Desde que comenzó la guerra imperialista contra Irán de EUU e Israel, Pedro Sánchez se ha presentado públicamente como el adalid pacifista en contra de la guerra. La consigna “No a la Guerra” se hizo popular durante la invasión estadounidense de Irak, en 2003, cuándo cientos de miles de personas se manifestaban en contra. Pedro Sánchez intenta recoger ese descontento de cara a las futuras elecciones, las andaluzas y luego las generales.
Utilizar ahora el “No a la Guerra” sin medidas que vayan a la raíz de la verdadera causa de la guerra, se queda en un lema vacío, cara a la galería. Más aun cuando no hace tanto argumentaba incluso que Israel tiene derecho a defenderse.
Lo que ha hecho este gobierno más allá de las palabras, lo relatan los hechos: eliminar impuestos a las multinacionales y mantener los salarios bloqueados. Las petroleras y las grandes empresas son las ganadoras, no la clase trabajadora. Las guerras en nuestra época están organizadas por los grandes capitalistas y sus empresas que con sus gobiernos necesitan controlar los mercados y obtener materias primas y petróleo.
Para EEUU, China se ha convertido en su rival estratégico. Pero también los capitalistas de nuestro país, como los europeos, tienen sus intereses en ello y se convierten en actores de segunda fila que no interesan al imperialismo norteamericano. En este sentido Sánchez juega la baza imperialista europea y en su electoralismo, está defendiendo los intereses de la burguesía española y europea.
La guerra es el proceso por el cual el capitalismo, busca la solución a sus contradicciones. A esto la clase trabajadora debe oponer su propio objetivo: acabar con el sistema capitalista.

