El Plan Integral de Respuesta a los efectos de la guerra en Oriente Medio de Pedro Sánchez no es un escudo social a la clase trabajadora, es un escudo a los beneficios empresariales del oligopolio eléctrico y energético. A cambio de otro decreto que mantiene el tope a los alquileres, “la izquierda a la izquierda del PSOE”, salvo Podemos, ha dado su apoyo a este decreto.
El gobierno de Pedro Sánchez ha presentado un Real Decreto-ley extraordinario con medidas contra la crisis inflacionaria provocada por la guerra imperialista de EEUU y Israel contra Irán. Lo llaman “Plan Integral de Respuesta a los efectos de la guerra en Oriente Medio” y supondrá una inversión de 5.000 millones de euros. Son 80 medidas fiscales y también otras relacionadas con el sistema energético.
En realidad estas medidas no son más que bajada de impuestos para que las grandes empresas del sector mantengan sus beneficios, los amplíen. Serán 5.000 millones de dinero público que irán a pagar el mantenimiento de los precios sin tocar los suculentos beneficios que están obteniendo las empresas armamentísticas y energéticas con la guerra. Repsol, Endesa, Iberdrola…, están ganando miles de millones gracias al oligopolio eléctrico y ahora se verán retribuidas con la subida de los precios que pagará el dinero público del Estado.
El presidente los ha presentado como “el mayor escudo social y económico de toda la UE en respuesta a esta guerra ilegal que no avalamos”. El viejo dicho de la Grecia clásica, “la primera víctima de la guerra es la verdad” se está cumpliendo a rajatabla, en primer lugar porque no es una guerra contra la “dictadura” de los ayatolás iraníes, es una guerra por el control de las riquezas de Oriente Medio del gran capital de EEUU-Israel, y en segundo lugar porque al subvencionar los productos energéticos se mantienen y aumentan los beneficios de las grandes empresas aunque los precios suban menos al eliminar impuestos. Porque los precios subirán.
Sánchez disfraza con el “No a la Guerra” lo que no es un escudo social, sino la subvención de los beneficios de las grandes empresas y sus accionistas. Es fundamentalmente un escudo a los beneficios del capital y no una política fiscal que aplaude la derecha.
Las medidas
Entre las 80 medidas destacan la serie de medidas fiscales, principalmente. Entre ellas, la bajada de los impuestos de la electricidad en un 60%, con una rebaja del 21% al 10% de IVA, la reducción al 0,5% del impuesto especial sobre la electricidad (IEE) y la suspensión temporal del impuesto del valor sobre la producción de energía eléctrica (IVPEE). También se ha aprobado una reducción al 10% del IVA del gas natural, ‘pellets’ y leña; igualmente se pondrá en marcha la congelación del precio máximo de venta del butano y propano y la bajada del IVA al 10% del gasóleo, gasolina y otros hidrocarburos y la rebaja del impuesto de hidrocarburos, hasta el mínimo permitido en la UE.
Y aunque parezca que beneficia a los más pobres en realidad lo que se hace es disminuir los impuestos a las energéticas y del sector para mantener la precariedad. Así por ejemplo, el Real decreto-ley incluye la extensión durante todo 2026 de los descuentos extraordinarios del bono social eléctrico, el refuerzo del bono térmico y prohibición de interrumpir suministros esenciales en los hogares más vulnerables.
Las causas reales de la guerra
Esta guerra es una herramienta más de la economía capitalista para obtener beneficios a costa de los trabajadores del mundo. Los grandes capitales luchan y compiten por las riquezas del mundo y siempre los perdedores son la población trabajadora y los más pobres. Las guerras en el capitalismo imperialista son una forma más de obtener plusvalía obrera a través de la subida de precios, de la industria armamentística, la especulación en la bolsa y de la financiación de la banca.
Los países atacados, sobre todo Irán, Líbano y Palestina sufren directamente la muerte de civiles y niños, son los más perjudicados, qué duda cabe; pero también el mundo sufrirá una subida de precios generalizada, dinero que irá a los bolsillos de las grandes empresas petroleras, energéticas, armamentísticas y especuladores que aprovecharán la escasez de crudo para subir los precios. Ya se calcula que este mes de marzo se producirá una subida generalizada del IPC del 3%.
Como todos sabemos esta guerra ha incendiado refinerías y pozos petrolíferos de Oriente Medio, el mayor productor mundial, además de fertilizantes y otros productos derivados de esa materia prima. Esta situación ha supuesto la subida inmediata del barril de petróleo a más de 100 dólares y la subida será mayor en la medida que la guerra se mantenga en el tiempo y todo indica que este conflicto durará mas de lo que las potencias imperialistas atacantes preveían o declaraban.
El enemigo está en casa
En la situación actual de inflación la única salida para los trabajadores es exigir la subida de salarios automática al IPC cada mes. Es la única medida que podrá mantener nuestro poder adquisitivo a costa de los beneficios de la patronal. La única solución a la rapiña de las grandes empresas sería expropiar el oligopolio eléctrico y energético y los beneficios de las grandes empresas del Ibex35. Todas las demás ayudas solo serán parches para los más pobres y mantendrán los grandes beneficios empresariales. Recordemos que hay un puñado de oligarcas capitalistas en nuestro país que tienen la riqueza equivalente al 40% de la riqueza de toda la población española. En el mundo estos oligarcas capitalistas tienen el 50% de la riqueza mundial (Oxfam).
Esta guerra imperialista no solo no es nuestra guerra, sino que somos víctimas de ella porque el enemigo lo tenemos en el interior de todos los países capitalistas: es esa burguesía oligarca que explota a la población trabajadora para sus beneficios. Nuestra única salida a esta situación es luchar. La lucha obrera es nuestra esperanza.

