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¡EL CAPITALISMO AGRAVA LOS INCENDIOS Y LOS PROPAGA!

Este verano está siendo, en cuánto a incendios, el más terrible y grave, a pesar de que cada verano se producen y suceden. En lo que va de verano ya han ardido más de 186.000 hectáreas en 38 grandes incendios contabilizados y registrados, o sea, el triple que el verano pasado por las mismas fechas. De los más sonados, el de Ávila, Madrid y Toledo, sierra Oeste, con miles de personas evacuadas y confinadas. El Gobierno incluso hubo de declarar emergencia nacional en la Comunidad de Madrid y en la provincia de Ávila (Castilla y León) por la gravedad de los incendios forestales.

Esta catástrofe medio ambiental, también lo es humana, “Lo hemos perdido todo”, comentan muchos de los afectados, hasta sus recuerdos.

Las causas son las de siempre: el cambio climático con sus oleadas de calor -cada vez peores y más intensas- sequedad extrema, viento, acumulación de vegetación, abandono de montes y zonas rurales, menor actividad agrícola y ganadera que eran “cortafuegos naturales”, negligencias o incendios inten-cionados. En fin, nada nuevo.

Todo es muy previsible, verano tras verano. Pero, aunque incendios ha habido siempre, el problema es la magnitud del alcance al que llegan hoy, siendo cada vez más difíciles de controlar y apagar, arrasando cada vez mayor número de hectáreas. Y es que los incendios no solo hay que apagarlos sino también prevenirlos, gestionando los terrenos a lo largo de todo el año, limpiando, haciendo cortafuegos, etc, etc, etc. Sin embargo, las dotaciones presupuestarias están lejos de lo que se requiere. Greenpeace estima un presupuesto necesario de 1.000 millones de euros al año. Se trata de una cifra menor al gasto que ya han supuesto los incendios del 2026 hasta ahora.

Si en 2022 en las cifras oficiales la inversión para prevenir incendios fue de 175,8 millones, en 2023 fue de 138,49 millones y en 2024 -último año con cifras disponibles- fue de 143,8 millones, según datos publicados por “El País”, aunque faltan datos de comunidades autónomas con menor transparencia en el tema.

La extinción de incendios, su prevención, la regeneración de montes, tampoco es pagada por aquellas empresas más responsables, las que más contaminan el planeta y contribuyen al calentamiento. Pero los distintos gobiernos, de un signo u otro, dan prioridad a la economía de mercado y a los intereses económicos de las grandes empresas, cuyo motor es el beneficio, arrasen lo que arrasen y contaminen lo que contaminen. Por todo ello, es necesario mayor dotación presupuestaria para prevención de incendios, más medios y por supuesto más trabajadores, como en todos los servicios públicos. Pero con la vista puesta en el horizonte de que la única política de prevención pasaría por acabar con un modo de producción loco dónde prima la búsqueda de beneficios, que está asolando el planeta entero.

Mucho se habla hoy día de la transición ecológica y verde; ¡claro que sí! Pero tal transición en manos del mundo empresarial, en manos del mercado, será más de lo mismo. Una verdadera transición ecológica, un verdadero cuidado de los montes, del planeta, debería estar en manos de los trabajadores, con un control colectivo y efectivo que la planifique sin tener como objetivo la rentabilidad económica y privada. Porque los incendios, el calentamiento del planeta, todos los problemas medio ambientales que la humanidad está soportando son una manifestación del funcionamiento del capitalismo. ¡El capitalismo agrava los incendios y los propaga!

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