Ha muerto la duquesa de Alba, una terrateniente

La muerte de la duquesa de Alba se ha convertido en un circo mediático: la España de charanga y pandereta. A todos los que sin mesura la han alabado estos días se les olvidaba unos cuántos datos de su biografía.

La duquesa, aparte de ser la representante de una clase aristocrática explotadora y vergonzosa en el siglo XXI, que ha acumulado privilegios durante toda su vida, también ha sido una de las mayores terratenientes latifundistas de España, con más de 34.000 hectáreas de tierras. Acaparaba gran parte de las subvenciones europeas, casi 3 millones de euros.

Su riqueza es incalculable, una veintena de palacios, residencias, inmuebles, cuadros, bibliotecas, joyas… Algunas estimaciones dicen que su fortuna asciende a 3.000 millones de euros, de los cuales tributaba a Hacienda tan sólo… ¡6 millones de euros! Toda su riqueza es fruto del robo histórico de tierras, de las guerras y de la explotación de sus trabajadores.

A pesar de ello el PSOE, el mismo partido que en su época dijo querer la reforma agraria, le concedió el distintivo de “hija predilecta de Andalucía”… y muchos han hablado de la “duquesa rebelde”, la que se puso el mundo por montera… Pero, ¿ante qué se ha rebelado?

Incluso bajo el franquismo su patrimonio fue protegido y creció. Protección que continúa en la actualidad con normativas fiscales que permiten que el 90% del mismo esté exento de impuestos. Durante toda la historia, los Alba han acumulado riquezas y patrimonio de cuyo origen nadie se quiere acordar.

¡Y todavía tienen la desvergüenza de llamarla la duquesa del pueblo!