Washington mantiene la presión sobre Corea del Norte

El miércoles 29 de noviembre, más de dos meses después de su primer ensayo nuclear, Corea del Norte lanzó un cohete que reactivó el duelo verbal con Estados Unidos. El consejero de Seguridad Nacional, el general Mac Master, declaraba: “la posibilidad de una guerra aumenta cada día”.

El cohete norcoreano, que no llevaba ninguna carga explosiva, cayó en el mar de Japón después de 53
minutos de vuelo y alcanzar una altura que demostraría que Pionyang posee un armamento capaz de alcanzar casi cualquier punto del planeta. Sin embargo, es muy poco probable que el régimen norcoreano domine la producción de cargas nucleares para estos misiles. En cuanto a los objetivos expansionistas del dictador norcoreano Kim Jong-un, existen más que nada en la propaganda estadounidense.

El régimen norcoreano busca demostrar que domina el armamento nuclear y los misiles de crucero, en parte para engañar a su propia población, intoxicada con demagogia nacionalista. Querría también conseguir aflojar el bloqueo económico que Estados Unidos imponen a este país.

Pero por lo visto la Casa Blanca no piensa en relajar la presión. El espantapájaros norcoreano es muy útil al imperialismo norteamericano, ya que les permite justificar su presencia militar permanente en esa región y presionar a China, prácticamente el único país en mantener relaciones económicas con Corea del Norte. El 20 de noviembre, Trump anunció que Corea del Norte estaba de nuevo en la lista de los Estados apoyando al terrorismo, mientras que se la había quitado en 2008. El ejército americano multiplica las maniobras militares conjuntas con Corea del Sur. Desde septiembre ya van tres, el último
empezó el 4 de diciembre con más de 200 aviones y decenas de miles de soldados surcoreanos y americanos en el terreno.

Dentro de ese póquer que les opone al régimen norcoreano son Estados Unidos, con Trump o sin él, los que se otorgan al derecho a amenazar y actuar de policía. Es cierto que estas tensiones son mucho bluff de cada parte, pero recuerdan el peligro permanente que supone el sistema de dominación imperialista.

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