Trump declaraba oficialmente que los ataques a Irán tenían la motivación de cambiar el régimen de los ayatolás, dictadura sangrienta, e impedir que desarrolle armas nucleares. Los ataques de Israel y EEUU han sido cuidadosamente coordinados. La operación, bautizada como «Roaring Lion» por parte israelí y «Epic Fury» por parte estadounidense, se realizó después de que el gobierno iraní reprimiera las protestas populares y asesinara a decenas de personas. Fue la justificación para la guerra pero detrás de toda esta propaganda imperialista se encuentra la necesidad para EEUU e Israel de eliminar un competidor de 90 millones de habitantes, productor de petróleo y aliado de China.
EEUU domina toda la región fundamental para el funcionamiento económico del mundo. Israel, Emirato, Arabia Saudí…, solo Irán que es además aliado de China es el país díscolo de la zona. Por lo tanto el interés es controlar una región fundamental para su disputa con China. No entramos a discutir hipótesis concretas del por qué ahora. No tenemos conocimiento directo de los planes de Trump, pero sí sabemos que el imperialismo es la forma capitalista en decadencia para poder seguir sobreviviendo en un momento en el cual sus contradicciones hacen de él un sistema cada vez menos viable. Son los límites históricos de un sistema económico de explotación sin salida.
El imperialismo capitalista se desarrolló en el siglo pasado creando crisis y guerras que supusieron millones de muertos. Lenin lo definió como la fase del capitalismo senil, la “ultima fase”, del sistema capitalista. Lenin estableció que el imperialismo es «el capitalismo en la etapa de desarrollo en la que se consolida el dominio de los monopolios y el capital financiero». Por lo tanto no es un análisis superficial de interés geopolítico o solamente de unas naciones que dominan a otras controlando su sistema político. Es un sistema fundado sobre la concentración y exportación de capital, la lucha por los mercados, los recursos y las esferas de influencia. Este sistema es global. Abarca a todos los estados capitalistas, independientemente de su posición relativa en la jerarquía internacional. No divide al mundo en bloques de estados «imperialistas» y «antiimperialistas», sino en una red de potencias capitalistas con desarrollos desiguales en constante competencia. En este sentido Estados como India, Brasil y Turquía, a menudo presentados como parte de un bloque, los BRIC, se los presenta como alternativa “anti-imperialista” a EEUU y el bloque occidental. Estos países participan en la competencia internacional, expanden su influencia económica y persiguen sus propios intereses estratégicos.
Sus clases burguesas actúan según las mismas leyes de acumulación capitalista que las de los Estados capitalistas más desarrollados. Decir que, por ejemplo, Irán es un país anti-imperialista es no entender que el capitalismo es un sistema de explotación y que en su lucha por el beneficio mantiene una competencia generalizada por los mercados, materias primas etc. Los Estados se convierten en el monopolio de la violencia de los grandes monopolios económicos en manos de la gran burguesía. El capitalismo no posee un carácter nacional ni moral. Opera según sus propias leyes objetivas. La contradicción fundamental en el imperialismo de nuestro tiempo son las fuerzas del capital contra las del trabajo y esta contradicción es la base de todos los conflictos actuales.
Por ello ciertas corrientes políticas que se sitúan a la izquierda, incluso en la extrema izquierda, presentan a Hezbolá, o la Guardia Revolucionaria Iraní como fuerzas anti-imperialistas. Esta orientación conduce a posturas en las que las fuerzas se apoyan no en función de su carácter de clase, sino de su alineación geopolítica. Al sustituir el análisis de clases por categorías geopolíticas, nacionalistas, oculta la dinámica real del capitalismo y conduce a concepciones nacionalistas y burguesas que impiden entender el funcionamiento de la sociedad actual y la conciencia de clase.
La elección del mal menor, en este caso Irán, no permite entender que la lucha anti-imperialista es luchar por derrocar el capitalismo. El enemigo por tanto, en cualquier país del mundo capitalista, está dentro: es la burguesía, y hay que derrocarla.

