Lo que se ha logrado ha sido gracias a la movilización, lo que falta se logrará igual
El grito en Sol es unánime: ¡No nos vamos, nos quedamos! La movilización masiva por la vivienda, que empezó oponiéndose al desahucio de Maricarmen, sigue fuerte después de varios días de acampada. Los primeros frutos de la movilización no se han hecho esperar: Maricarmen puede volver a su casa después de que la empresa Urbagestión tuviera que recular. ¡Bravo! Además, la movilización en Madrid ha logrado parar varios desahucios, como el de Callao.
Las protestas estatales señalaron a los culpables frente al ático de Ayuso en Madrid, ante un Gobierno regional entregado al ladrillo y un Gobierno central cuya ley es un regalo a los ricos y fondos de inversión. Frente a los que intentaron parar el desahucio, la Policía Nacional cargó con brutalidad. Todo esto precipitó la rabia de la gente que acabó en la acampada.
¿Qué demandan los acampados?
Las demandas del Sindicato de Inquilinas, que dieron comienzo a la movilización, se concretan en el “Decreto Maricarmen”, cuyas medidas incluyen el fin de los desahucios sin alternativa habitacional, congelar los alquileres vigentes (ligados al IPC y no a subidas abusivas), prohibir la compra que llaman especulativa (por parte de los fondos buitre) y la medida más importante: la prorrogación indefinida de los contratos de alquiler (actualmente la duración se encuentra limitada a 5 años), además de una regulación efectiva del alquiler de habitaciones y de temporada.
Ante estas medidas avisaban: o el Gobierno aprueba el «decreto Maricarmen» o demostrarán que quienes gobiernan son los fondos de inversión.
La respuesta del Gobierno no se ha hecho esperar, con dos decretos que los acampados consideran “descafeinados”, y con razón, pues la gente está harta de parches del “gobierno más progresista de la historia” que durante 8 años “no ha hecho nada” en materia de vivienda, lo que es decir, que ha gobernado a favor de los ricos y los fondos de inversión.
Encima, ha troceado las medidas en dos decretos, el primero: incluye la prohibición de los desahucios hasta 2030, se prohíbe la compra especulativa por los llamados fondos buitre hasta 2028, se regula el alquiler de temporada, bonificaciones para los propietarios que bajen el alquiler, entre otras medidas. El segundo decreto incluye los alquileres indefinidos pero la gente teme que no se apruebe en el Congreso.
Nosotros somos claros: estos decretos arrancados por la movilización de miles de personas tras tragedias como el desahucio y hospitalización de una mujer de 87 años y el suicidio de Olga en L’Hospitalet, pero insuficientes, pueden servir para blanquear a un gobierno al servicio de los capitalistas.
La movilización debe seguir, pues está claro que medidas como la moratoria de los desahucios solo pospone el problema y es un verdadero colador; además, es una manera de compensar a los caseros con fondos públicos si el desahucio no se lleva a cabo.
Todas las medidas que se lo pongan más difícil a caseros y rentistas son positivas y necesarias, pero mientras continúe la propiedad privada de la vivienda y del suelo, el motor será siempre el lucro privado y el beneficio a costa de nuestra miseria.
Hace falta un gobierno obrero
Una política distinta requeriría un gobierno con la voluntad de atacar los intereses de la burguesía, sin detenerse ante la propiedad privada. Sólo un gobierno nacido de la movilización de los trabajadores podría hacerlo, como la Comuna de París de 1871 promulgando una moratoria sobre los alquileres, o la Revolución Rusa de 1917 requisando todos los edificios disponibles para alojar a la población.
Un gobierno como el de Pedro Sánchez, ni ningún otro situado a su izquierda parlamentaria, tan respetuosos con el orden social vigente, es incapaz de paliar los efectos desastrosos de la crisis de la vivienda, empezando por alojar a los sin techo en edificios vacíos. Ni siquiera tiene el coraje de obligar a la gran banca y a las grandes empresas a confiscarles un pellizco de sus beneficios, que con ello daría para empleos, salarios y viviendas dignas.
Por todo ello, animamos a que las movilizaciones, acampadas y manifestaciones de todo tipo sigan, hasta imponer nuestros intereses, pues a nuestra clase nunca se nos ha regalado nada. ¡Viva la lucha de la clase obrera! ¡Por la abolición de este sistema criminal! ¡Por un acceso universal a la vivienda pública y de calidad!

