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¿Quién tiene miedo a la IA? ¿Y por qué?

La idea de unos robots autónomos, que actúan por sí mismos y dotados de inteligencia artificial — o simples redes informáticas— que puedan acabar con la humanidad en un plazo de 10 años, tal y como proponen un par de desertores de Anthropic o Sam Altman, el director de OpenAI, bueno, ¡eso sí que es una noticia sensacionalista! ¡Y eso es (casi) todo lo que es!

Pero cumple un propósito. Las grandes empresas tecnológicas que compiten entre sí para construir una «máquina superinteligente» se disputan unos beneficios inmensos. Ralentizar la carrera, o incluso sabotearla, sin duda les conviene. Así que amenazar con esta «opción nuclear» tiene sentido en su estrecho hipermundo de la IA.

Sin embargo, corren un riesgo real —para sus propios bolsillos y, de hecho, para la economía mun­dial—: una ruina financiera, dada la actual inflación de la burbuja de la IA en la bolsa. Es mucho mayor que la burbuja puntocom que estalló en 2000, hundiendo los mercados y dando paso a otra era de crisis global…

De todos modos, la IA ya es letal: se utiliza habitualmente en la guerra de Ucrania. Los drones pueden volar de forma autónoma y elegir los objetivos que van a destruir. El documental «NAZA», realizado por dos israelíes, muestra el uso de una herramienta de cartografía basada en IA por parte del ejército israelí en Gaza. Mediante señales de teléfono, los soldados identificaban con precisión dónde caerían las bombas y sobre quién: incluso conocían los nombres y las edades de los niños a los que mataban.

Sin embargo, en sí misma, la IA no es motivo de temor. La cuestión es: ¿para qué se utiliza y quién la posee y controla? «¿Quién gobierna?». La inteligencia, ya sea artificial o real, puede utilizarse en nuestro beneficio o en nuestra contra.

Mientras la clase capitalista mantenga las riendas de la producción; mientras el llamado Estado democrático promueva sus intereses en contra de nuestra clase, las normativas que pretenden «proteger a la humanidad» se sesgarán para proteger a los capitalistas y al capitalismo. Sabemos muy bien, por nuestra experiencia diaria en el trabajo, que los beneficios están por encima de la seguridad y de la salud, ¡a menos que luchemos para protegernos!

Es más, la IA ya ha demostrado ser de gran utilidad: acelera la investigación y el desarrollo de medicamentos y vacunas que salvan vidas; lleva a cabo múltiples tareas administrativas; realiza cálculos a la velocidad del rayo y, sin duda, puede sustituir a los trabajadores en tareas que no requieren nuestro juicio, imaginación y emoción, que son propios del ser humano…

De hecho, una IA avanzada compartida por todos es la «herramienta» ideal para una sociedad basada en la producción para satisfacer las necesidades, en lugar de para obtener beneficios. Así pues, si la IA llegara a convertirse en superinteligencia, sin duda abogaría por el socialismo internacional y el comunismo. ¡Quizás eso es lo que tanto temen los expertos en tecnología!

Noticia traducida de Worker’s Fight