80 AÑOS DEL NACIMIENTO DE LA IV INTERNACIONAL

EL INTERNACIONALISMO ES LA EMANCIPACIÓN DE LAS CLASES TRABAJADORAS
Y DE LA HUMANIDAD

Hoy, como antaño, el mundo del trabajo vive en una continua extorsión, explotación y sometido a una burguesía internacional que posee los medios de producción, distribución y de intercambio. La sociedad capitalista vive su agonía histórica en una crisis mundial permanente, que necesita irremediablemente su transformación revolucionaria para construir un nuevo mundo colectivo, social, fraternal y humano, sin explotadores ni explotados.

Vivimos en un planeta donde la economía está globalizada

Todos los procesos productivos están coordinados y socializados internacionalmente. Desde las nuevas tecnologías, hasta el textil, pasando por las finanzas, los automóviles o servicios como el turismo están producidos en una cadena donde interviene una fuerza de trabajo internacional. Así, mientras que los sectores productivos están organizados mundialmente con precisión científica por las grandes corporaciones transnacionales del planeta, millones de trabajadores viven en condiciones de explotación, divididos y separados por fronteras nacionales, idiomáticas, culturales, religiosas, enfrentados por el racismo, la xenofobia de infames políticos como Bolsonaro, Trump, o en general, la extrema derecha y el nacionalismo.

La explotación del siglo XIX está presente en el siglo XXI


Las grandes empresas y los grandes bancos actúan y organizan las fuerzas productivas y financieras mundialmente. En Airbus, por ejemplo, miles de trabajadores de la empresa y sus contratas trabajan en los mismos proyectos en Europa y el mundo, y sin embargo, cientos de miles de trabajadores de las contratas trabajan en precario, sin derechos sindicales y hasta gratis utilizando la mano de obra de becarios. En China, Appel fabrica componentes para iPad e iPhone explotando trabajadores 12 horas al día. La mayoría de ellos trabajan hasta 18 días seguidos. En Indonesia explotan a niños que sacan estaño de pozos de barro, donde son expuestos a deslizamientos de tierra que podrían acabar con sus vidas. Por no hablar de la industria textil y la
explotación bárbara a que son sometidas las mujeres en Asia, África o Latinoamérica por compañías conocidas de todos. Esta situación social provoca, además, que los trabajadores compitan entre sí para sobrevivir, tener un empleo y una vida digna. Esta competencia es causada por el propio sistema empresarial capitalista que vive de ello, para arrancar cuotas y beneficios de mercado a otras empresas y que terminan en guerras comerciales, entre estados y naciones para controlar recursos humanos, energéticos, materias primas, etc. Y todo esto en un gran mercado mundial dominado por las ansias de beneficios de los especuladores financieros, grandes accionistas, empresarios y sus políticos corruptos.

Por el contrario, la clase trabajadora no tiene otra salida que la solidaridad, la unión obrera para mejorar sus condiciones de vida

No hay otra posibilidad que esa unión, pues es la misma estructura productiva cooperativa que ha creado el capitalismo la que origina, que para cualquier mejora, los trabajadores se tengan que poner de acuerdo para luchar contra la patronal. El esquirolaje, el individualismo egoísta, los favoritismos, privilegios y divisiones salariales, el enchufismo, el racismo, la xenofobia, el nacionalismo, el miedo al despido, la integración y corrupción de las directivas sindicales, las religiones, son armas que utiliza la burguesía para dividir a la clase trabajadora y mantener la desigualdad social. Por ello nació el internacionalismo y las internacionales para realizar la unión de las clases trabajadoras del mundo, para su emancipación y luchar contra el capitalismo y sus lacayos.

