BUND REVOLTIONÄRER ARBEITER (Alemania)

En Alemania, este fin de semana el partido socialdemócrata (SPD) tiene su congreso. Se está eligiendo el nuevo jefe del partido, por tercera vez en tres años.

Cada vez, se presentó al nuevo dirigente como la esperanza, más de izquierdas, más crítico hacia la gran coalición y capaz de reconquistar a los votantes perdidos de las clases populares. En vano, porque cada elección confirma el inevitable declive de los socialdemócratas.

En las últimas elecciones regionales en Sajonia y Turingia, sólo logró el 8% de los votos. Su actual “giro a la izquierda”, si bien le lleva a defender el aumento del salario mínimo, consiste sobre todo en reclamar un gran programa de inversión pública de 45.000 millones de euros al año… lo mismo reivindica la patronal para hacer frente a la “amenaza de recesión”.

Ganancias y despidos masivos

Por su parte, la patronal intensifica sus ataques. Desde principios de este año (2019), varias empresas, incluso las mayores, anuncian cierres de fábricas y despidos en masa. Demos unos ejemplos: en la siderurgia, ThyssenKrupp anunció 6.000 despidos; en el comercio, Karstadt anunció 2.000; en la química, Bayer, 12.000 y BASF, 6.000; en la banca, la Deutsche Bank despedirá a 18.000 trabajadores y la Commerzbank a otros 4.000.

Los ataques son muy duros en el sector automóvil. Los tres mayores constructores, BMW, Daimler y Volkswagen, prevén un total de 60.000 despidos en tres años, sólo en Alemania. Entre los proveedores y subcontratas, no hay semana sin que se anuncie el cierre de una fábrica, mientras en las otras plantas hay paros de la producción y se reducen los sueldos.

No hace falta decir que, para los patrones, las cosas van estupendamente: Daimler y BMW, por ejemplo, acumularon más de siete mil millones de ganancia cada uno.

Es verdad que muchas empresas han registrado una leve bajada en sus ganancias, respecto a 2017, lo cual basta para que sean más agresivos.

Está la incertidumbre en cuanto a la evolución de la economía global, y en particular de la situación de China, cuyos vínculos con la industria alemana son estrechos. Volkswagen, por ejemplo, vende la mitad de sus coches en China.

Sueldos a la baja y chantaje

Otra empresa metalúrgica de 400 trabajadores, en la Ruhr, es afectada también. En julio. El grupo estadounidense que la posee decidió cerrar tres plantas en Alemania, para aumentar sus márgenes de ganancias. Cuatro meses más tarde, dos plantas están cerradas, y parece que, para la tercera, ubicada en Essen donde nosotros militamos, preparan un cierre en varias etapas.

Cuando se anunció el cierre, la dirección vino con decenas de seguratas, por el miedo a que los trabajadores rompan las máquinas o realicen acciones espontáneas. Pero, en realidad, fue más eficaz el sindicato. Mientras una mitad de los trabajadores se preguntaba cómo reaccionar, los sindicalistas explicaron que primero habría que negociar con los jefes en los EE. UU., y para eso habría que demostrar que eran trabajadores serios y fiables. Luego, durante tres meses, no pasó nada. Con varios pretextos, se aconsejó a los trabajadores que esperaran pasivamente.

Un buen día, se organizó una consulta, en la que los trabajadores tenían que elegir entre dos opciones: el despido de la mitad de la plantilla y un recorte de cientos de euros en el sueldo, o bien… el cierre de la plantilla. El 40% de los trabajadores rechazó el chantaje y se abstuvo. Pero no imaginan luchar, menos aún sin o contra los sindicatos.

La ecología como pretexto para nuevos ataques

Buena parte de los ataques de la patronal (y en particular en el sector automóvil) y del gobierno se disfrazan de lucha contra el cambio climático. Es de notar que el movimiento de juventud Fridays for Future ha tenido mucho éxito en Alemania. Durante seis meses, decenas de miles, luego cientos de miles de jóvenes bajaron a la calle cada viernes por la mañana, para expresar su miedo ante la evolución del estado del planeta.

En septiembre, en el punto más alto del movimiento, eran 1,4 millón los manifestantes, expresando una ira contra la lógica del lucro, y unas ganas de cambiar colectivamente el “sistema”, pero también, por otra parte, tenían las ideas individualistas tipo “cada uno debe cambiar su modo de vida”.

