Las protestas en Francia por parte de multitud de jóvenes se están retransmitiendo en bucle desde el amarillismo y la propagación del miedo; vemos a través de los medios saqueos, quema de edificios… pareciera que toda Francia arde o estuviese al borde del caos… Poco se comenta la causa de estos hechos.
Sin embargo, las manifestaciones de estudiantes están siendo masivas y piden, esencialmente, condiciones de enseñanza dignas, que se sustituya al profesorado ausente, más docentes, arreglo de los propios institutos, mayor dotación presupuestaria y cambios al sistema de ingreso universitario; en realidad los recortes y el deterioro de la enseñanza llevan produciéndose mucho tiempo. Los jóvenes dicen no sentirse escuchados y en vista de la respuesta gubernamental muchos terminarán por aprender que solo metiendo fuego serán oídos. Estos jóvenes no están solos ni son violentos; son apoyados por padres y profesores y son multitud.
La violencia ejercida por el Estado francés -con jueces y policía en primera línea-, los recortes, los bajos sueldos y la creciente inflación, con la consiguiente subida de combustibles, alojamiento y productos de primera necesidad, ha dejado a demasiadas personas al margen de todo, sin vislumbrar siquiera un futuro digno de tal nombre. Muchos jóvenes estudiantes se han manifestado por primera vez y lo que están viendo por parte del Estado son gases lacrimógenos, golpes y granadas que han dejado tuertos, mandíbulas rotas, detenciones, restricciones… etc.
En el mundo del trabajo las cosas tampoco van nada bien; sin embargo por el clima “bárbaro” que se estaba dando a las protestas, por los arrestos y las cargas policiales, muchos trabajadores en un primer momento tachaba a los jóvenes de “matones, que todo lo rompen”; incluso muchos jóvenes estudiantes cesaron en su legítima protesta por miedo o para no ser igualados a tales “matones”. Es lo que tiene jugar con las emociones. Sin embargo, la actuación gubernamental y la actitud represiva ha acabado dando alas al movimiento y lo deseable es que estas se sigan extendiendo y acaben aunándose a las reivindicaciones de los trabajadores.
El movimiento continúa fuerte y vista la situación social y política en Francia, dónde las ideas reaccionarias suben al igual que las actitudes individualistas, es grato ver como estos jóvenes –que ya no son solo de secundaria, sino también universitarios, trascienden el tema meramente educativo y también corean eslóganes contra la represión, la extrema derecha y la carestía de la vida. Por mucho que intenten criminalizar el movimiento, la última manifestación del sábado 24 de octubre ha sido impresionante: una verdadera marea humana a pesar de las prohibiciones y las dificultades impuestas.
Emmanuel Macron lleva 10 años en el poder y sigue sin proponer nada más que repartir al profesorado para que parezcan más numerosos, o una bajada del precio de los carburantes, claramente insuficiente. Del malestar que está provocando toda la rebeldía, nada; sigue con su política de protección empresarial que hace de Francia un país rico pero que deja sin futuro a muchos trabajadores y jóvenes, ahondando las desigualdades ya existentes. Pero a las grandes empresas, ricas ya de por sí, les baja impuestos y otorga millones en cascada.
Nada de esto nos es ajeno; aquí en España se conoce bien los estragos de la ley Mordaza contra los que luchan y se manifiestan: activistas por Palestina, migrantes, trabajadores, estudiantes, profesorado, sindicalistas… En 2025 se impusieron 285.418 multas, (datos oficiales excluidas algunas CCAA) lo que supone una media de ¡782 sanciones diarias!
En media Europa los jóvenes están en rebeldía; aquí en España, también en Portugal, han entendido que su lucha está inevitablemente unida a la lucha laboral por los salarios y condiciones laborales y han empujado a que los sindicatos convoquen huelga general para el próximo día 11. ¡Este es el camino, obreros y estudiantes unidos y adelante!