El internacionalismo es hoy una necesidad

Las palabras de Marx pronunciadas en la Alocución Inaugural de la AIT en 1864, son de una actualidad sorprendente:
“La clase obrera posee ya un elemento de triunfo: el número. Pero el número no pesa en la balanza si no está unido por la asociación y guiado por el saber. La experiencia del pasado nos enseña como el olvido de los lazos fraternales que deben existir entre los trabajadores de los diferentes países y que deben incitarles a sostenerse unos a otros en todas sus luchas por la emancipación, es castigado con la derrota común de sus esfuerzos aislados.” (…)
“En todos los países de Europa -y esto ha llegado a ser actualmente una verdad incontestable para todo entendimiento no enturbiado por los prejuicios y negada tan sólo por aquellos cuyo interés consiste en adormecer a los demás con falsas esperanzas-, ni el perfeccionamiento de las máquinas, ni la aplicación de la ciencia a la producción, ni el mejoramiento de los medios de comunicación, ni las nuevas colonias, ni la emigración, ni la creación de nuevos mercados, ni el libre cambio, ni todas estas cosas juntas están en condiciones de suprimir la miseria de las clases laboriosas; al contrario, mientras exista la base falsa de hoy, cada nuevo desarrollo de las fuerzas productivas del trabajo ahondará necesariamente los contrastes sociales y agudizará más cada día los antagonismos sociales. Durante esta embriagadora época de progreso económico, la muerte por inanición se ha elevado a la categoría de una institución en la capital del Imperio británico. Esta época está marcada en los anales del mundo por la repetición cada vez más frecuente, por la extensión cada vez mayor y por los efectos cada vez más mortíferos de esa plaga de la sociedad que se llama crisis comercial e industrial.”
“La emancipación económica de la clase trabajadora es, por tanto, el gran objetivo que todo movimiento político que se reclame del proletariado, debe servir. Hasta ahora, todos los esfuerzos encaminados hacia esa meta habían fracasado por falta de unidad entre los diferentes grupos obreros de cada país y entre las clases obreras de los diferentes países. La emancipación de la clase obrera no es un problema local ni nacional, sino social: afecta por igual a todos los países que integran la sociedad moderna y no puede resolverse sin una cooperación sistemática y organizada de todos ellos”. “¡Proletarios del mundo uníos!”

LOS COMIENZOS
LA ASOCIACIÓN INTERNACIONAL DE TRABAJADORES
(1864/1876)

En 1863 las Trade Unions decidieron invitar a Londres a representantes sindicales franceses. Los sindicatos británicos sufrían el esquirolaje que los empresarios ingleses realizaban al romper sus huelgas contratando obreros en Francia. Un primer contacto había tenido lugar aprovechando la Exposición Universal de 1862 en Londres entre trabajadores franceses y británicos. De estas conversaciones y del consiguiente llamamiento a la solidaridad internacional de los obreros nació la idea de crear una organización Internacional.

En 1864 se reunieron en el Saint Martin Hall de Londres representantes de diversos sindicatos europeos, junto a docenas de exiliados revolucionarios de toda Europa que vivían en Londres. Se fundó la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT) y se estructuró a través de un Consejo General, con sede en Londres, y unas Secciones Nacionales en cada país. A estas Secciones se afiliaban en cada Estado los sindicatos y las personas que lo deseasen. Existía pues una enorme diversidad ideológica.

Karl Marx, redactó el Manifiesto Inaugural y los estatutos. El Manifiesto se incluyó como prólogo a los Estatutos de funcionamiento de la Internacional.

En los estatutos se especificaban:

“que la emancipación de la clase obrera debe ser obra de los obreros mismos;

que la lucha por la emancipación de la clase obrera no es una lucha por privilegios y monopolios de clase, sino por el establecimiento de derechos y deberes iguales y por la abolición de todo privilegio de clase;

que el sometimiento económico del trabajador a los monopolizadores de los medios de trabajo, es decir de las fuentes de vida, es la base de la servidumbre en todas sus formas, de toda miseria social, degradación intelectual y dependencia política;

que la emancipación económica de la clase obrera es, por lo tanto, el gran fin al que todo movimiento político debe ser subordinado como medio;

que todos los esfuerzos dirigidos a este gran fin han fracasado hasta ahora por falta de solidaridad entre los obreros de las diferentes ramas del trabajo en cada país y de una unión fraternal entre las clases obreras de los diversos países;

que la emancipación del trabajo no es un problema nacional o local, sino un problema social que comprende a todos los países en los que existe la sociedad moderna y necesita para su solución el concurso teórico y práctico de los países más avanzados”. Finalmente explicaba que, “No más deberes sin derechos, no más derechos sin deberes.”

Y en 1872 se incluyó el siguiente artículo: “En su lucha contra el poder unido de las clases poseedoras, el proletariado no puede actuar como clase más que constituyéndose él mismo en partido político distinto y opuesto a todos los antiguos partidos políticos creados por las clases poseedoras. Esta constitución del proletariado en partido político es indispensable para asegurar el triunfo de la Revolución social y su fin supremo: la abolición de clases.”

