Las grandes constructoras españolas forman un cartel de grandes empresas que tradicionalmente se reparten las obras públicas en nuestro país. Dragados, Ferrovial, Acciona, OHL, Sacir y Lantania, formaron una asociación para repartirse las obras públicas del Estado. El negocio es redondo. Tanto es así que tuvieron que pagar una multa por este reparto. Durante 25 años de 1992 a 2017, se repartieron las obras públicas como buenos hermanos y pagaron por ellos a políticos y altos funcionarios del momento. De entre estas grandes empresas Ferrovial destaca por su volumen de inversión y adjudicaciones públicas, además de ser noticia últimamente por trasladar su sede central a los Países Bajos con el fin de pagar menos impuestos o ninguno. Y de su dueño, Rafael del Pino, otro gran oligarca capitalista español vamos a escribir en esta quinta entrega.
Rafael del Pino y los Calvo Sotelo
Del Pino y los Calvo Sotelo son familia. Rafael es sobrino de Leopoldo Calvo Sotelo el presidente del gobierno sucesor de Suárez y que a su vez era sobrino de José Calvo Sotelo conocido por ser ministro en la dictadura de Primo de Rivera en 1923 y después en la II República abanderar el fascismo e instigador del golpe de estado franquista de 1936. Famoso también por ser una de las justificaciones para el golpe del 36 pues fue asesinado días antes del 18 de julio.
Volviendo a nuestro personaje diremos que Rafael del Pino padre fue el fundador de la empresa en 1952. Relacionado con el dictador Franco y con toda su camarilla política creó la empresa para trabajar de subcontrata de Renfe. Y tuvo la adjudicación dieciséis años. Así comenzó la familia a recaudar dinero en la dictadura a costa del dinero público. Sus negocios estaban relacionados con los lazos familiares, de amistad y políticos con el dictador y sus allegados. De 1969 a 1974 con su primo y amigo José María López de Letona, ministro de industria durante esos años, se hizo de oro con las concesiones de trabajos de obras públicas. ¡Y después se quejan de la corrupción!
El negocio sigue con los socialistas y el gobierno de Sánchez
Después de la muerte de Franco, con la transición y Felipe González en el gobierno siguieron haciendo dinero con el negocio de las adjudicaciones de obras públicas. Construyeron tramos del AVE Sevilla Madrid, parte del recinto de la Isla de la Cartuja en Sevilla en la famosa Expo del 92. Y las relaciones con los ministros socialistas Solchaga y Boyer, y con lo que se llamó la “beautiful people” (la gente guapa) fueron centro de comidillas de las revistas de cotilleo. Ferrovial acabó saliendo a Bolsa en 1999 y siguió ganando dinero tras la senda de los políticos. Y como viene siendo natural en el sistema capitalista la corrupción siguió siendo el modelo para el negocio. Como natural fue la endogamia de estos oligarcas cuando en 2000 Rafael del Pino Moreno le diera la presidencia y el control a su hijo Rafael del Pino Calvo-Sotelo. Pero eso sí, con una fundación para enmascarar sus negocios con beneficencia. Tras el escándalo del traslado de su sede fiscal a los Países Bajos para no pagar impuestos en 2023, el patriota del Pino sigue haciendo sus negocios con las obras públicas del gobierno de “progreso” de Pedro Sánchez. En fin, el capitalismo en toda su salsa.

