Bangladesh, catástrofe del Rana Plaza: la lucha de las obreras por conseguir las indemnizaciones

El lunes 7 de abril, Shila Begum, una joven obrera superviviente de la catástrofe del Rana Plaza, vino a Francia para denunciar el rechazo de algunas empresas multinacionales, como Auchan y Carrefour, a pagar las indemnizaciones debidas.

Hace un año, en el extrarradio de Dacca en Bangladesh, un inmueble que acogía talleres textiles se hundía literalmente sobre miles de obreras que trabajaban allí. Se han cuantificado más de mil muertos, a los que se añaden los numerosos desaparecidos, estimados entre 300 y 500, incluso 600, y en torno a 2.000 heridos.

Hoy, muchas obreras del Rana Plaza están inválidas, han perdido el uso de un brazo o de sus piernas. No han podido encontrar trabajo cuando muchas de ellas son el único sostén de la familia pues son viudas o están divorciadas. Algunas son expulsadas de su vivienda, porque no pueden ya pagarla.

El gobierno comenzó a pagar indemnizaciones a las que reclamaban, del orden de unos 500 euros, especialmente para pagar los cuidados que necesitan tras el accidente. Pero los fondos de indemnización al que los fabricantes y las multinacionales ordenantes debían contribuir han quedado casi vacío: solo ha reunido a fecha de hoy 7 millones de dólares, cuando se estima en 40 millones el dinero necesario, para indemnizar a las víctimas de sus pérdidas de ingresos y de los gastos médicos.

Los testimonios de las obreras y de la inspección de escombros de militantes sindicalistas y miembros de ONG han podido registrar a una cuarentena de marcas cuyas ropas eran fabricadas en este inmueble. Muchas multinacionales de confección y de la gran distribución de países occidentales están implicadas, pero algunas de ellas, como Auchan o Carrefour, niegan todavía la evidencia, afirman que no estaban al corriente y, en consecuencia, rechazan contribuir a los fondos de indemnización.

Ahora, tras el movimiento de indignación que la catástrofe suscitó en el país, tras las huelgas y las manifestaciones de cientos de miles de obreros del textil, algunas fábricas de las más peligrosas han sido cerradas y el salario mínimo ha aumentado un poco. Debido a ello las grandes marcas de confección comienzan a abandonar Bangladesh por Etiopía ¡con salarios aun más bajos! Los capitalistas del sector cuentan con mantener así el 40, 50, incluso el 70% de margen que realizan con la venta de su ropa.

La obrera Shila Begum, acompañada de la militante sindicalista Safia Parveen, reclama ahora justicia a los capitalistas responsables de la catástrofe, en nombre de todas las víctimas. Ellas tienen derecho a la solidaridad de todos los trabajadores y de todas las organizaciones obreras de Francia y de Europa.

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