Venezuela: Maduro reelegido presidente

En Venezuela la elección presidencial del 20 de mayo, anticipada como en principio quería la oposición, ha asegurado la victoria del candidato saliente, Nicolás Maduro, contra el candidato de una parte de la derecha Henri Falcón, mientras que el resto de la derecha boicoteaba la elección.
La abstención ha sido fuerte; solo el 46% de los votantes han participado, es decir, 10 puntos por debajo de lo que los chavistas esperaban. Se está lejos de participaciones anteriores que llegaron hasta el 80,5% en 2012. Las primeras elecciones tras la muerte de Chávez, en 2013, habían rozado el 80% de la participación y Maduro obtuvo 7,5 millones de votos. Esta vez solo 5,8 millones de votos contra 1,8 millones de su principal adversario, lo que sólo representa el 28% del cuerpo electoral. Maduro paga así, en las urnas, las dificultades en las que se encuentra la población tras la caída del precio del petróleo y las medidas de embargos orquestadas por Estados Unidos. También estaría pagando su parte de responsabilidad en la situación actual
Muchos periodistas se contentan con repetir el punto de vista de la derecha local, de las clases pudientes de América Latina y de los Estados Unidos, siempre detrás de las maniobras de la derecha venezolana. Todos ellos desean para Maduro la misma suerte que recientemente ha tenido Lula en Brasil.
Ciertos comentaristas también deploran el carácter autoritario del régimen y la situación de la población; la caída del precio del petróleo ha vuelto difícil, incluso inexistente, los aprovisionamientos de Venezuela en productos de primera necesidad y medicamentos. En realidad, ellos se ríen de la suerte de las clases populares.
Desde la llegada de Chávez al poder, la derecha local, los ricos y Washington sólo han tenido un objetivo: hacerlo caer. Lo ha intentado hacer numerosas veces, a través de dos golpes de Estado, que han desembocado en una serie de consultas electorales que Chávez pudo ganar sobradamente cuando la renta petrolera le permitía una cierta redistribución en dirección a las clases desheredadas.
Lo que desean la derecha, los ricos y Washington es poder  acaparar todas las riquezas del país. La acusación de que los chavistas son unos incompetentes busca hacer volver el viejo orden de cosas, donde los burgueses y la pequeña burguesía gravitaban alrededor de ellos y eran los beneficiarios de la renta petrolera.
Otros comentaristas, más cortos de vista, también ven en Venezuela el enésimo fracaso del socialismo. Pero los chavistas no son socialistas como no lo fue Obama cuando pretendió desarrollar un sistema de salud nacional para los Estados Unidos. El socialismo no consiste en algunas medidas favorables para las clases populares, aunque sean muy necesarias. Significa en primer lugar que los trabajadores ejerzan directamente el poder y ataquen la propiedad privada de los medios de producción y, por consiguiente, el poder real de la burguesía; todo esto los chavistas no lo han hecho. Buscando una vía de escape el capital local y las multinacionales han elegido hacer las cosas en el marco de la sociedad actual, no han buscado cambiarlo.
Ahora los dirigentes norteamericanos han declarado que van a endurecer su embargo, como era de esperar. Las elecciones del 20 de mayo han mostrado que en el seno de las clases populares muchos desconfían de estos demagogos y continúan sosteniendo a Maduro, aunque su política cada vez decepciona más a amplios sectores de las clases populares y trabajadoras.

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