Miles de jóvenes mujeres y niñas -unos 80.000- entraron en Ceuta este verano buscando una vida mejor. Ceuta, una ciudad de 83.000 habitantes, naturalmente, colapsó. La ciudad vive de los 10.000 funcionarios a los que se suma sus familias – militares, policías, administración, etc.-; el resto de la población se hacina en barrios como El Príncipe, de orígenes marroquíes, aunque ya nacionalizados, unas 10.000 personas.
La ciudad es un enclave colonial africano producto histórico de las guerras, primero de la aristocracia feudal, después las burguesías de la península contra los habitantes originarios. Primero portuguesa, después de la corona española, Ceuta ha sido siempre una plaza militar para el control del estrecho de Gibraltar y el norte de África, para beneficio geopolítico de la burguesía española y control del norte de África con Melilla. Por ello las manifestaciones de la derecha y extrema derecha “por Ceuta”, son maniobras políticas que defienden los grandes beneficios empresariales del control del Estrecho y la explotación de mano de obra en Marruecos de empresarios como Amancio Ortega, con 90.000 trabajadores marroquíes, una mano de obra barata con salarios de entre 319 € y 750 €/mes.
La ola derechista “por Ceuta” no es más que una trampa para beneficiar a los explotadores de mano de obra, en España y en Marruecos. Independientemente de la utilización política de esa ola migratoria, hay un hecho incontrovertible: esos miles de migrantes que huyen de Marruecos, de unas condiciones míseras de trabajo, son la mano de obra barata que la patronal española y europea obtiene a precios de miseria aquí en Europa.
El problema migratorio no es solo un problema de derechos humanos, es un problema de explotación obrera. En el fondo, es el mismo problema que provoca la lucha de los trabajadores de Airbus, de todos los trabajadores que luchan por mejorar sus condiciones de vida. Por ello los migrantes de Ceuta son nuestros aliados, nuestros hermanos en la lucha de clases contra los capitalistas.

