{"id":6781,"date":"2016-06-18T17:42:16","date_gmt":"2016-06-18T15:42:16","guid":{"rendered":"http:\/\/vozobrera.org\/periodico\/?p=6781"},"modified":"2018-01-23T02:01:03","modified_gmt":"2018-01-23T00:01:03","slug":"navidad-en-el-asilo-de-noche","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vozobrera.org\/periodico\/navidad-en-el-asilo-de-noche\/","title":{"rendered":"Navidad en el asilo de noche"},"content":{"rendered":"<p><em>En 1912, a ra\u00edz del envenenamiento de centenas de indigentes en un asilo de noche de Berl\u00edn, Rosa Luxemburgo, dirigente revolucionaria alemana hasta su asesinato durante la insurecci\u00f3n espartaquista de 1918, escribe el siguiente art\u00edculo en el que denuncia la l\u00f3gica de un sistema que asegura la prosperidad de unos cuantos condenando a la miseria una parte de las clases populares.<\/em><\/p>\n<p>Un acontecimiento acaba de turbar cruelmente la atm\u00f3sfera de fiesta de nuestra capital. Las almas piadosas ven\u00edan justamente de entonar el bello canto tradicional: \u201cNavidad de alegr\u00eda, Navidad de misericordia\u201d cuando se esparci\u00f3 bruscamente la noticia de que un envenenamiento en masa acababa de producirse en el asilo municipal. Las v\u00edctimas eran de diversas edades: Joseph Geihe, empleado, 21 a\u00f1os, Karl Melchior, obrero, de 47 a\u00f1os, Lucien Scieptarorski, 65 a\u00f1os, etc. Cada d\u00eda se tra\u00edan nuevas listas de hombres sin albergue, v\u00edctimas del envenenamiento. La muerte los finiquitaba por todas partes: en el asilo, en la prisi\u00f3n, en el \u201cchaufoir\u201d p\u00fablico o simplemente en la calle, acurrucados en cualquier rinc\u00f3n. Antes que el a\u00f1o nuevo naciera, al son de las campanas, 150 se retorc\u00edan presas de los espantos de la agon\u00eda y 70 estaban ya muertos.<\/p>\n<p>Durante muchos d\u00edas, el modesto edificio de la calle de Froebel, que todo el mundo rehuye en tiempo ordinario, concentra hoy sobre \u00e9l la atenci\u00f3n general. \u00bfCu\u00e1l era, pues, la causa de este envenenamiento en masa? \u00bfSe trataba de una epidemia o de un envenenamiento provocado por el consumo de alimentos en descomposici\u00f3n? La polic\u00eda se dio prisa en restablecer la tranquilidad de la poblaci\u00f3n: no se trataba de una enfermedad contagiosa. Mejor dicho, el hecho no presentaba ning\u00fan peligro para la poblaci\u00f3n decente, para la gente distinguida de la ciudad. La muerte no tocaba m\u00e1s que a los \u201chabitu\u00e9s\u201d del asilo de noche, los cuales, con ocasi\u00f3n de la fiesta de Navidad, hab\u00edan ingerido arenques podridos o aguardiente infectado, \u201c\u00e0 tr\u00e8s bon march\u00e9\u201d.<\/p>\n<p>Pero aquellas gentes \u00bfd\u00f3nde hab\u00edan conseguido esos arenques podridos? \u00bfLos hab\u00edan comprado a un vendedor ambulante de pescado? \u00bfO los hab\u00edan recogido de los montones de basura en el mercado? Esta ultima hip\u00f3tesis fue inmediatamente descartada por la perfecta raz\u00f3n de que los desechos de los mercados no constituyen, como podr\u00edan imaginarlo las gentes superficiales ignorantes de las sanas medidas de la econom\u00eda pol\u00edtica, un bien sin due\u00f1o, del cual el primer vagabundo que llega se puede apropiar. Estos desechos son reunidos y vendidos a grandes empresas que les utilizan para el engorde de puercos. Se los desinfecta y muele cuidadosamente.<\/p>\n<p>As\u00ed sirven de alimento a ese reba\u00f1o. Individuos vigilantes de la polic\u00eda de mercados velan para evitar que los vagabundos vengan a tomar sin autorizaci\u00f3n el alimento de los puercos, para com\u00e9rselo as\u00ed sin desinfectar y sin moler. Era, pues, imposible que, como algunos lo imaginan f\u00e1cilmente, los sin albergue hubieran recogido su fest\u00edn de Navidad entre los montones de basura de los mercados. Es por esto que la polic\u00eda buscaba al vendedor ambulante o al pulpero que ha vendido el aguardiente infectado, que determin\u00f3 el envenenamiento.