Saltar al contenido

Inmigrantes en Ceuta: inaceptable mirar para otro lado

Amnistía Internacional denuncia tortura y tratos crueles a migrantes en Ceuta por parte de las Fuerzas Armadas

Amnistía Internacional está haciendo público lo que muchos ya advertían; denuncia que ha habido agresiones a inmigrantes en Ceuta, infringidas por miembros de las Fuerzas Armadas españolas. La mayoría de los que han llegado a Ceuta son gente joven, en edad de trabajar o estudiar, gran parte marroquíes.

En estos próximos días se cumplirá un año de las movilizaciones y manifestaciones hechas por la juventud de Marruecos y transcribimos en parte lo que publicamos en esos momentos pues puede ayudar en la comprensión de por qué muchos se juegan la vida precisamente en un intento de mejorarla:

“ Desde finales de septiembre, y a pesar del control informativo que ejerce el estado marroquí, se están llevando a cabo protestas en Marruecos, de miles de jóvenes, en un movimiento que se ha venido a llamar “Generación Z 212”…  han salido a las calles exigiendo reformas urgentes en educación y salud, denunciando la corrupción, el desempleo y las prioridades “faraónicas” del gobierno, como la construcción de estadios para el Mundial 2030 en detrimento de servicios básicos.

…Numerosas ONG, clasifican a Marruecos como un país con “déficit democrático”, entre otras cosas, por su represión de la disidencia. En numerosas ocasiones han sido detenidos activistas, periodistas, opositores… Marruecos, enfrenta una profunda crisis socioeconómica: algo menos de la mitad de su población tiene menos de 30 años; gran parte de ella sueña con una vida mejor en otros países pues el desempleo juvenil alcanza casi el 40%, con datos del primer trimestre de 2025.

La “chispa” de las protestas fue la muerte de ocho mujeres embarazadas en un hospital público de Agadir en septiembre de 2025 por falta de servicios de urgencia, sumada al segundo aniversario del terremoto del Atlas (8 de septiembre de 2023) sin avances en la reconstrucción.

Con este panorama a nadie puede extrañar que a finales de septiembre haya habido manifestaciones en varias ciudades: Rabat, Casablanca, Tánger, Marrakech, Agadir, etc. Estos jóvenes se organizan en distintos colectivos no formales, entre los que destaca Gen Z 212. Su protesta evidencia su falta de futuro, denuncia el alto desempleo, la insuficiencia de servicios públicos,  especialmente Sanidad y Educación y claman por una mayor justicia social y contra la gran corrupción imperante.

Frente a tantas carencias estos jóvenes se indignan por los grandes gastos que está ocasionando la organización y creación de infraestructuras para el próximo Mundial de Fútbol en 2030, mientras ellos no ven futuro alguno. Por supuesto las autoridades tratan de impedir concentraciones y acallar las protestas, pero el malestar en Marruecos viene de lejos.

Por este malestar, ya hubo en 2011, el Movimiento del 20 de febrero, que exigía reformas políticas comparables a las de la Primavera Árabe: mayor transparencia, menos corrupción y la reducción del poder del rey. En 2016 y 2017, fue el Rif el que se levantó contra la discriminación y dónde se exigían mejores servicios públicos; hubo arrestos masivos y condenas a prisión durísimas, de hasta 20 años. Ha habido muchas más protestas, por el pan, contra la inflación, estudiantes protestando contra el autoritarismo y la mala situación económica, etc.

Así pues, lo que nos llega actualmente de Marruecos no son disturbios sino una protesta legítima y necesaria contra tal estado de cosas. Según ciertos medios uno de sus eslóganes es: “El régimen marroquí no es viable. El levantamiento popular es inevitable”. Reclaman, con toda razón “Libertad, dignidad y justicia social” o “Hay estadios, ¿pero dónde están los hospitales? ¡No queremos el Mundial, queremos Sanidad! Las protestas también están siendo solidarias con el pueblo palestino.

…Estos jóvenes y los trabajadores de Marruecos deben convivir a diario entre la miseria y la precariedad instalada en sus barrios y las grandes fortunas, como las del propio rey Mohamed VI y el primer ministro Aziz Akhannouch. Y llevan razón en su grito de protesta. Pero

el «sistema» que los oprime y que deben derrocar no es solo el aparato estatal, policial y militar que los quiere callados y maniatados, dóciles, no es solo la monarquía alauita, es todo el sistema capitalista, el sistema empresarial que da migajas a unos para despojar a tantos y enriquecer a una burguesía multimillonaria. Es el sistema capitalista el que ha sometido no solo a Marruecos, sino a todo el planeta, a una precariedad creciente para que se enriquezcan un puñado de ricos. Los jóvenes en Marruecos, los trabajadores allí como aquí, están unidos por la misma cadena de explotación. Por eso la suerte de los jóvenes y trabajadores en Marruecos nos concierne, se trata de nuestra misma suerte”.

¿Se comprende que con tal situación muchos se jueguen la vida para precisamente mejorarla? El rey Felipe VI ha declarado que es inaceptable la entrada masiva de inmigrantes en Ceuta. Pero lo que es verdaderamente inaceptable y vomitivo son las buenas relaciones establecidas por el rey emérito Juan Carlos I, con Hassan II, padre del actual monarca marroquí, a quien consideraba como un hermano.

¡Nativa o extranjera, la misma clase obrera!