Luego, el movimiento fue recuperado políticamente por los Verdes y por todos los partidos. Los de la gran coalición procuraron frenar su declive electoral adoptando la moda ecologista. Llevan meses hablando apenas de otra cosa. No les ha permitido mejorar sus resultados en las urnas, pero lo han aprovechado adoptando nuevas leyes que, con la excusa del clima, suben la factura de la calefacción y la gasolina para las clases populares, mientras la patronal recibe un regalo de 50.000 millones de euros en cuatro años, Desde Die Linke hasta la derecha más reaccionaria de Baviera, desde patrones hasta sindicatos, todos reman con la corriente, creando un ambiente tipo unión sagrada para la lucha contra el enemigo común, el cambio climático.

Unión sagrada antiobrera de la que se beneficia la patronal

 Sólo hay un partido que se oponga a esta política y aparezca como el único defensor de los trabajadores y los desdichados: la AfD (Alternative für Deutschland, Alternativa para Alemania), partido de extrema derecha. Son como Trump: quieren que los patrones sigan contaminando como siempre lo han hecho, porque según dicen así se refuerza la competitividad de la industria alemana y se garantiza el empleo. Un buen ejemplo es el cese de la extracción de lignito (un tipo de carbón) en Renania y en una gran región del Este.

 

Con el argumento de que se prohibirá la extracción en 2035, las empresas energéticas quieren despedir ahora. Todos los partidos menos la AfD explicaron en las elecciones que este sacrificio por parte de los trabajadores sería necesario para proteger el clima pero que, gracias a las subvenciones del Estado, encontrarían otro empleo. En cambio, la AfD reivindicaba la continuación de la actividad minera y se presentaba como el único defensor de los empleados, lo cual participó en su éxito en las urnas. En muchos municipios afectados por la cuestión del carbón, la AfD rondaba el 40% de los votos.

Es verdad que el sindicato del sector, el IG BCE, les ha prestado ayuda. Movilizó varias veces para aplazar el final de la extracción de lignito y reclamar subvenciones para la patronal. No dudó en acoger a un grupo AfD en una manifestación en Renania (lo cual nunca antes se vio en una mani sindical), porque la extrema derecha y el sindicato decían lo mismo, o sea que querían “salvar la industria alemana del fanatismo ecológico”.

Hace dos semanas, cuando militantes ecologistas organizaron manifestaciones dispuestas a pelear contra la continuación de la extracción de lignito en Alemania del Este, la patronal y el sindicato organizaron juntos un evento contra los ecologistas, en completa armonía con políticos locales, entre los cuales se destacaban los de AfD. También han hecho campaña grupos neonazis de la región, y un grupo de policías se sacó una foto ante un eslogan neonazi contra los ecologistas.

Pero la extrema derecha avanza también en otras partes del país. Por ejemplo, en un distrito de Essen, existe una pretendida “milicia ciudadana”, formada por hooligans y motoristas de extrema derecha, que desde hace veinte meses patrullan en los barrios cada jueves, en grupo de cincuenta o cien. So pretexto de “garantizar la seguridad y proteger a las mujeres contra los inmigrados violadores y criminales”, procuran imperar por el miedo.

Las asociaciones organizan contramanifestaciones cada jueves y se convierten en el blanco principal de los milicianos, que no dudan en amenazar, pegar, y hasta un día pegaron un tiro en las ventanas del centro cultural. Muchos trabajadores del distrito no se dan cuenta del peligro muy concreto. Se lo toman en serio lo de la seguridad y piensan que, si los políticos critican la milicia, es que les molesta y por tanto algo bueno tiene que tener.

El ambiente viene marcado también por las consecuencias de la guerra de los turcos en el norte de Siria, que ha provocado tensiones entre turcos y kurdos (de Turquía y Siria). En varias ciudades de Alemania, grupos de nacionalistas turcos atacaron manifestaciones de kurdos en contra de la guerra, y hubo peleas.

Movilización por la vivienda digna

Quiero terminar hablando de algo más simpático, y es el movimiento contra los precios de la vivienda en Berlín, que se han disparado. Millares de manifestantes bajaron a la calle para reclamar la socialización de las grandes empresas del sector. Dicha reivindicación no sin motivo nació en Alemania del Este, que no tiene la misma historia que el resto del país respecto a la vivienda. Se ha hablado mucho del tema porque, por primera vez desde hace años y años, los trabajadores se preocupaban por el significado de las expropiaciones, la posibilidad de realizarlas, y muchos obreros han descubierto la idea.

Por lo general, la situación económica y política, el movimiento por el clima, la crisis, la subida de la extrema derecha, son preocupaciones que hacen que más trabajadores y jóvenes se plantean cuestiones de fondo sobre el futuro de la sociedad y se abren un poco más a la idea de una transformación revolucionaria.

 

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