<\/p>\n<p>En el trascurso de toda su existencia Joseph Gehie, Karl Melchior, Lucien Sciptoriopski, no hab\u00edan nunca atra\u00eddo la atenci\u00f3n, tanto como hoy. \u00a1Pensad, pues, qu\u00e9 gran felicidad! Verdaderas juntas m\u00e9dicas secretas investigan prolijamente entre los intestinos de las recientes v\u00edctimas. El contenido de sus est\u00f3magos, para los cuales el mundo hab\u00eda hasta entonces manifestado tanta indiferencia, es ahora examinado minuciosamente y hecho objeto de apasionadas discusiones en toda la prensa. Los peri\u00f3dicos anuncian que diez de \u201cesos\u201d se\u00f1ores se ocupan en preparar l\u00edquidos para el cultivo del bacilo, causa del envenenamiento. Por otro lado, se quiere saber de una manera precisa d\u00f3nde cay\u00f3 enfermo cada uno de esos miserables. \u00bfEn el \u201cTenil\u201d donde la polic\u00eda encontr\u00f3 muerto a alguno de ellos o en el asilo donde otros hab\u00edan pasado la noche? Lucien Sciptierovski se ha vuelto s\u00fabitamente una importante personalidad y si \u00e9l no fuera en este momento cad\u00e1ver de olor nauseabundo sobre la mesa de disecci\u00f3n, seguramente tendr\u00eda para inflarse de vanidad.<\/p>\n<p>S\u00ed, el emperador mismo, \u00a1que Dios sea bendito!, est\u00e1 preservado de peores males, gracias al aumento por la vida cara, de tres millones de marcos que le ha sido acordada sobre su pensi\u00f3n civil que recibe en calidad de rey de Prusia &#8211; el emperador mismo, pide insistentemente noticias de los envenenados en tratamiento en el hospital municipal. Y su alta esposa, femenina y enternecidamente, hace por intermedio del chambel\u00e1n von Winterfeld, expresar su condolencia a M. Kirschner, alcalde de la ciudad. En verdad, el alcalde Kirschner no ha comido arenque a pesar de su baratura y se encuentra \u00e9l con su familia en excelente salud. No es tampoco que nosotros lo sepamos parientes o relacionado de Joseph Gehie o de Lucien Sciptierovski. Pero despu\u00e9s de todo \u00bfa qui\u00e9n el se\u00f1or chambel\u00e1n Von Winterfeld, deb\u00eda expresar las condolencias de la emperatriz? No pod\u00eda evidentemente trasmitir las salutaciones de su majestad a los pedazos de cad\u00e1veres que yac\u00edan sobre la mesa de disecci\u00f3n. En cuanto a los miembros de sus familias \u00bfhay alguien que los conoc\u00eda? \u00bfQui\u00e9n podr\u00eda encontrarlos en los cabarets, los hospicios, los barrios de prostituci\u00f3n, y tambi\u00e9n en las f\u00e1bricas y las minas donde ellos trabajan? Es por esto que el burgomaestre M. Kirschner acepta en nombre de ellos la condolencia de la emperatriz, lo que le da fuerzas para hacer suyo y soportar estoicamente el dolor de los parientes de Scipterovski.<\/p>\n<p>Ante la cat\u00e1strofe, en el Concejo Municipal igualmente, se dio pruebas de sangre fr\u00eda viril. Se hizo investigaciones. Se redact\u00f3 comunicados cubriendo de tinta innumerables hojas de papel. Pero a pesar de todo, se tuvo siempre la cabeza en alto y contra los espantos de la agon\u00eda en los cuales otros hombres se debat\u00edan, y permaneci\u00f3 con valor tambi\u00e9n, con el estoicismo de los h\u00e9roes antiguos delante de su propia muerte.<\/p>\n<p>Y sin embargo, todo este suceso ha puesto una nota discordante en la vida p\u00fablica. Ordinariamente nuestra sociedad conserva cierto car\u00e1cter de decencia exterior. Ella observa la honorabilidad, el orden y buenas costumbres. Aunque es cierto que hay lagunas o imperfecciones en la estructura y en la vida del Estado.<\/p>\n<p>\u00bfPero despu\u00e9s de todo, tambi\u00e9n el Sol tiene manchas, no? \u00bfY existe aqu\u00ed, abajo, alguna cosa perfecta? Los obreros mismos, yo entiendo los mejor pagados, los que est\u00e1n organizados, creen de buena voluntad que la existencia y la lucha del proletariado se prosiguen dentro de l\u00edmites de honorabilidad y compostura. \u00bfLa gris teor\u00eda del pauperismo no ha sido refutada ya desde hace tiempo? Todos saben bien que existen asilos de noche, mendigos, prostitutas, \u201csoplones\u201d, criminales y otros elementos de perturbaci\u00f3n. Pero se piensa ordinariamente en esto, como en algo lejano, existente en alguna parte, fuera de la sociedad propiamente dicha.