La guerra imperialista de EEUU e Israel contra Irán y el Líbano, no es una guerra por la democracia o por los derechos de las mujeres como quieren hacernos creer. Es una guerra para controlar una zona que es rica en petróleo. Las guerras, todas ellas, son la continuación de la guerra económica de los capitalistas por otros medios, la violencia militar.
Pedro Sánchez y su gobierno se ha presentado defendiendo el pacifismo con el “No a la Guerra”, eslogan que se hizo popular en la guerra imperialista contra Irak en 2003. Con este “No a la guerra” quiere seducir a electores de izquierdas en las elecciones en curso.
Sin embargo, hay que cuidarse de los falsos amigos, pues de nada sirve el eslogan, si no se denuncia que la carnicería de la guerra es producto de un sistema económico que se enriquece con la muerte, la usurpación de territorios y el dominio del mundo para enriquecimiento de unos pocos multimillonarios y su cohorte política.
De nada sirve ese pacifismo moral si no se expropia a los que se enriquecen con la guerra y se toman medidas contra ellos. Por ejemplo, contra el oligopolio de la electricidad, las petroleras o de los productos básicos imponiendo un control obrero sobre ellas e investigando públicamente por los propios trabajadores su contabilidad y sus cuentas bancarias. Y, si además, se mandan barcos y tropas o se mantienen bases militares para la guerra.
¿Por qué ahora tiene lugar esta escalada belicista? La guerra es una de las formas que los Estados disponen para sostener el sistema económico capitalista. Es una forma de aumentar la explotación de la clase obrera y por lo tanto es una fase de la guerra de clases contra las clases populares y trabajadoras. La guerra en la actualidad no es una cuestión moral. Es una guerra contra la clase trabajadora internacional.
Estas guerras traen muerte y miseria a las zonas de conflicto pero, en los Estados que no están directamente implicados, como el nuestro, van a traer subida de precios de la energía, las materias primas se encarecerán y los beneficios serán suculentos para las grandes empresas que especularán y repercutirán en los productos que consumimos la clase trabajadora.
Traerá recortes sociales porque los presupuestos de guerra aumentan. Los salarios perderán poder adquisitivo y la precarización de nuestras condiciones de vida se incrementará. Cuando la Comisión Europea y la OTAN solicita a los Estados una economía de guerra y aumentar los presupuestos de Defensa en realidad se están refiriendo a la clase trabajadora: la única clase que, con su trabajo y con su sangre, genera el beneficio del que se apropian las clases privilegiadas capitalistas. Es decir, la guerra y su economía se realizan para la explotación de la clase trabajadora, para beneficio de las grandes corporaciones y empresas.
La única posibilidad de frenar las guerras imperialistas es la lucha obrera, tanto en los países en conflicto, como en los demás, que haga inviable los esfuerzos de guerra. Es la lucha obrera por la mejora continuada de las condiciones de vida. Es decir, la guerra de clase contra la patronal.
Entre las medidas imprescindibles para mantener nuestro nivel de vida está la lucha por mantener el poder adquisitivo de los salarios, es decir, que nuestro salario suba automáticamente lo que suba el IPC cada mes. A esto se le llama escala móvil de salarios y junto a la lucha por la mejora de las condiciones de trabajo y de vida y a la movilización contra la guerra imperialista, podrá frenar la sangría humana de la guerra.