En los comienzos, la lucha ideológica y por el control de la Internacional fue dura. En la Asociación existía una variedad de grupos y tendencias muy contradictorias. Así los tradeunionistas británicos insistían en las huelgas como medio de presión, los marxistas confiaba más en la lucha política, los anarquistas en el uso de la fuerza y de las insurrecciones. Los enfrentamientos fueron ganando intensidad sobre todo entre los bakunistas y los marxistas, hasta que en el Congreso de La Haya de 1872 los anarquistas fueron expulsados de la Internacional por sus intrigas. Bakunin quería que su Alianza Internacional por la Democracia Socialista entrara en la AIT como sección, a lo cual los marxistas se negaron.
A partir de la Comuna de París de 1871 y su derrota, con miles de fusilados, la represión contra la Internacional en Europa fue continua y la sede se trasladó a Nueva York donde se disolvió en 1876.

¿EN QUE CONSISTE EL HEROISMO DE LA TENTATIVA DE LOS COMUNEROS?

“Es sabido que algunos meses antes de la Comuna, en el otoño de 1870, Marx previno a los obreros de París; demostrándoles que la tentativa de derribar el gobierno sería un disparate dictado por la desesperación. Pero cuando en marzo de 1871 se impuso a los obreros el combate decisivo y ellos lo aceptaron, cuando la insurrección fue un hecho, Marx saludó la revolución proletaria con el más grande entusiasmo, a pesar de todos los malos augurios. (…) Marx, por el contrario, no se contentó con entusiasmarse ante el heroísmo de los comuneros, que, según sus palabras, “tomaban el cielo por asalto”. Marx veía en aquel movimiento revolucionario de masas, aunque éste no llegó a alcanzar sus objetivos, una experiencia histórica de grandiosa importancia, un cierto paso hacia adelante de la revolución proletaria mundial, un paso práctico más importante que cientos de programas y de raciocinios.

“El pensamiento de Marx consiste en que la clase obrera debe destruir, romper la “máquina estatal existente” y no limitarse simplemente a apoderarse de ella. El 12 de abril de 1871, es decir, justamente en plena Comuna, Marx escribió a Kugelmann: “Si te fijas en el último capítulo de mi ‘18 Brumario’, verás que expongo como próxima tentativa de la revolución francesa, no hacer pasar de unas manos a otras la máquina burocrático-militar, como se venia haciendo hasta ahora, sino r o m p e r l a [subrayado por Marx; en el original zerbrechen], y ésta es justamente la condición previa de toda verdadera revolución popular en el continente. En esto, precisamente, consiste la tentativa de nuestros heroicos camaradas de Paris” (Lenin, El Estado y la Revolución)

LA COMUNA (18 de Marzo, 21 de Mayo de 1871)

Tras la derrota de Luis Bonaparte en Sedán a manos de los prusianos, el proletariado de París dirigido por las organizaciones obreras y las milicias, toman en sus manos la ciudad en contra de las fuerzas burguesas y organizan el primer Estado obrero de la historia. Durante casi tres meses París vive la primera gran experiencia de Estado obrero. Se eligen delegados por distrito, 92 miembros a un Consejo Comunal de todas las tendencias, desde socialistas, anarquistas, marxistas, jacobinos, blanquistas e independientes. Se organiza el trabajo colectivo a través de Talleres comunales y los servicios públicos de educación y sanidad, se separa la Iglesia del Estado y se toman las primeras medidas políticas de democracia obrera como son la elección y revocabilidad de todos los cargos electos y la cuantía del salario de los diputados de la Comuna que era el salario medio obrero.
La Comuna fue salvajemente reprimida conjuntamente por el ejército francés y el prusiano, en una alianza de clase contra el proletariado. “Los proletarios de París – decía el Comité Central en su manifiesto del 18 de marzo -, en medio de los fracasos y las traiciones de las clases dominantes, se han dado cuenta de que ha llegado la hora de salvar la situación tomando en sus manos la dirección de los asuntos públicos . . . Han comprendido que es su deber imperioso y su derecho indiscutible hacerse dueños de sus propios destinos, tomando el Poder.” Carlos Marx, “La guerra civil en Francia”

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