<\/p>\n<p>Entre la clase obrera conciente y sus parias, hay un muro y se piensa raramente en los miserables que se arrastran en el fango, al otro lado del muro. Pero, bruscamente algo sucede, algo que hace el mismo efecto que si en un c\u00edrculo de gentes bien educadas, amables y distinguidas, alguien descubriera por casualidad en medio de los muebles raros y preciosos, las huellas de un crimen abominable o de innobles corrupciones. Bruscamente un horrible espectro arranca a nuestra sociedad su m\u00e1scara de compostura y ense\u00f1a a todos que su honorabilidad no es m\u00e1s que el atavio de una prostituta. Bruscamente aparece que la superficie brillante de la civilizaci\u00f3n cubre un abismo de miseria, de sufrimiento y de barbarie. Verdaderos cuadros del infierno surgen, en los que se ven criaturas humanas hurgando en los montones de basura. Buscan los desechos, retorci\u00e9ndose en los espantos de la agon\u00eda. Se les ve as\u00ed, agonizando, enviar a lo alto su aliento pestilente.<\/p>\n<p>Y el muro que nos separa de este siniestro reinado de sombras aparece bruscamente como un simple decorado de papel pintado.<\/p>\n<p>\u00bfQui\u00e9nes son, pues, estos \u201chabitu\u00e9s\u201d del asilo de noche envenenados por el arenque podrido o el aguardiente infecto? Un dependiente de almac\u00e9n, un alba\u00f1il, un tornero, un herrero, obreros, obreros, nada m\u00e1s que obreros. \u00bfY qui\u00e9nes son, pues, los sin nombre que no han podido ser identificados por la polic\u00eda? Obreros, siempre; nada m\u00e1s que obreros, en todo caso que lo eran todav\u00eda no hace mucho tiempo.<\/p>\n<p>Y, en verdad, ning\u00fan obrero est\u00e1 garantizado contra el asilo, o el arenque podrido. Ahora, vigoroso todav\u00eda, honesto, trabajador, \u00bfqu\u00e9 devendr\u00e1 ma\u00f1ana si ya no es recibido en su trabajo porque habr\u00e1 alcanzado el fatal l\u00edmite de edad o que su patr\u00f3n lo declara inutilizable? \u00bfQu\u00e9 ser\u00e1 de esta vida si ma\u00f1ana cae v\u00edctima de un accidente que har\u00e1 de \u00e9l un inv\u00e1lido, un mendigo? Se dice: las gentes fracasadas en el asilo, no son en su mayor parte m\u00e1s que d\u00e9biles y malos elementos. Viejos con el esp\u00edritu d\u00e9bil, j\u00f3venes criminales, de atenuada responsabilidad. Es posible, pero los malos elementos de las clases superiores no caen nunca en el asilo sino son enviados a los sanatorios o al servicio de las colonias donde puedan satisfacer con toda libertad sus perversos instintos en las personas de los negros y de las negras. Ancianas reinas y grandes duquesas que devienen idiotas, pasan el resto de sus d\u00edas en palacios suntuosos rodeadas de una muchedumbre de respetuosos servidores.<\/p>\n<p>Para el viejo sult\u00e1n Abdul Amid, ese monstruo abyecto que tiene sobre su conciencia millares y millares de v\u00edctimas, cuyos cr\u00edmenes innumerables y excesos sexuales han entorpecido los sentidos, la sociedad le tiene preparado como \u00faltimo refugio una esplendida villa con magn\u00edficos jardines, cocineros de primer orden y un harem de florecientes mujeres, de doce a\u00f1os para arriba. Para el joven criminal Prosper Eherenberg, una prisi\u00f3n confortable, bien provista de champagne, de ostras y una gozosa sociedad. Para los pr\u00edncipes de instintos pervertidos, la indulgencia de los tribunales la abnegaci\u00f3n de esposas heroicas y la dulce consolaci\u00f3n de una buena y a\u00f1eja cara. Para Madame d&#8217;Kbestein, su mujer que tiene sobre su conciencia un asesinato y un suicidio, una confortable existencia burguesa, \u201ctoilettes\u201d de seda y la simpat\u00eda discreta de la sociedad.<\/p>\n<p>Pero los viejos proletarios en los que la edad y el trabajo y las privaciones, han debilitado el esp\u00edritu, revientan como los perros de Constantinopla, en las calles, contra las palizadas, en los asilos, el arroyo y al lado de ellos se encuentra por todo rastro una cola de arenque podrido. La divisi\u00f3n de clases se prosigue duramente, cruelmente, hasta en la locura, hasta en el crimen, hasta en la muerte. Para la canalla aristocr\u00e1tica, la indulgencia de la sociedad y los goces hasta el \u00faltimo sorbo. Para el L\u00e1zaro proletario, el hambre y el bacilo de la muerte en los montones de basura.