La situación social, económica y política en España

Voz Obrera

 

Salud compañeros; os transmito el saludo fraternal de los camaradas de Sevilla.

La situación económica y social en España no mejora desde la crisis de 2007 aunque los voceros de la burguesía y sus políticos se empeñen en decir que hemos salido de la crisis. De hecho, el 85% de las personas asistidas por la Cruz Roja son trabajadores pobres, que no llegan a fin de mes y de estos el 26% no alcanza a alimentarse adecuadamente. La crisis y la pobreza aumentan; comprobando la distribución de las rentas en España, se ve a las claras como las rentas del trabajo han ido reduciéndose y las del capital aumentando.

La ofensiva de la patronal sigue creciendo y la extrema derecha continúa ocupando posiciones e instalándose en las instituciones. La situación de los trabajadores no es halagüeña porque, aunque Pedro Sánchez ha vendido a bombo y platillo que ha subido el salario mínimo a 900 euros, cosa cierta, no es menos cierto que los despidos siguen por todas partes.

Miles de trabajadores han sido despedidos en 2019, víctimas de ERE en grandes empresas y multinacionales. El número de trabajadores afectados por expedientes de regulación de empleo (ERE) ascendió a 44.745 en los siete primeros meses del año, un 40% más que en el mismo periodo de 2018: entre otras empresas supermercados Día, Abengoa, Nissam, Ford, y un largo etcétera que muestra a las claras que la economía está lejos de despegar. El último ERE que recién se acaba de anunciar es en la SEAT, son despidos temporales que afectarán a 6600 trabajadores; y esto ocurre cuando la empresa obtuvo el año pasado 254 millones de beneficios.

Así pues, los despidos se suceden y el empleo que se crea, escaso, es precario y muy estacional. Seguimos con una cifra oficial de algo más de 3 millones de parados, casi un 15% de la población activa; las ayudas sociales se otorgan a cuentagotas, hay personas mayores que mueren antes de que se hagan efectivas las que, sobre el papel, tienen concedidas. Las jubilaciones son muy bajas y su sostenibilidad se pone en entredicho continuamente, a la vez que se reitera que la edad de jubilación, a los 67 años, habría que aumentarla. Veremos qué hacen ahora con las pensiones si llegan a constituir gobierno Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, puesto que una de sus promesas ha sido que las blindarán, cosa –por lo demás que dada su baja cuantía en general tampoco les va a suponer mucho.

Existe un deterioro de los servicios públicos a todos los niveles. La sanidad, la educación y servicios sociales se llevan la peor parte. En tiempo de Rajoy se hizo una Reforma Laboral que permitió despedir sin coste, a cargo del dinero público y precarizar el empleo; se aprobó una ley de “techo de gasto” por la cual las entidades públicas no pueden gastar en los servicios públicos más allá de un límite, y que se utiliza para chantajear a los trabajadores y privatizar los servicios públicos. Además, no se pueden contratar a más del 8% de los trabajadores que se jubilan, con lo cual abren la puerta a las ventas de las empresas y servicios públicos que quedan.

Este año ha sido un año en el cual han retrocedido el número y la intensidad de las movilizaciones: aunque se siguen defendiendo la sanidad, la educación y las pensiones, pero de forma mucho más atenuada. También está habiendo en el último mes concentraciones convocadas por los sindicatos mayoritarios, CCOO y UGT, para protestar por el despido de trabajadores enfermos, cosa que posibilitó la última reforma laboral de la derecha de Rajoy y que Pedro Sánchez no ha querido derogar ni modificar.

En cuanto a la situación política, las elecciones y el conflicto catalán han marcado la agenda. Hemos vuelto a celebrar elecciones, las cuartas en cuatro años. Se ve que le hemos cogido afición. En estas últimas, que han sido generales, en medio de un clima de desánimo y apatía en parte de la población de izquierdas, la abstención ha sido de un 30%, algo mayor que en las anteriores. El PSOE ha resultado ganador –aun perdiendo votos- con casi el 29% de los votos emitidos, pero sin los resultados que esperaban; necesitarán pactar con otras formaciones para conseguir formar gobierno. O sea, que seguimos como estábamos.

También PP ha perdido votos; ha conseguido el 21% de los votos, así como Unidas Podemos que se han quedado con un tímido 11%. El batacazo más grande se lo ha llevado Ciudadanos -el otro partido “nuevo” de derechas que irrumpió hace unos años en el parlamento con resultados electorales espectaculares que no ha llegado esta vez a conseguir ni un 7% de los votos y cuyos cabezas más visibles están ahora dimitiendo en cascada. No es que se pierda mucho por el descalabro de este partido, pero lo peor es que parte de sus votos han ido a parar a Vox, la extrema derecha sin careta, que ha conseguido casi el 16% de los votos, situándose de golpe y porrazo como la tercera fuerza política del país. Esto sí ha supuesto una conmoción para mucha gente y para la población en general de izquierda que aún se muestra estupefacta de que vaya a haber en el parlamento 52 diputados de Vox.

Aún no sabemos si Pedro Sánchez logrará formar esta vez gobierno o iremos a por otras elecciones; el voto está muy fragmentado y Pedro Sánchez no tiene suficiente con el pacto con Podemos, que esta vez sí, de golpe y porrazo, ha sido posible. Ambas formaciones llegaron a un acuerdo de gobernabilidad en menos de 24 horas, cosa que ha enfadado mucho a parte de la población porque si hemos repetido estas elecciones es porque en las anteriores de abril no llegaron a ninguno. Ahora, por los avatares de la ley electoral, Podemos va a gobernar precisamente cuando tiene los peores resultados electorales de su historia, pues ha ido perdiendo votos en cada elección celebrada.

