Las colas del hambre frente a la riqueza de unos pocos

Los titulares de prensa “sorprenden” por el aumento del número de personas que acuden diariamente a los bancos de alimentos en toda España. Medio millón más hasta situarse en 1.560.000 personas, de ellos unos 360.000 son niños.
En Madrid su presidenta Ayuso solo ha tenido palabras de desprecio hacia este colectivo, usando el calificativo de “mantenidos subvencionados”. Ayuso ejemplifica el sentir de la burguesía para con los trabajadores.
A las colas del paro le suceden las colas del hambre. Esta situación tiende a agravarse debido a que las cifras del paro no paran de crecer. Detrás de todo ello se encuentra la crisis que el capitalismo es incapaz de resolver. Mientras el trabajador sólo dispone de su fuerza de trabajo para subsistir, en cambio los medios productivos y el dinero están en manos de una minoría capitalista que los utiliza para aumentar sus beneficios.
¿Por qué no se emplea el dinero acumulado por la banca y los beneficios empresariales en crear empleo de forma directa y digna? Trabajando no sólo se gana un salario, el sustento. También se producen todas las riquezas de un país. Por ello los beneficios deben revertir en mejorar la situación laboral y no en inflar aún más los bolsillos de un puñado de empresas.
El capitalismo sobrevive de la explotación laboral y para ello necesita que haya excedente de fuerza de trabajo: necesita parados dispuestos a aceptar las condiciones impuestas por la patronal. Solo con la amenaza del paro puede el empresario someter y enfrentar entre sí a los trabajadores. Permitiendo las colas del hambre los Estados lo que lanzan es un mensaje: ¡aceptad todo pues podéis acabar así!
Pero no, es justo lo contrario: si los trabajadores producen riquezas, estas también deben revertir en la sociedad. No sólo es justo y legítimo, sino que al ser los trabajadores la clase mayoritaria, es también lo más democrático.

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