<\/p>\n<p>Es as\u00ed como se acaba la existencia reservada al proletario en la sociedad capitalista. Apenas sale de la infancia, comienza como un obrero trabajador y honesto en el infierno del servicio paciente y cotidiano en provecho del capital. Por millones y decenas de millones la recolecta de oro se aumenta en las granjas de los capitalistas. Una ola de riquezas de m\u00e1s en m\u00e1s formidable se vierte en los Bancos y las bolsas de valores. En tanto, los obreros en masas grises y silenciosas atraviesan cada tarde las puertas de las f\u00e1bricas y de las construcciones, como las pasaron en las ma\u00f1anas, miserables, vagabundos, comerciantes eternos que llevan al mercado el solo bien que poseen: su propia piel.<\/p>\n<p>De tiempo en tiempo un accidente, una tempestad los barre por docenas y por centenas de la superficie de la tierra. Una peque\u00f1a l\u00ednea en el peri\u00f3dico, una cifra redonda, hacen conocer brevemente el accidente. Al cabo de algunos d\u00edas se les ha olvidado y su \u00faltimo suspiro es apagado por el jadeo y las trepidaciones de la carrera de las ganancias. Al cabo de algunos d\u00edas, nuevas decenas y centenas, ocupan sus plazas bajo el yugo del capital.<\/p>\n<p>De tiempo en tiempo sobreviene una crisis, semanas y semanas de paro, de lucha desesperada con el hambre. Siempre el obrero consigue prenderse a cierta capa infernal, feliz de poder tender de nuevo sus m\u00fasculos y sus nervios al servicio del capital.<\/p>\n<p>Sin embargo, las fuerzas disminuyen poco a poco. Un paro prolongado, un accidente, la vejez que se aproxima y he aqu\u00ed al obrero obligado a aceptar la primera ocupaci\u00f3n que encuentra. Pierde su profesi\u00f3n y cae cada vez m\u00e1s bajo irremediablemente. El azar domina bien pronto su existencia, la desgracia lo persigue. El encarecimiento de la vida lo golpea cada vez m\u00e1s duramente. La energ\u00eda constantemente desplegada en la lucha por el pan, se relaja al fin; su amor propio desaparece y he aqu\u00ed que bien pronto se encuentra ante la puerta del asilo de noche y en otros casos ante la de la prisi\u00f3n.<\/p>\n<p>Todos los a\u00f1os, millares de existencias proletarias, se desplazan as\u00ed, fuera de las condiciones de existencia normal de la clase obrera, hacia los bajos fondos de la miseria. Se desplazan insensiblemente como un sedimento, sobre el suelo de la sociedad, igual que las sustancias in\u00fatiles, de los que el capital no puede sacar ya ning\u00fan provecho: igual que un mont\u00f3n de basura humana que la sociedad barre despiadadamente con su escoba de hierro. El brazo de la ley, el hambre y el fr\u00edo proceden aqu\u00ed a su entera comodidad. Y en fin de cuentas, la sociedad burguesa tiende a sus parias la copa de veneno que hace desaparecer.<\/p>\n<p>\u201cEl sistema de asistencia p\u00fablica, dice Carlos Marx en \\emph{El Capital}, est\u00e1 representado por la casa de inv\u00e1lidos, los obreros ocupados y el peso muerto de los \u00absin trabajo\u00bb. En la sociedad capitalista el trabajo est\u00e1 indisolublemente ligado al paro. El uno y el otro son igualmente necesarios; el uno y el otro son una condici\u00f3n indispensable de la producci\u00f3n capitalista. Mas son considerables la riqueza social, el capital explotador, las dimensiones y velocidad de su crecimiento y por consecuencia la plenitud absoluta del proletariado y del rendimiento de su trabajo y m\u00e1s considerable es la capa de sus desocupados. Pues, mientras m\u00e1s considerable es esta capa de desocupados en relaci\u00f3n a la masa de obreros ocupados, es m\u00e1s considerable tambi\u00e9n la capa de obreros en excedente, reducidos a la miseria. Es \u00e9sta una ley ineluctable de la producci\u00f3n capitalista.\u201d<\/p>\n<p>Lucien Scipterovski que muere en la calle envenenado por un arenque podrido pertenece al proletariado, tanto como el obrero calificado que recibe buen salario, compra cartas postales de nuevo a\u00f1o y una dorada cadena de reloj. El asilo de noche y la c\u00e1rcel son los dos pivotes de la sociedad actual, as\u00ed como el palacio del canciller del Reich y la Banca de Alemania. Y el fest\u00edn de arenque podrido y de aguardiente envenenada en el asilo de noche es el hierro invisible del caviar y del champagne en la mesa del millonario. Esos se\u00f1ores de los consejos m\u00e9dicos secretos pueden seguir buscando mucho tiempo al microscopio el germen de muerte en los intestinos de los envenenados y preparar l\u00edquidos de cultivo. El verdadero bacilo del que han muerto las gentes del asilo municipal, es la sociedad capitalista con sus cultivos.