La gente en general ha reaccionado con enfado al gran abrazo que se han dado ahora Pablo Iglesias y Pedro Sánchez, pues nos habríamos podido ahorrar estas cuartas elecciones que aparte del dinero que nos ha costado, va a suponer poner 52 micrófonos a disposición de la extrema derecha en el parlamento central, con los nuevos diputados de Vox, y que acabará normalizando la presencia de diputados que antes ni se atrevían a hablar a cara descubierta. En Madrid, por ejemplo, la derecha municipal se ha atrevido a eliminar los nombres de los fusilados por el Franquismo en el cementerio de la Almudena, destrozando las placas inscritas en el muro.

Pedro Sánchez no va a gobernar para las clases populares y la clase trabajadora, pues los socialistas hacen mucho tiempo que dejaron de serlo; nos queda por ver aún el papel que juega Pablo Iglesias en el gobierno, si este se forma, pero es una apuesta segura que va a seguir defraudando a muchos. Las ilusiones electoralistas con el posible nuevo gobierno de los socialistas y Podemos puede costarnos caro mientras que el auge de la extrema derecha se alimenta precisamente de la desmoralización que produce esa izquierda en el gobierno que hasta ahora no ha sido capaz, siquiera, de eliminar la Reforma Laboral. Nosotros no nos hacemos ninguna ilusión.

En España hubo reacciones a la crisis (el 15 M, las marchas de la dignidad que recorrieron España, las mareas ciudadanas defendiendo la sanidad, la educación, ha habido lucha contra los despidos, etc., pero nadie utilizó toda esa energía, esos movimientos, para hacer algo en dirección de la clase obrera. Al revés, han sido otras perspectivas las que se han instalado, el reformismo de Podemos, las maniobras de los nacionalistas en Cataluña y en España, para terminar, poniéndole una tribuna pública a la extrema derecha; por eso cualquier apoyo a este posible gobierno, el apoyo de Podemos, te liga a los socialistas y a sus maniobras, a sus ataques anti obreros.

Y bueno, como esto de celebrar elecciones parece que nos gusta, también hemos celebrado elecciones municipales y autonómicas. Podemos decir, para no cansaros, que los socialistas son los ganadores en ambas elecciones en una mayoría de regiones autónomas, pero que no gobiernan en todas por los pactos. La derecha se ha instalado en Madrid, su gran victoria, pese a sus malos resultados y gracias a los pactos y el batacazo de Podemos ha sido grande.

En nuestra autonomía, Andalucía, se ha formado un nuevo gobierno con las derechas: PP, Ciudadanos y Vox. Es el primer gobierno de derechas que tiene Andalucía tras casi 40 años de gobierno socialista; de momento no han hecho grandes barbaridades, jugando un poco al despiste, pero los ataques sin duda vendrán de la mano de nuevos recortes en la Educación y en la Sanidad que es lo que persiguen desde hace tiempo.

Las elecciones en Andalucía tuvieron una grandísima abstención, ya que el desgaste de los socialistas y su falta de credibilidad han ido aumentando exponencialmente en los últimos años. El último escándalo que les concierne ha sido el macro juicio de los ERE (Expedientes de Regulación de Empleo) del que acabamos de conocer la sentencia, durísima, con penas de cárcel e inhabilitaciones para dirigentes históricos del PSOE andaluz, que se han comportado como verdaderos caciques. Resulta que los socialistas en Andalucía han ido desviando dinero público para ayudar a las empresas supuestamente en crisis a despedir, otorgando ayudas también a los despedidos. De esta forma, por contarlo brevemente, han tejido toda una red clientelar de estómagos agradecidos, ayudando al empresariado y también comprando el silencio y la desmovilización de muchos trabajadores despedidos.

Las elecciones en todo el país y en especial en Cataluña estuvieron precedidas por la publicación de la sentencia contra el procés catalán, que ha condenado a políticos catalanistas a penas muy duras de cárcel por organizar un referéndum y proclamar la pseudo República catalana. Esta sentencia provocó graves disturbios dejando 600 heridos, más de cien detenidos y 28 encarcelados.

La formación independentista ERC (Izquierda Republicana Catalana) se ha impuesto en las urnas adelantando a los socialistas catalanes en tres diputados; su número dos, Gabriel Rufián, ya que su principal líder está en prisión, enseguida declaró que Catalunya destruye el fascismo. Esto es lo que muchos jóvenes catalanes sienten: que están luchando contra la monarquía, contra el régimen de la transición que los ha llevado a una crisis donde no ven salida y dónde los jóvenes no tienen futuro, además, dicen, de estar oprimidos. En este contexto las maniobras politiqueras de unos y otros buscan realmente una salida negociada. Unos, los nacionalistas e independentistas catalanistas necesitan vender a su electorado y a la gente movilizada una mesa de diálogo para negociar un referéndum y los socialistas tener sus votos para poder gobernar con Podemos.

Es verdad que Cataluña ha sido muy golpeada por la crisis, pero no es menos cierto que muchos recortes los han aplicado políticos catalanistas incluso antes que se les exigiese desde Madrid. Tampoco es menos cierto, que, con los datos en las manos, Cataluña sigue siendo una de las regiones más ricas de España y el resto del país no entiende que se quieran independizar precisamente ahora en épocas de vacas flacas, viéndolo, pues, como una cuestión de egoísmo y falta de solidaridad con otras autonomías menos favorecidas. La sin razón del nacionalismo catalán es incomprensible; es incomprensible, por ejemplo, que formaciones de izquierda defiendan que la gente vivirá mucho mejor en Cataluña cuando esta sea soberana, cuando es su propia policía autonómica, dirigida por el independentista Torra, la que los está majando a palos cuándo salen a la calle…

Diciembre, 2019

 

Etiquetas: