidente de la región Toscana ofreció un apoyo económico para la reconversión laboral de los trabajadores, es decir que, para formar a los futuros despedidos (que no es éste el verdadero problema), ofreció fondos públicos a un gigante multinacional que seguramente no está en quiebra.

En nuestra propaganda, insistimos en la idea de que, aunque cada empresa en crisis tenga su historia propia, de lo que se trata es de defender los sueldos y los empleos, o sea las condiciones básicas de existencia de la clase obrera. Existe pues una base común que debe llevar a reivindicaciones comunes, así como la prohibición de los despidos, el reparto del trabajo sin bajar los sueldos y la garantía de un sueldo digno. Nuestro grupo es muy pequeño, por lo que sólo podemos dirigirnos a un número reducido de trabajadores, pero vemos que quienes asisten a nuestras reuniones y leen nuestro periódico entienden esta lógica.

Otro aspecto característico de la situación italiana actual es el gran número y variedad de convenios distintos. Antes no había tanta diversidad, los límites de los convenios eran exacta- mente los del sector industrial en cuestión. Pero ahora existe una jungla de contratos colectivos, que sirve para dividir, fragmentar y explotar aún más a los trabajadores. En el sector de servicios

hay setenta convenios distintos… Empresas y administraciones públicas usan el siguiente mecanismo: se forma una sociedad de servicios, que puede ser una cooperativa; consigue un contrato público, y subcontrata parte de lo pactado a otra sociedad. Esta última aplica a sus empleados (por lo general, inmigrados) un convenio más desfavorable que la de la empresa titular del contrato. Se puede multiplicar indefinidamente la maniobra, tanto en los servicios públicos como, por ejemplo, en el transporte y la manutención de mercancías en los almacenes de las grandes empresas de logística.

Afortunadamente, en los últimos años, muchos obreros se rebelaron contra la situación antes descrita y obtuvieron mejores sueldos. Son casi siempre los sindicatos de base los que organizan la lucha, con lo cual hay problemas de sectarismo y división, independientemente de los innegables méritos de sus militantes.

En un libro publicado hace unas semanas, el sociólogo Luca Ricolfi describió Italia como una “sociedad aristocrática de masa”. Como siempre con la sociología burguesa, el texto está lleno de cosas interesantes y también de necedades. Pero Ricolfi tiene como mérito el de recordar la importancia de la parte del proletariado que él define como “la infraestructura, cerca de la esclavitud” y evalúa en unos 2,7 millones de seres humanos, sobre todo inmigrados. Estos “casi esclavos” son llamados así porque suelen trabajar sin protección jurídica alguna y por unos sueldos de miseria.

Claro está que no son fenómenos propios de Italia, sino que se trata del capitalismo de hoy en día. Pero Lenin, en el artículo antes citado, respecto a Italia hablaba de una “burguesía brutal, asquerosa, reaccionaria e indignante”.

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