Pedro Sánchez y su gobierno se ha presentado defendiendo el pacifismo con el ¡No a la Guerra!, eslogan que se hizo popular en la guerra imperialista contra Irak en 2003. Esta vez contra los ataques militares de EEUU e Israel contra Irán y el Líbano. En los medios de comunicación ha aparecido como una postura “radical “ de rechazo a la guerra y a la política agresiva y belicista de Trump; Sánchez se ha negado también a que puedan utilizarse las bases estadounidenses de Rota, Morón y Torrejón, para operaciones militares contra Irán, lo cual le ha valido la reprimenda del “sheriff” Trump.
La contestación pública de Trump a Sánchez, que amenazó con cortar el comercio con España, dio pie a Sánchez a comparecer públicamente con las célebres cuatro palabras de “¡No a la guerra!”, slogan que toda la izquierda utilizó para contestar la política de Aznar cuándo la guerra contra Irak y la supuesta búsqueda de armas de destrucción masiva, nunca encontradas. Recordemos que este slogan fue coreado en su momento por toda la izquierda de forma generalizada pues apuntaba directamente contra Aznar, en las manifestaciones más masivas -históricas, dicen muchos comentaristas- vividas en España.
Este ¡No a la guerra! de Sánchez, muy calculado, es una estrategia que le ha salido muy bien, incluso le ha reportado publicidad internacional al ser considerado el único mandatario europeo que se ha opuesto a la guerra de EEUU contra Irán. Todo ello parece que ha cambiado el sentir de sectores de la izquierda, siendo visto por muchos como el único que ha mostrado su desacuerdo al ardor guerrero de Trump; incluso parece “reconquistar” a parte de la población de izquierdas más activista, que hasta ahora era crítica con el gobierno “progre” que en el fondo nada cambiaba. ¡BASES FUERA!, además, es una reivindicación de toda la izquierda en este país desde la Transición estando siempre activas las manifestaciones anti bases americanas desde entonces, que fueron fruto de un acuerdo franquista. Sánchez ha sabido tocar la fibra sensible de todo este sector de la población.
Estos slóganes en boca del presidente, son fachada. No podemos perder de vista que estamos en un año electoral, tras las elecciones andaluzas vendrán las generales. En esta situación, su electoralismo es más que evidente y más cuando realmente el militarismo durante este gobierno se ha reforzado con el aumento del presupuesto en Defensa al 2% del PIB, lo cual es para 2026 más de 33.340 millones de euros, el envío de la fragata a Chipre y el refuerzo de las bases americanas.
Por otra parte, hay que recordar que Zapatero y el PSOE llevaron la misma estrategia electoralista en 2003 después de las multitudinarias manifestaciones contra la guerra de Irak, que tras los atentados del 11M del año siguiente el PP intentó endosar a ETA, cuando se demostró que era un atentado islamista en respuesta a la participación en la guerra. Zapatero y el PSOE recogieron el malestar contra la guerra y ganó las elecciones de 2004.
Pero su oportunismo le sirvió para, desde el gobierno, seguir interviniendo con el imperialismo norteamericano en Afganistán, en el Líbano etc. Para poco después, con el estallido de la crisis de 2008, hacer una política de rescate a la banca y volver a perder las elecciones en favor del PP, que por supuesto lo hizo mejor para los intereses del capital financiero. Recordemos los recortes severos que incluyeron la congelación de pensiones, la bajada del sueldo a funcionarios (5% de media) etc. además de una reforma laboral muy lesiva para los trabajadores.
También hay que difundir a voz en grito que las guerras imperialistas son una forma de aumentar la explotación de la clase obrera y por lo tanto es una fase de la guerra de clases contra las clases populares y trabajadoras, de todos los países. La guerra en la actualidad es una guerra contra la clase trabajadora mundial y por lo tanto tenemos que responder con ¡NO A LA GUERRA IMPERIALISTA, SÍ A LA LUCHA DE CLASES!
En los Estados que no están directamente implicados, como el nuestro, la guerra traerá como consecuencia la subida de precios de la energía, las materias primas se encarecerán y los beneficios serán suculentos para las grandes empresas que especularán y repercutirán en los productos que consumimos a la clase trabajadora. Los salarios perderán poder adquisitivo y la precarización de nuestras condiciones de vida aumentará. Esto es así, porque las guerras en el capitalismo son una herramienta para extraer beneficios de la clase trabajadora. El enemigo lo tenemos dentro de los países y son los capitalistas que se enriquecen con ella.
La guerra, el militarismo y su economía se realizan para la explotación de la clase trabajadora, para beneficio de las grandes corporaciones y empresas, tanto extrajeras como nacionales. Este recuerdo es necesario explicarlo y repetirlo hasta la saciedad porque detrás de Pedro Sánchez y su gobierno no está más que la cara amable de la gestión del capital. Para la clase trabajadora el ¡NO A LA GUERRA IMPERIALISTA! es una cuestión de supervivencia y en la lucha contra la patronal y su sistema económico está nuestra esperanza de paz.

