Las elecciones son una manera de expresar la opinión popular, las decepciones y esperanzas de la gente trabajadora. En nuestro caso, en Andalucía, el fracaso del PSOE significa la decepción de unas políticas que no se han diferenciado mucho de la derecha, muy al contrario, han sido cómplices de lo que ahora critican al PP. Es decir, el deterioro, recortes y privatización de los servicios públicos como la sanidad o la educación, Correos, limpieza pública de colegios, precariedad laboral, salarios congelados, etc.
Las elecciones en Andalucía suponen un varapalo para esta izquierda oportunista en el gobierno, pero también un aviso a la derecha: la movilización electoral contra la política de privatización de la sanidad y servicios públicos, la precariedad laboral y contra los trabajadores ha hecho perder la mayoría absoluta al PP y Vox no ha crecido como esperaba.
Esto ha supuesto una movilización del electorado que ha sido mayoritariamente de izquierda hacia Adelante Andalucía, partido procedente de Anticapitalistas Andalucía, que ha sumado más de 400 mil votos, casi el 10% del electorado, mientras Por Andalucía (Sumar e IU) se mantiene en el 6,3%.
La derecha del PP con Moreno Bonilla, ha conseguido la mayoría de votos, pero no la mayoría absoluta. Vox se queda con el 13,8% y pactará con Moreno. La pseudo izquierda del PSOE, -Montero que se presentaba como voto útil por la sanidad pública-, ha obtenido el peor resultado de su historia. Los socialistas, con Pedro Sánchez en el gobierno central y el apoyo de Sumar, en su tiempo de Podemos, están pagando las consecuencias de una política que beneficia a los grandes capitalistas.
La clase trabajadora llevamos años sufriendo dificultades, por un lado, la explotación por parte de empresarios, que buscan a través de ella, aumentar su fuente de beneficios; de otra parte, al gobierno de turno, en este caso PSOE/Sumar, o PP en Andalucía, cuya razón de ser es gestionar los intereses de la patronal y particularmente los del IBEX-35, con ganancias este año desorbitadas respecto a los salarios.
La mejor prueba de esto la tenemos en las reformas laborales, que siempre han buscado abaratar salarios, permitir los despidos, precarizar y dificultar los medios de vida a la clase trabajadora. La Ley Mordaza sigue vigente, penalizando las protestas obreras. Además, este mismo gobierno permite los desahucios para favorecer a los bancos y grandes propietarios. Cuando suben los precios pierden siempre los trabajadores y hay capitalistas que se forran. Hoy la excusa es la guerra. La locura capitalista por la competencia ha engendrado una subida de precios generalizada en todo lo básico.
Las elecciones pueden servir como altavoz de los problemas y de las reivindicaciones de las clases populares y para denunciar la explotación de la patronal y los capitalistas, pero no van a cambiar las cosas porque el poder real de la sociedad está en manos de una oligarquía burguesa que se enriquece con el trabajo de millones de trabajadores y trabajadoras, muchos de ellos inmigrantes. Y desgraciadamente falta esa Voz Obrera en la sociedad que denuncie el sistema en las fábricas y empresas, barrios y parlamentos. La clase trabajadora, necesita su propia voz, su partido político, que lleve a la opinión pública los problemas reales de los y las trabajadoras, sean de la comunidad que sean.
Tanto Maillo como José Ignacio García, criticando con razón a la derecha, no han denunciado la raíz de los problemas de la clase trabajadora: el sistema económico en manos de los grandes capitalistas y sus empresas.
El futuro de la clase trabajadora no depende de unas elecciones. Depende de la capacidad de las masas trabajadoras para reaccionar eficazmente ante la guerra que les hace la gran patronal. En esta lucha, el papel decisivo corresponde a la clase trabajadora, que son los que hacen funcionar la economía y la sociedad, y que son también los únicos que pueden cambiarla. Sólo las luchas obreras harán retroceder a la patronal, a la gran burguesía y a sus políticos, en nuestro caso Moreno Bonilla y Abascal, PP y Vox.