<\/p>\n<p>Cada d\u00eda los sin albergue mueren de hambre y de fr\u00edo. Nadie se ocupa de ellos, a no ser el parte cotidiano de la polic\u00eda. La emoci\u00f3n provocada esta vez por este fen\u00f3meno banal se explica \u00fanicamente por su car\u00e1cter de masa. Pues no es m\u00e1s que cuando su miseria adquiere un car\u00e1cter de masa que el proletario puede obligar a la sociedad e interesarse por \u00e9l. Hasta el mismo sin albergue en su aspecto de masa simplemente tomado como un mont\u00f3n de cad\u00e1veres adquiere una verdadera importancia p\u00fablica.<\/p>\n<p>En tiempo ordinario, un cad\u00e1ver es una cosa muda, sin la menor importancia. Pero hay cad\u00e1veres que hablan m\u00e1s alto que las trompetas e iluminan aventajando a las antorchas. Despu\u00e9s del combate de barricadas del 18 de marzo de 1848, las obreros de Berl\u00edn, levantando en sus brazos los cad\u00e1veres de sus hermanos ca\u00eddos en el curso de la lucha, los condujeran delante del palacio real y obligaron al despotismo a saludar a sus v\u00edctimas. Ahora se trata de levantar los cad\u00e1veres de los sin-techos de Berl\u00edn envenenados, que son la carne de nuestra carne, y la sangre de nuestra sangre, sobre nuestros brazos, nuestros millones de brazos proletarios, y de conducirlos en la nueva jornada de lucha que se abre ante nosotros a los gritos mil veces repetidos: \u201c\u00a1Abajo el orden social infame que engendra tales horrores!\u201d<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>Rosa Luxemburgo, 1\u00b0 de enero de 1912<\/em><\/p>\n<hr \/>\n<p>Tambi\u00e9n en formato <a href=\"https:\/\/vozobrera.org\/periodico\/wp-content\/uploads\/2016\/06\/asilo.pdf\" title=\"Navidad en el asilo de noche\">pdf<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En 1912, a ra\u00edz del envenenamiento de centenas de indigentes en un asilo de noche de Berl\u00edn, Rosa Luxemburgo, dirigente revolucionaria alemana hasta su asesinato durante la insurecci\u00f3n espartaquista de 1918, escribe el siguiente art\u00edculo en el que denuncia la l\u00f3gica de un sistema que asegura la prosperidad de unos cuantos condenando a la miseria&hellip;&nbsp;<a href=\"https:\/\/vozobrera.org\/periodico\/navidad-en-el-asilo-de-noche\/\" rel=\"bookmark\">Leer m\u00e1s &raquo;<span class=\"screen-reader-text\">Navidad en el asilo de noche<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"neve_meta_sidebar":"","neve_meta_container":"","neve_meta_enable_content_width":"","neve_meta_content_width":0,"neve_meta_title_alignment":"","neve_meta_author_avatar":"","neve_post_elements_order":"","neve_meta_disable_header":"","neve_meta_disable_footer":"","neve_meta_disable_title":"","footnotes":""},"categories":[35],"tags":[],"class_list":["post-6781","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-otras-publicaciones"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/vozobrera.org\/periodico\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6781","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/vozobrera.org\/periodico\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/vozobrera.org\/periodico\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/vozobrera.org\/periodico\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/vozobrera.org\/periodico\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=6781"}],"version-history":[{"count":5,"href":"https:\/\/vozobrera.org\/periodico\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6781\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":8299,"href":"https:\/\/vozobrera.org\/periodico\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6781\/revisions\/8299"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/vozobrera.org\/periodico\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=6781"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/vozobrera.org\/periodico\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=6781"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/vozobrera.org\/periodico\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=6781"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}